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EL A llegado a mis manoa un ¡pequeño ilitoro de una sugestión fina y penetrante. Su autor es un joven presbítero, en el que, sobre sus conocimientos humanísticos y su formación escolástica, en lo que ésta, para un pensador moderno, hay de técnica y doctrina, desarrollan una sensibilidad extraordinaria, una ambición retórica, que tiene mucho de, personal, y un estilo, en suma, que sirve bien para envasar el viejo vino en odres nuevos. Este joven sacerdote, a quien yo, más que por sus libros, he llegado a conocer por su conversación, en el diálogo, con vocación literaria, se dedica especialmente al estudio de la Filosofía, y se llama Ricarda Fernández Ocasar. Y este su primer ¡libro, que acaba de publicar, se titula El espíritu del padre Vitoria. Lejos de mi ánimo hacer Un examen 1 crítico de la obra, y menos profundizar en asunto tan alejado de mis aficiones y estudios, mas sí me tienta la ocasión y el tema a divagar unos momentos, de una parte, sobre el sentido, en apariencia ligera, de este libro, y, de otra, en lo que pudiéramos llamar la actualidad periodística del tema, ya que el 12 de agosto de 1946 se ha celebrado el cuarto centenario de la muerte del padre Vitoria, en ocasión en que el Derecho de Gentes, después de la segunda guerra mundial, sufría un lamentable quebranto. En este año se han barajado mucho dos nombres, en todos Jos periódicos de España: el de Nebrija y el del padre Vitoria. Del primero se ha llegado a decir, quizá con notoria frivolidad, sin qtft con ello tra- te de arñih- Tar el mérito de! ilustre foutnaii ista, que sué el creador del idioma castellano. Del segundo se ha dicho, aproximándose más a la vírdad, que fue el creador del Derecho Internacional. Mas, habiéndose escrito tanto en las hojas periodísticas en torno a estos temas, el hombre medio español apenas sabe nada concreto y exacto sobre estos dos g r an d e s hombres, que encarnan el profundo sentido cienFray Francisco de Vitoria. tífico de la Universidad española, en Ja don Ricardo FernánPara ello, el autor de este litro crea un mejor época de- Esdez Ocasar se con- original reportaje. El padre Vitoria vuelve a paña. vierte en un discí- España, a su celda conventual de Salamanca, ¿Quién fue el papulo más del padre y en ella le visita 1 autor para establecer dre Vitoria? P u e s Vitoria, pues, al leer con él un diálogo y escuchar de viva voz su f u e fundamentaly traducir s u s no doctrina. ¿Qué ha, ocurrido en el mundo en mente, un maestro, s i e m p r e claras y estíos cuatrocientos años? El padre Vitoria un catedrático, un comprensibles Relec- lo ignora, y el autor le va enterando, y en él hombre al que no ciones, n o s s a b e curso de este diálogo, sus doctrinas sobre la interesaba dejar sus ofrecer su doctrina guerra cobran una inusitada actualidad. Don obras impresas en el en el curso de unos Ricardo. Fernández Ocasar hace lo que hoy papel, sino en la cardiálogos con ejem- se llama una encuesta, mas en él las difíciles ne. Un sabio que no plar justeza, hacién- Relecciones del padre Vitoria, que tan pocos tenía tiempo de esdonos llano nues- conocen, aunque hablen de ellas a través de cribir, porque todo tro conocí m i e n t o Getino, de Clenard, de Puffendorf, de Alvereste tiempo lo emprincipios f u n d a- tini... se Ihacen asequibles y hasta amenas al pleaba en conversar mentales del Dere- gran público, poniendo al alcance de los incon s u s discípulos. cho Natural y del doctos, doctrinas que hoy se proyectan sobre Así él, por ejemplo, Derecho de Gentes. problemas actuales, en Trento, ejerció El momento de la tre t antos progresosadvirtiéndonos de que ende orden material, en lo una influencia difupublicación de e s t e sa, porque a Trento Nebrija. libro no puede ser moral la Humanidad apenas ha adelantado fueron a deliberar más oportuno. De un nada, y, con fespetto ¡a la guerra, los hom 1 la mayor parte de sus discípulos, y ya que él lado, la gran guerra mundial, que ha puesto bres más bierfque adelantar, han retrocedido. La virtud de este libro se halla en su claapenas escribía, sus discípulos escribieron por de actualidad los principos del padre Vitoria; él, y contad que estos discípulos se llamaron de otro, la fecha ¡del centenario de su muerte, ridad, que no afecta a lo doctrinal y profunMercado, Soto, Covarrubias, Cano, Báñez... avisándonos de que ert un período de cuatro- do, antes bien, reduce a la evidencia una dochomPues bien, en este pequeño libro se nos da cientos año- si no se ha (pensado nada tan, fun -trina sobre la que debieran volver los al esdías si quieren llegar una impresión puntual y clara de lo que el da. mental como esto n torno a los proble- bres de nuestros una fórmula para la paz. 1 ta; blecimiínto de maestro Vitoria pensaba sobre la guerra. Y mas! morales y jurídicos de la guerra. FRANCISCO DE COSSIÓ H