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ESPUELAS IÜNO de caballería e hidalguía fue dc. -de antiguo la espuela. Vengamos a una de nuestras novelas picarescas 1: el falso Guarnan K t de Alfarache. A Mateo Alemán le salió un imitador falsario, lo mismo que a Cervantes en d Quijote. Entre las dos partes de la narración hay otra debida al ahogado valenciano Juan Marti, que la firmó llamándose Mateo Lujan de Saavedra. Hay en aquellas páginas una ¡pintura de lo. caballeros de la espuela dorada y de cómo- se daban varios grados de hidalguía, según se poseyera o no en los tabones de la bota de montar el distintivo caballeresco. La descripción de Lujan de Saavexlra es retorcida y barroca, sin que la gracia del pensamiento o ti garbo de la expresión prendan el ánimo en las piruetas del lenguaje. Los picaros daban quizá parodia a la Orden Pontificia de- la Espuela de Oro, tan apreciarla por los embajadores venecianos ante el Papa. Hubo también otra Orden de la Espuela entre los Anjou de Ñapóles, que desapareció al tomar la ciudad Alfonso V de Aragón, citvo apelativo de Magnánimo designa la nobleza de su carácter. La poesía de nuestro romancero; da también su agasajo a las espuelas de oro. Fernando I el Magno, Rey de Castilla y León, ha dividido el reino entre sus hijos. Su padre, Sancho III el Mayor de Navarra, cayó en la misma debilidad. Pero Sancho II. el primogénito, no quiere respetar el designio paterno y decid apoderarse con guerra de los reinos y señoríos que a sus hermanos hubieron de corresponder. Estamos en la entraña de los heroísmos españoles, trazados por la más alta poesía con ritmo inmortal. Es el cerco de Zamora. Ha pertenecido el señorío a doña Urraca. Don Sancho muere asesinado por Bellido Dolfos, hijo de Dolfos Bellido. El Cid, Rodrigo Díaz de Vivar, aparece entre los paladines que ayudan al Rey de Castilla Sancho II. Doña Urraca, que años atrás le anluvu enamorada y pensó de casar con él. le increpa en el bello romance que todos sabemos de memoria: y en que el Rey fue tu padrino, Afuer- afuera, Rodrigo, tú, Rodrigo, el afij do. el soberbio castellano: Mi padre te 1 dio las armas, acordársete debiera mi madre te dio el caballo, de aquel buen tiempo pasado yo te calcé espuela de oro en que fuiste caballero por que fueses más honrado. en el altar de Santiago Ya tenemos aquí ei motivo de la espuela de oro que ha calzado una infanta al caballero. La antigüedad remrta desconoció las espuelas. Los jinete. a. -irio de los bajorrelieves aparecen s n este distintivo en el calcañar. Logriegos de los tiempos heroico- no contaban en sus Ejércitos caballería y hasta les falta la voy para designar la acción de montar a caballo. Los romanos- ya tienen espuelas y comunican su empleo a los pueblos del Norte. El siglo x con- va el aguijón, la punta saliente para ir rozando eMjar de la cabalgadura. En ti siglo xi. en los años del Cid. se hr. ee más larga la espiga, que luego se dupli ca, hasta que. por fin. en el siglo x n i vemos las espuelas de rodaja, el mullet o e- trolla heráldica de los escudes de armas ingleses. La? artes suntuaria- -e ejercen en la decoración y adorno de las espuelas. Va creciendo d número de puntas. En ti acero se manifiestan la- industrias del encaje y del calado. Oh- érvanse ejemplares de doce, quince v hasta dieciocho puntas. La- e- pue! a- pequeñitas del tiempo de Lui. -XIII de Francia van adornadas con entalles. Las de Luis XIV. de forma mejicana, caladas y con gran longitud en la espiga, viene a dar a los calcañares la misma majestad de que 3 todo el ¡rnés ha de vestir- e. Tapia y Salcedo eit el Arte de la Uñeta, publicado en rfi. i de- cribe al pormenor todas las da- es de espuela- Dtmmiti copia la que se atribuye a Alfonso Pérez de Guzmán el Bueno, e ¡de Tarifa, pero, sin disponer de muchas páginas para la buena infirmación y el comentario, más v; le callar ti nombre de este personaje, e! -uce. -o de que es prntngcnista y el objeto arqueológico de armería, posterior a i tic nipos en qu él vivió. La- espuelas, flor de caballería, tienen su apogeo en las justas del xv. Carlos el Temerario, duque de Borgnña y conde de- Flan- des su yerno, ti Emperador Maximiliano, y- u biznieto, el héroe invicto de Pavía y de Mülhberg, que a España trajo honra, imperio y fortuna, dan a las armas en los torneos caballerescos un aire de grandeza, de que ale aso carecieron dtspné- Cómo nc recordar en España el pa n honroso de Suero de Quiñones en el leonés Puente de Orbigo. hazaña que tuvo por narrador a Rodríguez rV Lena y que hubo ¡le extractar, andamio los mos. un hablista incmpirabU fray Juan de. Pineda, autor de los Diálogos de a i tf altura eristiuutt. No quiso el pecado de doña Urraca, la de Zamora, que el Cid casara con ella. Pero brilla un momento de ilusión en el corazón juvenil de la infanta: el en que calza espuela de oro al héroe español de las leyendas y de la Historia verdulera Rodrigo Díaz de Vivar. s I. rts ARAIMO- CQSTA.