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A Junta de Relaciones Culturales del ministerio de Asuntos Exteriores patrocina la Exposición del pintor argentino Juan Antonio Ballester Peña, en el Museo de Arte Moderno. Es ésta la mejor solemnización de una raza con destinos comunes. Una vez más, dos pueblos nutridos en las mismas sangres coinciden en los ámbitos del espíritu. Porque esta pintura de Ballester Peña rebasa las preocupaciones p u r a mente formales y se halla sumergida en trascendentalismos que dejan flotantes a las criaturas entre astros y espacios angélicos, con una dimensión simbólica, que las libera, de las concretas calidades naturales. Esta evasión de las leyes que sujetan los cuerpos a la tierra y los paños a los vientos le permite al artista distanciar sus inspiraciones y encarnar cada anhelo, no sólo en figuras de estirpes morfológicas distintas, sino hasta en técnicas diferentes. Desde las) mentales estilizaciones que I vuelan sobre horizontes de i una química pureza cromáI tica hasta las solemnes efi: gies de santos con monumentalidad y sobriedad de color, de gran pintura mural. Quizá el esquematismo de sus formas llegue a yeces a aligerarlas en demasía de materiai Quizá esta tendencia a la ingravidez y a la plenitud simbólica las desguace en exceso de humanas sensualidades y de ineludibles problemas plásticos. Por eso preferimos sus retratos de esquema dibujístico, con rasgos ágiles y sumarios, en unas largas pinceladas reveladoras. Como decimos en el Catálogo de este pintor, su arte se halla en una ¡difícil tensión entre las exigencias cromáticas de la naturaleza y uñas angélicas ansias de evasión, que lo matizan de interés estético y de dimensiones poéticas. Arte cuestionable con criterios naturalistas, y cuyo desarraigo de la tierra y del sol lo mantienen en esa ¡evitación, que es la gloria y la expiación de las nebulosas. Ahora nos acercamos a otras formas, modeladas también por raptos de evasión. Pero no a un universo estelar, sino a una visión balbuciente, taii reciente y virginal como tactos de rocío. La fórmula con que Lago Rivera desrealiza a la Naturaleza es la de infantilismo que extrae de cada cosa su torpeza más poética y u candidez más escolar. Sus cuadros nos seducen copio hojas de álbum dibujado, no para niños, sino por las mismas manos pueriles. La expresión se ha reducido a esos rasgos genéricos con que la infancia consigna embobadamente la visión de los seres. No hay caracteres, sino manchas. No hay drama, sino canción. Los ojos no. tiene aún agilidad para seguir el movimiento, y las figuras se pasman en el re L poso de los grandes as o m 1) r os infantiles. La tierra se construye después que los pies q u e la justifican. Los b r a z o s n o aciertan a desprenderse d e l cuerpo, como en esos arcaísmos que conforman también la niñez de los estilos. Sus cabezas se enternecen con unos quietos trazos amuñecados, aunque, a veces, una patética de caja de música de Schumann doble los cuellos en agraz. Los o j o s florecen verdes, y así no hay en ellos pensamientos, sino luz. Y las cabelleras son, a veces, amarillas, p o r que tamlbién los niños tienen su fantasía, y ése es un color que alegra los corazones. No h a y profundidad, p o r que la niñez odia 1 a s lejanías, q u e son misterio y miedo. Y así, los personajes se alinean en planos 1 simples, paralelos y f r o n t a l e s serialmen Clara de Asís de Juan Antonio Ballester. Retrato de Juan Antonio ¡Ballester. te laminados. Pero si estos personajes no cuentan con la luz, ni con el aire, ni con él paisaje para mantener su realidad, se apoyan, sin embargo, en los accesorios que el ojo del niño descubre y realza solidarios en. el gato, en la maceta, en los hierros del balcón que enfrían la frente. Este pintor, que así adelgaza y enternece las formas, conmueve, sin embargo, a sus figuras, con trances emotivos. Y entonces los cuerpos se estiran, las cabecitás se desgreñan y hasta los brazos se alzan rígidos como los de las muñecas maltratadas. Como una espuma fragante, asi emerge de estos cuadros un color que se. volatiliza en su misma candidez. Su potencia cromática es tan pura, que con frecuencia desborda los perfiles que la conciben. Lago Rivera ha encontrado ¡la perfecta congruencia entre su inspiración apiñada y la ingenuidad de sus Su obra es monótona, sí, y hasta ffíibera. Pero como son monótonos y liviítttoi los sueños de los niños. JOSÉ CÁM N AZNAR Hombre muerto por Antonio Lago Rivera. (Reproducciones V. Muro.