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La acuarela en España U n A Exposición más de esta benemésu valor lírico, al rita Sociedad Española de Amigos estar tratadas predel Arte- -con un catálogo de la ferentemente con más segura y sensible erudición a cargo tonalidades a z u del marqués de Moret- -que, como las an les. Este mismo tenores, está llamada a dejar honda huevuelo de grandes lla en. la historia del arte español. Ahora perspectivas e n es un género menor, la acuarela, el que sancha los temas se despliega en estas salas con tanta abund e 1 extraordinadancia y selección, que puede seguirse casi rio dibujante Péhasta nuestros días en todas sus fases. rez Villaamil, que, ¿Qué momentos destacaremos en esta influido p o r los copiosa exhibición como los más reprepaisajistas inglésentativos? Consignemos, en primer lusese David Regar, la falta de un interés esencial en herí y John Lenuestros pintores hacia esta modalidad wis, concibe sus artística. Las calidades de robustez, de fantasías a rq u isincretismo, de decisión expresiva de tectónicas y natu Paisaje de Eugenio Lucas. nuestros maestros no se avienen con este ralistas c o n roarte de frotes alados, de tan leve y sumántico aparato, perficial mancheado, con una ejecución en masas de desniveles escenográficos. no con su talle de porcelana, su frágil tan brillante y resolutiva como esa hora belleza rococó y su porte sedeño. Las virEs su viaje a Bélgica el que solivianta su concentrada en que viven las mariposas. tudes geniales de este maestro se apagenialidad y el gótico del Norte con su Mo hay tampoco en nuestros pintores del gan en sus discípulos catalanes Tapiro y tensión ascensional. sus luces de vidrieochocientos esa obsesión paisista que Moragas, buenos técnicos, sin embargo, ras y la eclosión de torres y pináculos, de la acuarela de morerías y costumpor tierras de Francia y de Inglaterra anima desde entonces sus conjuntos mobrismos. congrega a todos IQS caballetes en las numentales. Además, el fuego de su dipuestas de sol. Aquí mismo, en esta ExUna tercera etapa bien diferenciada y bujo lo recoge en toda su frescura la posición, dominan con reiteración abrude gran sentido acuarelístico es la que técnica de la acuarela, que queda así vimadora los soldados de Flandes y las mocomprende los finales del siglo XIX, cubrante de grandes ámbitos y horizontes zas melancólicas, destacadas sobre la cal yos representantes con más copiosa apordilatados. tación pueden ser Alejandro Ferrant y de un papel intacto. Y estos temas de Otro momento de singular interés por Manuel Domínguez. Ahora, por afición a figura están concebidos a veces- -como en su fecundidad, toesta técnica, los patas soberbias aguadas de Sorolla- -con un davía no extinguipeles parecen que. empaque y sombreado de gran cuadro. insólitamente se inda, es el represenEn la evolución histórica que nos previerten. La acuaretado por Fórtuny. senta esta Exposición hay un conjunto, la, que hasta este Ese colocar el inque creemos el más trascendental en la instante había reconcepción íe nuestra acuarela, formado terés pictórico de flejado las maneras cada figura en sus por Alenza, Lucas y Pérez Villaamil. y los programas rereflejos, ese fragEn Alenda, la. acuarela, apoyada en un presentativos d e 1 dibujo brioso, realza las gracias ágiles, mentar sus f o róleo, ahora domina ma en un enjamlos garbos de un populismo, que por su con su gama crobre de destellos castizo desgarro linda con el exotismo. mática y sus plade picante lumiLas acuarelas aquí presentadas de Lunos sumarios e imnosidad, proporcas nos descubren una fase muy ignopone sus tonos desciona una fácil y rada de este tan prolítico apuntista. Luleídos, su bocetisbrillante t é c n i c a mo y hasta su leve pro f uji i! idad sin drama al gran arte. En e! fondo de las más monumentales composiciones d e estos artistas y de otros contemporáneos, late una nostalgia de la acuarela, una manera de ver los colores y de adelgazar los relieves en e s t i l o de agua da. Prefieren los temas de figuras II mndesito de Mariano Fortuny. (Reproy el modelado, y la ducciones V. Muro. sombra de los pliecomo si los pinceles g u e se aprietan se mojasen en colores de paleta. Pero a su vez -í eü se aclaran emblandecen como extendido 1- con mu- a ¡le fenareía. Señalemos, por último, como una ausencia que se amplia a todo nuestro arte, la del paisnie impresionista. Con una sola excepción inesperada, pensando en sus macizos cuadros de historia: la de Pradilla, ue en algunos apuntes al óleo, en alguna- acuarela- aquí pi e. -eníe- -e reveía como un hno eap ador lr nnitic- juaro i- ea. Siv! embargo, l ortuny no se limita a esa concepción impresionista, con las vibraciones cromáticas dis Vista l.o vaino de Jftiaro Pfae. z Villamjl. yuntas y con un facetado tle toques dicas, al final de- n vida, va al Norte de Itananucos De este nervioso a! ncc! in ¡ierilia por segunda vez y recoge en acuarelas to, hav magníficos ejemplares en e- ta sus impresione n nn ahora visiones Expo- sici n. Pero el gran pintor gusta i costunibr ¡sta- -ni imaginaciones govescas también de extraer las más j -olos s calas que reflejan us pinceles, Una fuerte lidades. con un despliegue de c loreinspiración romántica, de acento uagneunidos, concibiendo a la- lisura- n- u n a n o c ín ¡Alpe e inesura lf s, latros entero relieve y aüsando las MI H r í t e l e- h r u n i o M i s v r o c a- e n tatic; c o m p o n e n- n sin leja! por ello entibiado ningún acuarelan v UÍ pir c v c e n -oh- mn- -i- n ¡i d f e n e- ite M i a r a v; l l A N K