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ELEGÍA DE LOS CAFES ROMÁNTICOS El bar con pianola mató ál café romántico; la bárbara estridencia de los discos negroides ahogó el acento lírico de los viejos pianos. ¡Rinconcitos amables para soñar a ratos; con sus citas de amor, que tenían un suave y clandestino encanto 1 Rincón en donde Bécquer halló un suave remanso: ya han desaparecido los antiguos espejos que vieron el marfil de su semblante pálido. Los celestes fantasmas de sus Rimas un punto revolaron por el viejo café, que tenía un espíritu conspirador y literario. ¡Por lo que soñó Bécquer en un rincón del Suizo, lloremos en las ruinas de los cafés románticos! Bohemia del año diez: chambergos, pipas, melenas y pergeños arbitrarios. En honor de Rubén se quemaba un incienso de exaltación y ensueño en todos los cenáculos. Nuevo Levante; alegre Parnasillo; Beethoven, Grieg y Schubert en el viejo piano. Melenas merovingias de Valle- Inclán, monóculo y familiar paraguas encarnado de Azorín el pequeño filósofo; mostachos de Camilo Bargiela, y Godoy, el poeta, un caballero pálido bajo un negro capuz, que de un Museo de figuras de cera parecía arrancado; y Cornuty, un fantasma del París decadente, ebrio siempre de ajenjo verleniano. Baroja, huraño y con su barba rala y atestado de libros el tabardo; y Alex Sawa, el magnífico, con su capa bohemia, que en él era una clámide de Emperador romano. Cabeza a lo Daudet, barba y melena, y en la aquilina frente, como un astro, el beso de Hugo... Y Dora, la modelo, con su perfil de diosa y el cabello dorado. Viñeta modernista que ya está trasnochada y sepultada bajo tantos años... en los que alegremente no escuchamos al Tiempo, que al lado nuestro iba cavando... ¡Por nuestra juventud, que ya es sólo un fantasma, lloremos en las ruinas de los cafés románticos! Rinconcito apacible de los cafés de barrio: rojo peluche en l s divanes, versos y monigotes en las mesas de mármol; parejitas de novios en todos los rincones, y espejos que copiaban rostros apasionados con ojeras de lirios... El violín lloraba al compás de las lágrimas de marfil del piano. Niñas cursis que oían El anillo de hierro -croquis ramplón que tiene cierto encanto de poesía humilde... Domingo por la noche en el café de Prada o en el de San Bernardo. Y aquella morenita de ojos de Dolorosa, ¿se llamaba Martirio, o Carmen, o Sagrario? Era un nombre español atormentado y triste, y oloroso a azucenas de místico retablo. He olvidado su nombre; pero hoy, al hablar de ella, su aroma de violetas me perfuma los labios. j Por aquella muchacha... que ya no será bella, lloremos en las ruinas de los cafés románticos! Dibujo de Sáenz de Tejada. Emilio CARRERE