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A B C MARTES 10 BE SEPTIEMBRE DE 1946. EDICIÓN DE LA MASANA. PAG. 17. del espectáculo de la guerra en China La guerra, los hombres y el paisaje desoíado son tan protagonistas como Aten Ladd- -un actor nuevo, que rabosa simpatía, fuerza v agilidad, y qu es, además, isolbrio y justo- como la delicada Loretta En el Madrid se estrenó la comedia, de Prada y Valls- Volart, Una William Bendix, este último en Young y como su intervenmuchacha de ayer ción de ayudante de Aíain Ladd en sus empresas comerciales. La áirecciórii, de John FaAyer se estrenó en el teatro Madrid la co- 1 tación- -fue el son de un piano manubrio, que tfrpus, es muy endomiable. media de Francisco Prada y Juan Valls- Vo- nos transportaba a los felices tiempos que reChina lart titulada. Una muchacha de ayer. El pú- señó en sus novelas D. Pedríto de Répide: Ma- llao. -N. gustó mucho al público del Ca- drid de blico aplaudió al fin del primer acto y tam- breros demerenderos en la Bombi de sompaja, de y modistillas, y GRAN VIA: EL MISTERIO EN LA bién se escucharon algunas palmadas mezcla- de organilleros que estudiantesal manubrio con le daban NOCHE das cen roces de las suelas del calzado de el codo... Pero no se crea que por esta evasión otros espectadores contra el pavimento al ter- sentimental del cronista exista nada de lo anCuanto se desarrolla en las escenas satuminar k s actos segun- tedicho en Una muchacha de ayer Sólo el radas de miedo y terror de Misterio en Id do y tercero. Josita organillo, y nada más que el organillo, fue el noche, la nueva realización del director LeHernán, actriz de acen- causante de tan trasnochada emoción. Y es. wis Alien, tiene un fondo de casa deshabitato personalísimo, segu- Queridos lectores, que ya nos vamos haciendo da y misteriosa, alrededor de ía cual ise agitan ra, comprensiva, efi- viejos. Hablemos, pues, de otras cosas. Porque varios personajes anicaz, de sensibilidad de- de Una muchacha de ayer vale más no aña- mados por un complelicada y expresiva; Ro- dir ni una sola palabras. -Alf r e d o M A R jo p s i c o patológico, sita Yarza, María Lui- Q U E R I E donde todos los efecsa Gámez, Elvira Mo- REINA VICTORIA: HOMENAJE A, CAR- tos tienden a sobrecoMEN ESTRELLA ya, Dolores García, y ger el ánimo y produAntonio Casal, Carlos Una de las auténticas revelaciones an el arte, M a n o z, Antonio Ri- de la canción ha sido en esta) temporada la cir escalofríos en los ouelme, Antonio Soto, de Carmen Estrella, que tiene gracia expresi- espectadores sensibles. Juan líaro, Ricardo G. va excelente! escuda de canto, personalidad Abundan en la pelícuUrrutia, Antonio Coli- y estilo suficientes pana teesr considerada, como la los manidos recurnos y restantes intér- un positivo valor en los escenarios. En honor, sos de crímenes comepretes consiguieron con de Carmen Estrella, y como despedida) del es- tidos por manos mistesu buen arte que la pectáculo, del que ha sido primera figura, se riosas, sombras que se obra fuera escuchada celebró anoche ana función en el Reina Vic- deslizan por el intehasta su final y hasta toria, en el que actuaron Camilín, el profesar rior, todo ello en un lograron arrancar del Mario y otras artistas, que, como Carmen Es- ambiente de torturante pesadilla y en sucesión público sonrisas y risas trella, fueron muy aplaudidos. ilógica y arbitraria Josita Hernán y Ro- con esfuerzo digno de- -como es natural que Estrenos en los cines sita Yarza mejor causa. Y lo misocurra en las pesadimo podemos decir del CALLAO: CHINA llas- -que deja sin exdecorado y de los figurines y de la presenLa guerra mundial no ha estallado todavía: plicación cuanto de tación escénica, cuidados exquisitamente y se presiente. Chinos y japoneses llevan varios humano conflicto predignos de sincero elogio. años de lucha sin cuartel. Bcnibas, h arribre y tende reflejar la pandesolaciones- -familias deshechas, de- sp a rrama- talla, llevando al púLos autores de Una muchacha de ayer han d a s Q k i n m e n s a extensión del país, en per- blico a la consiguiente situado la acción de su comedia a principios petuo éxodo- -acarrean la ruina de to da una desorientación. Técnide siglo, cuando aún no estaba fundada la Uni. nación que no qutere camente y aun sin versidad de Murcia, a pesar de lo cual- -licensometerse a los inva- grande alarde, la pecia disculpable- -en el curso de la obra se hace sores. Un) joven co- lícula responde a los alusión a dicho centro docente. Pero no vale la pena tener en cuenta este pequeño lapsus merciante norteameri- amplios conceptos de Lo grave en Una muchacha de ayer es la cano, optimista enér- la cinematografía mo- G a! j RUSSeU, Joel Me carencia absoluta de concepto de la técnica arico y fuerte, sigue, (lerna, descollando en Crea y Herbet Marsteatral, el total desconocimiento que se hace impasiblemente, su ne- la plaismación de figuhall patente en sus tres actos de lo que constituye prodo, ya en territorio ras que animan la acarmazón indispensable para construir una obra chino, ya en territorio ción el gran terceto interpretativo constidestinada a ser representada en un escenario. japonés, más atento a tuido por Gail Russell, Joel Me Crea y HerEn efecto: no existen en esta obra ni exposi- u prosperidad que a bert Marshall. C. ción, ni nudo, ni desenlace, porque no se puede llamar exposición la presentación de unos las miserias circunestudiantes en un claustro universitario, esREX: REJAS HUMANAS dantes. L o s Eistados tudiantes que hablan de sus asuntos con un Charlas Vidoir nos ofrece en la primefra pSiPUjiidos no están em lenguaje tan ingenuo como pueril, y un bedel guerra, y un ciudada- te de esta película una nueva versión, y exque luego será portero áe un teatro, y que celente, del gangsterisno de aquella Repútiene una sobrina que... pero ¿para qué vamos mo, y deriva luego hablica t i e n e que ser, a seguir contando las trivialidades d- e esta descia el psicoanálisis, p o r igual, respetado cabalada pieza escénica? El segundo acto acaedándonos una explicace en una casa de huéspedes, donde aparecen del l o s beügeralntteis. ción psiquiátrica del los revenidos tipos de la estudiantina la paUn día. en pleno carntrona, la señorita enamorada de un futuro las causáis que al crieo, y en circunstanautor teatral, y otras varias figuras más prominal Hal W i l s o H cias patéticas, se en pias éel teatro de Vital Aza y liamos Carrión, f o i g a d q- de presidio, cuentra con una joven que de la escena contemporánea. El nudo drahan movido, desde su ¡mático sigue sin anudarse cuando cae el telón Loretta Young y Alan compatriota, nacida en niñez, a una vida azaal terminar el acto segundo, porque nadie puetienrai china, de padre rosa y en permanenLadd de ser conmovido (y no emocionado como v madre norteamerite choque con la Sose repite muchas veces a lo largo del pesado ciedad. Conocida la y aburrido diálogo) por el hecho de que la pro- canos, y dedicada á la instrucción de niños tagonista se case o deje de casarse con el ga- del país. El comerciante jtoweinf ¡no presta gran c a u s a profunda y ¡lán, ni porque éste estrene o de. ie de estrenar atención a consideraciones políticas, educatifreudiana, el remedio, determinado engendro escénico. vap o hum anitaria s, ni cuid a de las exaltaciola curación del morbo nes de su bella compatriota Pero hierve e ¡n criminal, se presenta En el tercer acto, el autor novel estrena, sus venas poco, fácilmente. Hal Wil ¡por fin! y la joven actriz triunfa, según se el contactosangre generosa, y, poco a brutal, directo con una realidad son, cue íra un pelinos refiere y cuenta en escenas de dos per! sonajes, porque la pobreza de medios expresi- le mueve a repulsión hacia k s japoneses. E s gro social, desenfrevos que en Una muchacha de ayer se mani- s amo, robusto, atlético, y pasa fácilmente de nado y sin escrúpulos, fiesta, no da para más. A lo que allí sucede la palabra) a la acción. Vienten el incidente! acaba su arriesgada no se le puede llamar desenlace, por muy bue- de Pearl Hatibdur, la guerra con los Esta- Ann Dvorak y Ches- carrera de delincuente Ba voluntad que pongamos. Ni tampoco es jus- dos UnidoS y la distensión máxima de la s ter Morris en el momento en que to considerar como recurso ambiental el hecho conquistas japonesas. El joven comerciante llega, buscando un r ¡e fugio, a la casa del psitie hacer alusión, con prosa de vulgar gacetilla muere en una ambostíaida. quiatra. I eriodística, a hechos o a personajes de la époPoco más o meno 9, esa ie 3 3 á trama. Lia ca en la que se supone situado el desarrollo 1 Aunque ha de afrontar esta película i a com -llamémoslo así- -de la inexistente comedia. que vale aquí es lo episódico, Jo puramente Lo único que de veras nos encantó en la obra, cinematográfico, lo que hay de estampa dra- paración con las mejores del género, no sale aparte de su excelente y ya elogiada interpre- mática y de visión de conjunto! y, circunstan- desairada. El peali o; y, la sucesión fugaz da I N F O R M A C I O N E S Y NOTICIAS TEATRALES Y CINEMATOGRAF 1 CAS