Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Beníamnino Gigrü, en la escena final de La Bohemia en el Teatro Comunal de Florencia. a uy éxitos, da concejos a os artistas y juzga a los diversos públicos hablando dt MIS gustos y sus costumbres. Los capítulos de estas Confiarme pudieran, ser- -y aca o lo han sido- -otras tanta- Tecdone- porque en ellos eí i élebre tenor roen todos lo- aspecto- de la vida teatral. A vécense quiere elevar excesivamente y resulta un poquito pedante; pero, en general, su lectura es interesante porque no he limita eí tenor a referir, como tanto otros, si triunfos y los homenajes que le rindieron en las Cortes europeas todas las testas coronada? rendidas a- sus pies al conjuro de su voz milagrosa. Habla, por el contrario, con una gran sinceridad, con verdadera emoción, de sus años de lucha, de los días angustiosos, de su fuerza de voluntad para desoír las tentadoras proporcione. -que le hacían a cambio de hipotecar su porvenir, ingenuamente recuerda sus paseos por delante de ¡teatro Constanzi, de Roma, preguntándose Cantaré a ahí dentro algún día? Claro que cantó en el Constanzi! Y en l. la S c ndre. s, yMilán, Metropolitano, de Ñus va Scala de en el y en el Covem- Garden, de í. Y en Berlín, en Viena, en todas parYork. íí los mayores éxitos v cobró stieltes do fabulosos, que le permitieron reunir una cuantiosa fortuna, con la eme ha procurado hacer el bien, derramando el dinero a manos llenan, siempre generoso y desaltere -ado, acudiendo solícito allí donde le llama ban para contribuir a una buena obra. No fahati en la- Confidente de Beniamino Gigli la- notas eónucas. sobre todo en el capítulo! ¡ue trata do las preocupaciones, fe tichi. smo- i y- nper. -ticiones de 1 s cantantes... En gí viera! todos ios artista- están sujeto. a algunas de esta- preocupaciones y manías. Los ¡hay que tocan madera antes de salir a escena otro. -sienten la necesidad de decir una impertinencia, a veces una ordinariez... Una célebre cantante no comía el día que cantaba, con lo que llegó a comprometer seriamente su salud. Un tenor tenía que dormir basta H momento de ir al teatro, porque sólo r sí creía calmar sus nervios... Mucho. -vo r. cuerdo d tenor Yhn -no i cspegahan los labio- e! día que cantaban. Se entendían, incluso con los servidores, por medio de señas. ¡De este modo creían reservar toda la fuerza de la voz Algunos, con el pretexto de la superstición, satisfacen su- debilidades y hacen un excesivo consumo de alcohol. Esto es tan cinto, que yo recuerdo haber visto algunas noches a la Darclec y De Madri presentarse en el escenario del teatro Real dando muestras evidentes de haber apurado varias botella- de champagne... Sin duda necesitaban el estimulo del alcohol para ponerse en situación... Muestro compatriota Gayarre no tuvo que apelar a esos recursos para meterse dentro del personaje, que interpretaba. Muchas veces oí a Amalio Gimeno decir que siempre que Gayarre cantaba el epílogo de Me ¡istófeles lo hacía con el rostro bañado en llanto. Nr sé si Gayarre estaría también sujeto a alguna superstición. Beniamino se burla un poco de esa- nia. íiías cuando afirma haber visto a un artista que no podía cantar si no se tomaba antes de salir a escena un vaso lleno de jugo de carne... Sin duda fortalecía así las cuerdas vocales. Otro iba al teatro provisto de una- rjculenta ración de spaghetti. Yo conozco muy íntimamente- -escribe Beniamino Gigli- como si se tratara de mí mismo, a un tenor que tiene que atracarse de café, las noche- que canta, durante, la representación; que ha considerado siempre como canon fundamenta! de su arte la imposibilidad de cantar sin tomar café y al que no me atrevo a preguntar cómo se las arre gla ahora que el café, por el régimen de restricciones de todos conocido, no está ai alcance de stts labios, Pero Beniamino Gigli, ipara consolarse y con- olar a todos los artistas supersticioso p maniáticos, afirma que no hay costumbre que nc? pueda abandonarse ni vicio que tío -e venza, Yo- -dice- -fumaba cuarenta o cincuenta cigarrillos todos los días... ¡Ya tío fumo ¡El cigarrillo v el café Las dos alegríaele la vida. TOSE ICYS CADENAS Gigü, que ñus va a ofrecer uno de estos día? un concierto, en e! que interpretará varias romanzas de Jas más celebradas obras de su repertorio, es en la actualidad el cantante de mayor reKNIAMIXO B JKiinbre. Hubiéramos preferido verle interpretando tina ópera entera. No es lo mismo- alir a un escenario vestirlo de frac para cantar eí Adiós a la fida y ta furtiva lágrima. o ¿ie d Amore. El propio Beniamino Gigli 1 re conoce así cuando escribe en sus Conjideitcc: El artista sabe bien que todas la- coches que canta en cada ópera hay un instante determinado donde es preciso justificar la celebridad de que goza. Ya puede cantar todo lo maravillosamente que quiera la partitura de Eí trovador. El público le espera, agazapado, para juzgarle, bien o nial, al atacar ¡as notas de la Pira, Lo misnioo ocurre con el. Sueño de Manon. Este es nuestro tormento. Vivimos, as noches que rantamo? con el atina en ti hilo hasta que doblamos ese cario de las Tormentas, el lerribü momento. Sonsos co; r ti acróbata antes y después de realizar i. -1- ¡iiu peligroso y acaso mortal. Pero, en fin. ya que no en utia ópera cotnpleta. el público madrileño podrá escuchar y aplaudii a B- eniamino Gigli en esta modesta presentación del artista. A Cfiruso, en cambio, no fue posible hacerle venir nunca a Madrid. La única vez que estuvo en España fue para cantar Kigolcit o en el Liceo de Barcelona... tío gustó. En ese pequen 1 libro titulado Cunjidcnac, que Benianv. no Gigli publicó hace JOCO tiem- interpreta todo el papel de Cavaradossi efe La Tosca el Xern; rin- de! Eiisk po, refala tí