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ABC. VIERNES Si J E MATO DE i 46. EDICIÓN E IÍA MACANA. PAG. 24. la repetición del terremoto, al que Henaron de injurias, y lo declararon fuera de la ley. Sa (CUENTECILLO ORIENTAL) tisfechos con aquella su primera decisión, asa 1 ron unos buenos trozos de cordero y reparaLos habitantes de Bindalay, una aldeíüa su ron sus fuerzas. Algunos pastores insinuaron tuada en las estribaciones del Hiinalay a, vique tal ves aquel acuerdo no fuese bastante, vían felices. En las laderas de las montañas eficaz y que quizá era conveniente dar una Ba gue sostenían las cumbres del gigantesco maMUEBLES Provenza (tida decisiva a los genios del mal; pero los tizo montañoso, los pastos eran inagotables y más decían: Sois unos estúpidos. No tenetas nubes y el sol se habían repartido con tañmos ganas de sufrir nuevos trabajos, y nada ía buena fe el dominio del cielo, que jamássucederá, porque nadie quiere un nuevo terreamarilleaban los prados de los valles por folmoto. ia de agua, o se empobrecían por la ausencia del sol. Los rebaños de ovejas triscaban a sus De pronto vieron cómo descendía por la (100 po. os GRAN V l í FABRICACIÓN PROPIA anchas y producían una lana suave y elástiladera próxima un pastor cilio, con los ojos exca, muy estimada por los mercaderes del Sur. traviados por el espanto, pidiendo a sus piernas una velocidad que sólo podían alcanzar los El pueblecillo agrupaba unas docenas de albergues, de una obra tosca pero bien hecha. Instaladores LUMINOSOS JOM rotula y decora gamos que habitaban la montaña. Cuando pudo Los pastores de Bindalay tenían sólidos cobi- Muestras, Banderines y Farolas. Garantizamos hablar, vencido el jadeo de la carrera, dio aviso de que en las aldeas de un valle lejano hajos, y el fuego de sus primitivas chímelas trabajo. alegraban las veladas de aquellas gentes, sen- Buenavlsta, 39. Teléfono 75153. bían empezado a agitarse las cúpulas de las pagodas y se oían rumores de un nuevo temcillas y bondadosas. Soló les inquietaba la veblor de tierra. Costó gran trabajo calmar al- ciudad con los malos espíritus, que habitaban eco del último rugido de mal humor de los es- pastorcillo. No había jtor qué preocuparse deen las cumbres de la alta montaña. Inesperadamente, como suceden las cosas píritus del mal los pocos pastores que habían masiado. Podía ocurrir que alguna vez se reque no se desean, la cúpula de la humilde pa quedado con vida decidieron consultar a los pitiese el seísmo en Bindalay, pero no tan prongoda, que constituía el ornato de la aldea, co- tres únicos ancianos que también se habían to. Los ancianos han decidido- -le dijeron- -menzó a temblar. Un rumor pavoroso que na- ganado el honroso y codiciado título de super- que por ahora no se inquiete la tierra, ni socía en las entrañas de la tierra se dejó sen- vivientes. ¿Qué harían? ¿Cómo desagraviar ple el huracán, ni se enciendan rayos en el. tir. Los pastores, aterrados se asomaron a las a los dioses? ¿Cómo reparar tan grandes rui- cielo. puertas de sus hogares, sin atreverse a ha- nas? Y, sobre todo, ¿qué podrían hacer para Pero antes de que el pastor cilio lograra reblar. El suelo trepidaba, y las miradas se bus- iniciar una perdurable política. de buena ve- gresar a su atalaya, ocurrió algo inexplicable, caban, preguntando si los dioses, sin duda en- cindad con los dioses que habían removido la inconcebible, asombroso. Una serie fe fuerzas, furecidos, se calmarían pronto o, por el con- tierra? telúricas, alteradas por Ips malos espíritus, chitrario, arreciaría su enfado. Pusieron entonces una amplia mesa en un caron entre sí y sobrevino otro terremoto, mas Pero el rumor siniestro, en lugar de extin- bellísimo paraje, y los tres ancianos, comenza- espantoso aún que el anterior, sin respeto al guirse creció de súbito y la tierra sacudió, con ron sus debates. Todos coincidieron, muy pron- guno al decreto de los ancianos. r furia apocalíptica, los cimientos del humil- to, en que aquella catástrofe no se podía reA pesar de que no lo quería nadie, como ftó, de caserío. La cúpula de. la pagoda se vino petir. El terremoto no sola había pulverizado se quieren las tormentas, los tifones y los d abajo, la tierra se abrió, descubriendo simas a Bindalay. Multitud de aldeas de la comarca bordamientos. -RAMÓN SIERRA 1. espantables, y los pobres albergues se deshicie- habían sido devastadas y, en los propios doron como golpeados por el puño de un gi- minios de los malos espíritus, el cataclismo ha- ¡CAMPESINO! No debes ignorar ane estás bía causado enormes daños. El primer acuer- exento del pago de toda enota para poder nergante. clbir el Subsidio Familiar. Cuando la tierra se aquietó y se apagó el do que tomaron fue declarar que nadie quería EL TERREMGTO Colonia Rústico y INDUSTRIALES GISBERT. Arenal, 1.