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PUES, SEÑOR, UN DÍA... LA DERROTA DEL GENERAL PRIM entre los dientes pescaditos I de la mar, a la sombra del cañizo. JL mientras allá, jalan del copo unos hombres, bajo el sol violento. Tiene la arena luces de paleta mediterránea; calcinados, los faluchos sudan el verde de la pintura y el negro del calafateo. Salvador González Anava recuerda lo que o ió un día, hace cincuenta a os. El gran novelista malagueño me regala la anécdota corno arrancada de la página de uno de sus admirable- libros, a los que no les falta más que ser escritos, en Madrid para aumentar su resonancia popular. TIRITÁRAMOS -Sepamos el trance. -Fue así: Cazaba el general por la montaña catalana con algunos sus amigos, y llevado de aquel ímpetu de su genio, se adelantó a todos, perdiéndose en la maraña del monte. Vagó algunas horas í. in encontrar la senda de regreso, hasta que, -n la atardecida, topó con una cabana o casuca de pasto- que allá tiene un nombre especial, qu. ahora no recuerdo. Prim entró en la cabana, soltó su escopeta alegremente y dirigiéndose a un viejeeito, que en el fondo ss calentaba al rescoldo de unas brasas, le preguntó si podía darle algo de comer, porque llevaba muchas horas vagando y t e n í a hambre. -Sólo p u e d o ofrecerle unas migas- -le contestó el pastor- porque no tengo más que pan v aceite. General Prim. Don Salvador González Anaya. -Estábamos en Marmol, jo, donde mí padre iba a tomar la- aguas. M entras unos se pajeaban y otros jugaban al dominó o a las carta- mi padre se reunía con Silvela, ei Doctor Thebu- em y algunos agüista- set nte que. más que hablar, escuchaban a los ios hombres célebres, atracc. ón de la monotonía del balneario. Thebusem era un archivo de recuerdo que refería con gracia- y malice- inéditos. Mi padre y Silvela dábanla réplica adecuada. Y un día, el famoso don Ma iatii: Pardo iHjo que el general I rim no era jn milite- k- mpre victorio- u, porque había- entífi i en su corazón la. amargura de la derrota. Callaron todo- -e acercaron más Stjanos, y en la airosidad de lo- i. jo- y el silencio de! is lengua- M: rebulló ductor, dargandn la jian- a, para paladear el an- ia ex ectante d: ur- contertulio Sdvela le empujó- uavenj: ¡He: -Venga é! cuento, que o. -nuevo para mí. To c. cuento, sino muy rotunda verdad. y i -ii l u á n i n i ó la c a r i c i a ilel pe li ro el a c í b a r il- i! n- ¡ca. y l a l t t z de! i i p h c í O ü l u- u irgu) l i e m p l a n d n e n l a j a n d o en el a l e n t a d p r c h i tu ¡ÜIZH- ecos UVA n r n r l i n- v c t- n ña u aln u n a lec Don Francisco Silvela. ry ión Accedió el general, cortó pan el pastor con- u navaja, v cuando ya en la sartén lo iba a rehogar con el aceite, Prim le acució: -No, no! siga cortando pan. Levantó los ojos el x iejo, lim tándose a decir -Habrá bastante. Se impus. i el general. -Le he dicho que tengo mucha hambre. Corte más: corte hasta que y le diga quinare. S n réplica, obedeció el pastor, Y cuando Prim consideró que ya había bastante, con un ademán se lo indicó, k. Logadas las miga. ñu ron ¡i la. candela, y, en la mi ma sartén, las puso el pastor sobre la tosca meía. Desbordaba la sartén del oro bendito del pan migado y el general asió una cuchara de palo y comenzó a comer con ansia, sin mirar a su acompañante. Cuando estuvo harto, soltó la cuchara, sonriendo satisfecho. Quedaba en la artén más de la mitad del guiso. Se amssó la barba clon Juan, y poniéndose de pie, di- puesto a partir, buscó a su huésped que estaba sn la puerta encañonándole con la escopeta, abandonada tan ligeramente por el cazador hambr entn y aspeado. -O se come usted todas las migas o 1 levanto la tapa de los -esos- -le dijo, sencillamente. Prim vio en los ojo- del viejo la. chispa homicida, mordió un rugido y asió de nuevo la. cuchara. Tomó cinco o seis cucharadas y, domesticado, se d ¡rijiió al viejo con voz templada: -Bue. no, mátem- usted, pero yo no puedo comer más. Apuntó el pastor hacia lo alto y descargó ia escopeta, que alargo a su dueño. -Aprenda- -le dijo- -a que no se le llene el ojo más que la tríp; i y que la migas esponjan mucho: y aprenda a no dejar en ninguna casa donde usted no conozca la escopeta cargada fuera de su alcance, Y and con Dios. lil héroe, muy serio, contentó: -Gracia- por todo y que El le guaní; Luis DE AUMíívAX