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5 DE DICBRE. DE 1946. NUMERO SUELT 40 CENTS a iS es e Quevedo que está ahí, e el pedestal? -Paiece mentira, hombre: el alcalde que, üÁRío centenario del nacimiento de hizo la glorieta que se llama como él, de Miguel de Cervantes: 1947. Dentro de Quevedo, Mucho cervantismo, quejemos y veremos, pocos días, España rememora la apairicióñ terrena del alma que condensó en la el año inminente. Cervantismo, cervantisteBiblia, humana su alma, para símbolo eíer- ua y cervantomanía, que mucho es el pedan: no. La España- Quijote vuelve los ojos a su tismo cervantófilo y hasta cer va ntoma ¡níaco. creador, mu ana ole en el horizonte de k His- La oervantomaquía la toleramos, y asistiremos al cervanteo como es Pero toria, sol que gale. 1 Buena ocasión para q, ué los eruditos mol si comprobamos que se desojan cuantos vidiluvien de datos, glosas, disputas y lcgoma- -ven en el ten uño solanego de Cervantes soguias de interpretaciones. Peí ficta para- dis- breT las páginas de donde biota el sentir y curseros, académicos y políticos, hinchando hab ar del genio de su raza y la razón de su airé ante: estatuas at Manco inmortal... que. ser en el mundo, entonces sí que estaremos no, e, ra manco. Motivo justo de sesiones, de alegres y contentos de memorar el cuartío 1 parrafadas, dfe folletos, coros, oitirámbos pe- centenario. Vengan Quijotes a calderadas, jiodísticojs, alguna que otfa medalla en. pe- aunque hayamos de. soportar pedreas de richo dg vate y el enorgullecerse de su andan- pios y cascotazos de elocuencia a voces, y te o, sedentario cervantismo los que mojan minucias de polillas de: biblioteca. Contesten con su ajranque a esta invitaia, pluma en el tintero dé sus obras. (Eiiírefanto, ¿qué hacer parla que los es- ción, señores editares. TOMÁS BORRAS pañoles conozcan a Cervantes? Pues ése es el quid Lo que nosoti os desearíamos, más que la faramalla, es la sustancia. de un aprecio de primera mano, de oj s a libro, de proL sol a el otoño neoyorquino le ha tacado rsa a. inteligencia, de doctrina y gracia literapanéis, e sobre eL- último día del poeta rias á convicción y anlor de lector. Cervande España. Providencial designio que tes en los letreros, santo y bueno Cervantes ha dado a su figura la perspectiva sdel espa en las manos, divino y óptimo. verdaderos contornos anN a son; los llamados elementos oficiales los ciolapaia argüir sus su pueblo. La perspectiva te admiración de que de- pfenera principal- d ben de procurar del fempo comienza a. hacerse ahora, que esese conocimiento de Cervantes- -por lo me- te Señor Capitán o e las Letras- Castellaónos del Don Quijote- -a los hombres y mu- nas inicia, en su buen caballo alazán el jeres. de su 1 quijotesca patria. Hay que acef- galope hacia la innvu ta, Hdad. car a; los: bolsillos el libre, y ese fin lo cumLe conocí en Chile, hace muchos años ple, mejor que nadie, el editor. ¡Quijotes a Era yo un muchachillo silencioso, apasiona pocas. pesetas, para que gire su rueda de do de la lectura y de los recortes de Prensa, Fortuna por sobre los ámbitos horíiados y Jnterno en un guan colegio de Concepción, -pobres, necesitamos! en el bellísimo Sur de mi país, soñaba ya Porque. el cervantismOi es caro. lias edicio- con la poesía y rendía cultpi precoz a los poep n e s cervaní as se multip ican y alcánzanosos tas Y ha acuií que un día; se nos anuncia réfinamienitos. del Quijote microscópico, el de la visita de uno de los grandes de primera tirada de. cincuenta ejemplares con dibujos cla e de la poesía española. a mano, o el otrij, comentado para edición En el aula de honor, ante la curiosidad de monumental recamada de oros y oropeles. dos mil ojos de niños, y bajo triunfales salCada cual se emula al apreo ar la abraza del vas de aplausos, hace su aparición el poeta otro, y sale Cervantes en carrozas tnadas por JMaiquina, acompañado del lector del colegio pegasos que, como vuelan, andan por las nu- y de nuestros profesores: de figura prestanbes ¿5i ay alguna edición manuable, exacta, te, vestido oe negro, joven aún, desplegada de tipografía precisa al a 1 cance del jornal de sobre la enorme rgsa de la corbata romántiun- producíor? ca una sonrisa. 1 cordial, el nobl e rostro coroLos estuaiantís, las rmichachitas que se ga- nado por una auténtica melena de poeta aa n, abnegadas, su v da los oficinístas- los bajo la cual sus grandes- ojos claros- -no sucampesinos, k s opéranos, cuantas no están pe si zarcos o azules- -iban cargados de al abrigo de 1 a necesidad diaria para dedír pensamiento car sobrantes a lujos intelectuales, esperara Pué para mí la materialización de suela merced, el regalo, la caridad espiritual de un- Quijote que no desnivele su parvo presu- ño. Así había imaginado yo a les poetas. Así puesto. Señores editores, ustedes paeden con- debía ser un poeta? Y n la virgen plastimemorar, -mejor que ningún otro estamento, cidad de mi alma de niñp, aquelk impresión, indeleble, oe don Eduardo Marquina, encar. el- cuarto centenario o e Cervantes, haciendo nó, ya para siempre, al pejfectó arquetipo que! a España toda, y las Américas hispanas, -del Poeta. lo lean, relian, saboreen y asimilen: pues conUno de nuestros profesores había puesto siste, en economía esta gran política. ¡Y: si ustedes solos, señoies editores, 00 en escena un pequeño cuadro dramático, verpueden apechugar con esa labor, par si lo sificado por él en homenaje a Marquina. Y del pipil, sí lo de la imprenta y dtmás etcé- al fmal 4? aquella fiesta, y ant e el pedido clamoroso de ese efusivo público de pantalo: te, ras ahí está et Instituto Nacional del Li- nes cortos, levantóse el poeta del estando en bro, aM el ministerio de Educación Nació- que presidía y, pasando al escenario, nos de, nai que pondrán suma atención en ayudar ciamó aquello ole: a los proyectos de ustedes para que este año Eranse ás ¡s infantina 47 nadie se quede sin saber quién era, y cómo pendoleaba aquel varón preclaro que la una, rica y poderosa, nació el otro 47, el ael Imperio. nieta de reyes. íamosa Dg nó ser sí, nos tememos, nosotioslos por las pedrerías finas qué auscultamos a diario este país, sufrien- de su túnica gloriosa; I te. vdeí. anüi. res artísticas, que suceda con Cerla otra, olvidada y porosa, vai. es f del chascarrillo. Aquella de tirar con leólo un castillo en ruinas de i á banderai señores con uniformes y Hízolo mara- ¡liosamente. quincallas, y descubrir el monumento y pre vuntar el un pasean e a otro: ¿Q néri e Contábales después uno de nuestros piO- E H A R I O IL U s TRADO DE Ij F O R M. A C J 0 N GJENERA L feso- res que decía don Eduardo Marquina con arte tan magistral, c, ue Manía Guerrero la Gia, nde, cpmo la ¡llamó uflo de sus 4 íiógrafos, no ponía en ensayo una obra sin que pronero, le fuera leída pox él a la, compañía en pleno. -x De aquellos díaá. conservo, amarilla, eo mi archivo de íecortes, una página dé ntíestra gran revista Zig- Zag, cn que un lápiz expeito había trazado felicísimo apunte dtí poeta, vistiénaolo a lo señor capitán de los viejos tercios de España. De entonces tambien conseivo, pero en el alma, ios versos de oro de su Salutación a Chile: Dios, que te quiso hacer, e, toda, prueba, Chile esforzada y en tu esfuerzo altiva- planto en los Andes la gigante critia donde pasa a tamiz la humana- gleba. Este poema, de oro y de hierra (de hierro por su métrica recia, áspera, y hasta, para entonces, audaz, que escandalizó un tanto a nuestros poetas chapados a la clásica lo han venido aprendiendo, por cierto, en mis clases, ya quince generaciones de principiantes humanistas de Chile; y en esta hora emocionada en que el cable ha repartido la noticiadle la muerte de su perilustre aufor. Sí que a lo largo de aquella faja de tierra, nido de mjs amores, que coi re entre la montaña y el Pacífico, esas mil bocas han musitado los versos de Marquina, otpo en un responso agradecido... t Qhile serrana y Chile marinera, tu- alm forjóse en una doble fragua y son, de esta manera, tu abuelo el monte, tu madrina el agua. e 1947: CERVANTES SE HA PUESTO EL SOL A Y para todos los destinos grandes, serás ¡oh, Chile! como e ¿nórme espada por el martillo de tu mar foxiada contra el yunque de piedra de los Andes. I Cuáf homenaje más hósjüo que este espontáneo, recitado a la sordina, ú ritmo del dolorido corazón de miles de lejanos jóveneschilenos? Qué retribución más noble y valedera al ieg ¡o regato de su iniHOirtal Salutación Andando el tiempo, y ya convertido yo en estudiante de la Universidad, tuve la, gloria de ver a María Guerrero, y a su ilustre esposo el señor marqués de Fontanar jepre sentar, en el teatro Municipal de Santiago, Ln se ha f tiesto el sol. Inoxidable noche de fiesta, únici em la v, da. No estaba don Eduardo con ellos, ccrpfiralmente, en esa hora. Pero para mí sí lo es- taba, y presidiendo el acto, como en aquel día de mi infancia. Escapado a las páginas da mis recortes de Prensa, era u penacho de plumas él que se abatía sobr- e el escenario en caballeresca reverencia de castiza cortesía española, para de. ci? a su dama (la dama eterna, que moviójy moverá siempre el brazo, la mente y ed corazón españoles) Señora, España y yo somos así. 4 Reg ü 6 don Eduardo Marquida, dos ve- oes a Chile. -No tuve y o sin emí á. rgo, lasuerte de volver a verlo. Y he aquí que ahora me na salido al encuentro, brusca y dolorosamente, al doblar una esquina cualquiera de este su rnadd Madrid, mil ándeme desde la portada de un