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MADRID DÍA 26 DE JULIO DE 1 9 4 6 NUMERO SUELTO 4O G E N T S LA PESTE SAÑUDA macabra y oprobiosa d! e lo1 que, emfre 3 as náuseas de lo s mismio s que fe odiaban a muerte, hicieron algunos italianos con Mussolini. La crueldad bárbara se puso en moda, y los pueblos incultos y mal educados creen que esas saívajada s les distinguen y realzan sobre Jas demás. Lio peor ees qu ¡s entre la gente que eucede a los desahuciados, entr e los que pasan a recoger el mantío en ¡el chía re o ide sangre, no se levanta ninguna voz reprobadoir a, nadie se abreve a gritar condenando la barbaria ni el sadismo ¡d e las ina sias. Los pueblos se quedan m. uy contentos y los verdugos logran cat egoria. Pero ¡ellos preparan un terrible peligro i porque, cuando los nuevos! amos se instalen en el Poder y la experiencia histórica Jes murmure al oído cadla. día que la inconformidad del pueblo representa no la ¡dimisión, sino el suplicio, es muy probable- -o a la renos resultaría tristemente humar: o- -que ellos extremen sus medidas de defensa personal, anticipándose a atormentar a sus n emigos o a quienes su constante recelo fes haga ver como tales. Es el camino por el que han llagado al mundo las t iiranía s más espantosas. Que el mal que baleemos en cabeza ajena- refluye en nuestro mal por carambola. Imitar lo bestial, lo bajoi, lo violento, es muy fácil. La hez exis tie po r derecho natural. Pero, ¿qué hacen los hombres respetables que aun quedan en el mundo, que r, o increpan dlesdie la altura de su prestigio a quienes comelten esais ferocidades, que tienen mucho que ver con la moral social y nadia con la poíítica? W. FERNANDEZ FLOREZ de la Real Academia Española. D I A R I O IL U sT R A D O DE I NF O R M AG I O M G E N E R i L Si fuese sólo el hombre sistema nervioso... Lo material le tunde y aplasta; lo psicopático le ronda con su gesto siniestro, musa de locura que irrita la desgracia; lo ético- -personalidad- -es seccionado y ahuyentado del cuerpo, del que sale despavorido cuando ocupan el cuerpo los demonios de la histeria. Se ha creado una filosofía sistemática de la situación del hombre en este siglo, el existencialismo, en cuyo fondo aullan los perros del pavor, porque esa filosofía clama que el hombre ha sido arrojado a la tierra y será arrejado impiadosamente de la tierra; mayor crueldad que la que humilló a las víctimas del ananké griego. Es la filosofía del sistema nervioso, quemado por las altísimas corrientes de la emoción y de la pérdida de la esperanza. Corresponde a la evasión que a millares buscan los seres en el suicidio. Noluntad sustituye a voluntad, desgana da vivir a la tónica alegría de ver y realizarse en el glorioso mundo, el pánico del instinto incita a replegarse a la nada. Se vuelve el rostro a los tiempos pasados con nostalgias de Adán que sale del paraíso. Los Estados Mayores, avisados! por la Ciencia, han inventado la guerra psicológica pues el político y el guerrero dieron con la fisura más peligrosa del adversario: su sistema nervioso. Y han inventado también la guerra de nervios permanente presión sobre el alma, bombardeada con las armas perversas de la amenaza, de la falacia, del chantaje, de la injuria. Su fin es crear los estados de tensión suficiente para que la víctima se rinda al no puedo más al temor agudo al porvenir, peor que la certeza, macerado en su sistema nervioso y anhelante de paz aun con dejaciones del honor. De este modo la guerra, si cambia de proyectiles, no cesa nunca. Vencimiento no es suficiente; se desea exterminio. Y una supremacía que ya no abarca sólo el imperar físico- -militar, comei- cial, estadístico- s ino el dominio satánico sobre las valencias del espíritu, en absorción, en succión, debilitada y fundida la potencia del sistema nervioso, flaccida red desconectada del manantial noble del alma. Para esa situación, los neurólogos no tienen remedios. No hay más terapéutica que el fortalecimiento de la fe, de donde irradian resistencia e ímpetu. Cuenta en su Florcita Melchor de Santa Cruz de Dueñas que, armándose el conde de Cabra, preguntóle un caballero que le ayudaba a armar de qué temblaba un hombre de tanto ánimo como él. Respondió: Temen las carnes, del extremo en que las ha de poner el corazón Y en alto momento, hace pocos meses, pronunció estas palabras de inmortal memoria el general Muñoz Grandes: El tiempo es duro, el enemigo es duro, pero más duros somos nosotros. Esta manera es la española, y por eso, hombres y mujeres de nuestro linaje han podido salir indemnes de los reinos del espanto y la tribulación. Porque no se crean psicogenias ni psicosis enervante alguna si la fuerza de la fe, la engendradora del heroísmo, ahuyenta los fantasmas de la abulia, del escepticismo, de la desgana de seguir el camino; todo se remonta si en el horror de los trances queda intacta la mansión de la lucecita. Al predominar el algo dentro de Merkel, el sistema nervioso, su instrumento, se tensa; que sólo el que antes abdicó los espíritus, ya desespiritualizado se hunde en el pavor fisiológico. El enemigo es duro, el tiempo es duro- Y lo que sigue. JOMAS BORRAS C UANDO se dijo que cada pueblo tBeníe el Gobierno que merece, quedó sentada una gran verdad. El gobernante es la concreción, o la culminación de una maniera de ser o de estar de un pueblo, par eso resulta inútil enfurecerse gritando en los cafés: ¿Por qué no tenemos aquí gobernantes corno los de ¿jal o cual país? Si nos detenemos un poco en ie, l (examen do los grandes conductoras dfc pueblos y de isus épocas, descubriremos que p- ocals veces ¡se ies puede considerar como hombres ge niales, sino como realizadores de la posibilidad que estaba latente en aquellos instantes. Son la punta de la flccha pero no laflecha ni los inventores de la flecha. Un filósofo puede crear una teoría que alumbre la oscuridad de las inteligencias; un poeta ptuede trater una belleza, nueva, que. no ció antes su goce a n i n g ú n otro espíritu. Un gobernante no crea; conjuga, en todo caso, lo que ya existe para sublimarlo. Los pueblos no pueden indignarse contra sus gobernantes más allá de cerno un individuo puede indignarse contra su jorobai. La joroba no vino volando a fijarse en su espalda ni se unió die ráptente a 1 al volver una esquina, sino que de él salió, y las condicionéis fisiológicas que la originaran estaban en el individuo mismo. Pero es desagradable adeptar lesta verdad, y a veces los puebles delscarg an en sus ¡regidores la culpa que es de 1 todos y Jes entra una inquietud, un prurito di 3 cambios y destituciones, que casi nunca traen otro resultado que é d e empeorar. En fin, somos asi y hay que contar can ello. Sin embargo, en est a s rteaccione. s de descontento en Jas que los engañosos spejismas tienen tanta parte, hay muy distinltos procederes. Uno de ellos consiste en considerar el cerebro del que manda y querer disuadirlo; otro, en corisicleiiar su hígado y querer mordérselo. Los puteblos de elevado nivel cultivan el plrimero d e estos sistcmlas. Pero 3o- s pueblos de elevado nivel son pocos. Los demás, van por el hígado. Totías las ¡personas d! e sensibilidald normal habrán sentido, ien el mundo entero, repugnancia profunda ante a gu; r! os detalles de la revolución tí. e Bolivia. Reconozcamos que, en general, ge- ignora cuál ie s la política de Boíivia ni qué ocurre allí, como no- sea que sus presidentes resultan un poco visigóticos en lo! s medios que tmpkan piara sueedlerse. Cuando entraba un candidato revo lucionaJrio por Ja puerta, salía 1 presidente por la ventana y se (marchaba len avión a cualquier otro país donde también estaba el li amorte a quien el había hecho huir y otras varias aiuteesares suvos. Allí vivían todos jugando al poker hasta el fin de sus días, y santos pascuas, Cambiaban los jefes, y la nación, no. Pero ahora- se trata cíe algo más repfclente. Cuando los sublevados llegan al palacio presidencial, encuentran allí, herida, a Villarroel. Pa. reoe que Jos fines de los ¡turbulentos están logrados. Herido, destituido y preso, el pre! sid ente ya no existe en realidad, y el país puede consagrarse a gestar la revolución id- eil trrenii isiguient e. No obstante, los sublevados cogen a aquel hombre indefenso y lo arrojan por un balcótu. ho niaríi. rizan un poco más y 1o cuelgan de un farol, en l a p i aza. NERVIOS DE GUERRA REOCUPA la frase de Merkel, el hombre es sistema nervioso con algo dentro pues si fuere así, ¿cómo resistiríamos la brutalidad traumática de esta Era? ¿Cómo puede encajar sin romperse un delicado sistema nervioso la concentración de artillería, el hambre y la ruina total, las traiciones del mortero, el exterminio raez de la bomba atómica, las checas de refinados martirios, el triunfo de la Bestia que se relame la boca sanguinolenta, el arrancar al pobre hombre de su ciudad, enviado en reata de lágrimas a la carretera para ir donde nadie le acoge, sin hogar, porvenir, profesión, ni patria? ¿Hay sutiles cordajes de sistema nervioso que soporten sin lesión la carga de profundidad metidos en un submarino, la navegación a oscuras en campo de minas, la mentira soez y encanallada de las propagandas de los falsos profetas, el trastorno del sentido de la vida, la torsión de ideas y sentimientos para acreditar utopías demenciales, la batahola política basada en el terror aterrorizante, la injusticia descarada, el fin de zonas de cultura exquisita, el encumbramiento de los más viles f obre los hombro; de los p leblos, el agotamiento y la debilidad que produce el impune insulto permanente? Y, sobre ese inmenso y alargado dolor, por años y años, la zozobra, la inquietud, el roedor, la angustia de l: i inci- riel que va a pasar, del para qué hacer riada, del si estaré dentro de días vivo o muerto, de si vale la pena o no vale la pena vegetar, que ya no existir. P Digámoslo francamente: es una imitación