
José Ortega Spottorno, aficionado; José María Cossío, historiador; Domingo Ortega, torero; José Ortega y Gasset, teorizador.
El filósofo D. Jcsé Ortega y Gasset inicia gravemente su teorf sobre el Toreo vizcaíno y andalux
Domingo Ortega se divierte jugando con una de sus becerras bravas.
la sombra de La Pedriza, junto a Villalba, rayando con el pueblo de Cerceda y tendido al sol bronco de la meseta, tiene el torero Domingo Ortega un predio de pastos para sus becerras bravas. La tarde de primavera se abre y se entorna desde la nieve de la sierra sobre aquel rudo paraje, y el aire se perfuma de verduras holladas, hierbabuena y mejorana. Vislumbramos- -nosotros, gente ríe Madrid, amigos de un torero rnanchego con piques de filósofo, y de un filósofo andaluz con piques y vitola de torero- vislumbramos la graciosa quinta- -Navalcaide- que parece ensimismada y amodorrada en el ancho prado silencioso de sol, desviada de lo; caminos de herradura. Quinta de labrador, ganadero y caballista. (Andaluza de porte: castellana- -y granítica- -de estructura- delicada y sólida de entretelas, como ma ñor inglés, propicio al solaz y al refrigerio. Más allá, una plaza ad usum de dehesa de toros bravos, apañada para la tienta de utreras y fel puro deporte gozoso dé la tauromaquia.
A
LA TEORÍA
de u? pensamientos y ta gracia dinámica ilt? sus imágenes haciendo, con pies alados de Mercurio, cabriolas de bolero y quiebros vaporosos sobre el tinglado de todas- -yo estoy seguro que todas- -las disciplinas de la inteligencia? Y así no; alió una tarde inolvidable. Verdad, amigos? Ahora que el filósofo se ha restituido a sus soledades portuguesas y al trabajo, ahora es hora de contarlo. Ortega y Gasset nació en una platina, como a él le gusta decir, recordando a aquel gran rumboso de la literatura y el periodismo que fue su padre, don José ¡Ortega Munilla. De la platina saltó a la metafísica. Hubiera nacido en uil cortijo de la Málaga de sus mayores, y el. garbo, la pompa y desenvoltura que retozan en su estilo de escritor y hacen fulgurante el diseur- se compacto de sus meditaciones hubiesen retozado también en las plazas de toros. Hay en su. obra y su persona un floreo Externo y un vigor recóndito, que son típicamente taurinos, típicamente andalucas. Flamertquería y ringorrango: nervio terne y esfnerzo enjuto. Ha sido, además, torero. Zuloaga decía que nadie toreaba de salón con má- s gracia que Ortega. Y no hace todavía un año que en la piaza de otra dehesa de Domingo Ortega, e- ste hombre- -el de La rebelión de las masas- de piel bronca y cráneo largo y vertical, cubierto de derecha a iz, quierda por unos ralos cabellos de lino, teste Jiombre extraordinario, madurado ¡en el estudio y la meditación, perdía fel resuello, si no el compás, saludando, con largas, lagartijeras, y el pecho abombado, a unas becerras sin tentar. En ía finca serrana del torero Ortega, eí Ortega filósofo no pudo torear esta vez: le agobian los años para un ejercicio tan violento. Pero explayó, en cambio, su- teoría. La cosa fue porque unas estampas de viejos toreros jarifos de patillas, catite y barbuquejo proyectaron la charla hacia la remota y plebeya iniciación d- e la fiesta. A José María de Cossío, como historiador escueto, y a Ortega y Gasset. como escoliasta de la vida española, les salía al verbo y al ademán el gozo de ir simultáneamente reviviendo y animando un pasado memorable, acordados
casa.
En esos dos escenarios- -el c o s o y la quinta- D o m i n g o Ortega, torero, y don José Ortega y Gasset, filósofo, habían de darnos, mano a mano, una tección experimental y teórica del arte de lidiar toros. No era tan ambicioso nuestro designio. Teníamos nosotros el mero propósito de ver a Domingo Ortega ceñinfe su propio ganado a la cintura y de echarle una mano si a mano viniere. Pero ¿q u i é n puede atar cabos en la compañía de don José O r t e g a y Gasset? ¿PuVde acaso él mismo sujetar por la brida la rauda prole sutil