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VERANO EN EL SUR E XISTIÓ un inglés- -héroe del Transvaal- -bondadoso (Je corazón, extraño en sus concepciones religiosas y pródigo en la derrama de sus caudales, que desembarcó un día en las playas de Málaga, se enamoró de pitas y chumberas y llegó a pensar que mejor se vive bajo el sol mediterráneo que entre las nieblas de su país. Empujado por su deseo, compró cierta tinca, ni grande ni pequeña, alomada al mar, por entre cantiles. La finca íué un. día dulce residencia de un señor Je la morería andaluza otro, fuerte cariino contra piratas, navegantes; quizá, luego, convent; ¡mercedario y. a l fin, cuartelillo de Carabineros, vigilante guardas- contra el tabaco de Gibraltar y las sedas tangerinas. Púlelas las rampas que SÍ acercan ai agua, podadas las viejas palmeras, libres los palmitos y mullida la tierra para la siembra del maíz, entre las diversas y desparramadas construcciones, el inglés vivió con sus jardineros v cria 1 ta de los viajero, dtl tren botijo para Alicante, madrileños con quince dír ¡s de vacación y quince duros para lo gastos extraordinarios de su veraneo. Todo ha variado. Los últimos largo? inviernos: el frío de ocho mo- es con escasa calefacción han despertada d ansia de sol y el hambre del calor. Dicen unos que ¡a lluvia norteña, el agua agitada y verde del Cantábrico, aquel cielo que nubla con frecuencia han cansado su ánima mal dispuesta para ios obligados sacrificios- que impune e! clima. Afirman otros que el pía c- er del teño tibio en e l mar de turquesa acaba de ser descubierto por los españoles. que durante muchos años se habían deslizado en la e- tela de poderosos y elegantes. Añado, yo ue. cansados de sufrir privaciones, se busca en. las tierras calientes ia tac lidad de vivir que ofrecen. Antes, por aquí se pasaba c: n un real de pescado v un- i rosca- chica engalanado el costo con un- sánchez café que si era producto de la primera cocción valía quince céntimos y descendía en vaior conforme bajaba de tono. La ropa no es necesaria más que para cubrir aquello que debe ser tapado, y cualquier higuera regalaba chumbos para endulzar el paladar. Han cambiado las- cosas, pero todavía las chumbera- dan u fruto al que desea alcanzarle: los pescados de la mar se dejan apresar en el cepo y entre ellos vienen esos que por su mala cara no pued; n ser ofrecidos en venta. No es éste, naturalmente, el caso del veraneante sureño, pero encuentran aquí, ellos y ellas, cen la luz incomparable del cielo, cc. tumbres nuevas, vida sencilla y esa facilidad de ir con poca tela y barata, día y noche. El número de forasteros ha conseguido la indiferencia de! indígena, hombre amable, pero en cierto modo arisco, que tenía de la mujer un concepto entre amo y asaltante. Por ahí van en bata o bañador las bellas, sin que ni uno solo las moleste o vuelva la- cabeza. Y la costa mediterránea es, hoy punto de cita de madrileños, ingleses, norteamericanos, andaluces y Cuerpo diplomático, babel de la Naciones Unidas, unida por el lazo sutil y férreo de la Carrera A la costa mediterránea, desde Véíez a Estepona, sólo le falta un nombre para ti turismo. Ya se levantan cientos de villas blancas de cal y- moradas de buganville; ya llegan los hoteleros implantando ese grato sistema inglés cié diseminar í- a- s construcciones, dando al hotel apariencia de amplia colonia, s pintorescas vistas de la con sólo el comedor como punto de reunión. de Torremolinos. (Fotos Zubillaga, Y en cuanto digan que esta costa es violeta b platino, y sepan decirlo, la popularidad aumentará con los visitantes. Por ahora no hace falta la propaganda; tinillo y tres macetas; y en esta bella costa estamos más de le que cabemos y se hablan malagueña, ¡as palmeras se doblaban a la brisa del poniente, tan solas como la que rela- lenguas oficiales de la Conferencia de Pacuerda el romance morisco. La gente se iba rís, m ii: s una, más una: no se oye una paal Norte, y bieía do cada portezuelo y cala labra de ruso y cauchamos aquel andaluz montañés o vasco escenario de su delicia. que Méndez Be- jarano llamó idioma. El Mediterráneo sólo recibía la visita modesLuis DE ARMIÑAN E s t a diversidad de casitas, con el enjoyado central de un edificio de distinta traza, es el actual Castillo S a n t a Cara o del inglés cobijo de veraneantes. Son sus dueños los antiguos criados del viejo mayor del Ejercite) de Su Majestad, y es arrendatario otro inglés, también heroico, que en mares turcos cayó herido en ios meses de los Dardanelos, Churchill. en su segunda aventurado soldado, y el K. a i se r, en la pendiente inicial del desierto. ¿Cómo hay tanta gente cu las playas del Sur y cómo tanta d; sea venir a ellas? En años que fueron, y para mí. irremediab emente, sólo veraneaban en ti Sur los andaluces. Iban a Chipiona las niñas pálidas de la blanca Cádiz; a Chiclana. aquellos que no podían abandonar sus. ntgoc os de barcos y carbones; a Sanlúcar, las sevillanitas dq; pa-