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MADRID DÍA 31 DE M A Y O D E 19 4 6 NUMERO SUELTO 40 C E N T S. chas y diversas consideraciones, problema español. Seria menester que las radios extraAS radios extranjeras admiten ¡ya! en írenterizas se callaran, dejando a los españoorden a las demostraciones popula- les en libertad de resolver su destino para res que se suceden, a partir del des- que la opinión pública se costeara aquí la cofile de la Victoria, en todo el ámbito espa- yuntura de preguntarse si tiene o no problemas. Mas lo que mañana fuera necesidad o ñol, la existencia de un facter multitudinoso, no menos decisivo por su entusiasmo lujo, seria, mientras el extranjero rechiste, una abdicación suicida y servil. que por su volumen. Reconocen un fenómeMARIAXO DARANAS no cuya existencia no discuten, aunque callen, y, a veces, menosprecien su intención. Tanto cuando esquivan este ritornelo de ¡a actualidad nacional como cuando rebajan o denigran su alcance, tachándolo de obcecaOMO en otros tiempos, las feroces horción y fetichismo, no se atreven a desmendas turcas son ahora los Ejércitos rutir que la opinión pública de nuestro país sos de Stalin dueños de Viena. Todos se l i impuesto, voluntariamente, normas de los amantes de la culíura, quienes conocivigilancia, disciplina y unidad. La sorpresa y el obstáculo que la España d? 1946 opo- mos personalmente las dulces horas de la ciudad del Danubio, hemos de sentirnos annen a la ofensiva internacional consisten en gustí? des. ese proceso de rescate de la personalidad Austria es una Gemianía italianizada. Toque, según ha afirmado Ortega y Gassct, es do el encanto romántico que duerme en los signo de sorprendente salud. Prospera el lagos azules, en lo? picachos nevados, en las equilibrio propio, a medida que redobla el florestas d- e pinos fie la parte más meridioataque de fuera. Cunde el acatamiento al nal en la Europa Centra! recibe el influjo arPoder, a medida eme se exacerba el diapatístico de la provincia italiana. són ajeno. La movilización de los vecindaEn Viena, la rigidez teutónica se blandea rios de Madrid, Murcia, Cartagena, Oviecomo en Baviera, bajo un suave aire venido do, Gijón, Mieres, León, Sevilla. Cádiz consd; l Sur con aroma di azahares y de rosas. tituye un testimonio que tiene toda la fuerYiena respira un ambiente de tradición, que za de un refrendo plebiscitario. Saben de contrasta con los modernismos fulminantes sobra las Cancillerías, a través de sus órgade Berlín. La elegancia prusiana es militar nos de información, que las brigadas de y deportiva; la vicnesa, indolentemente graac amaciones no intervienen nada, o apenas ciosa. Toda la urbe material y espiritualmenintervienen, en la reacción callejera del buen ie formaba una maravilla de armonía pondesentido nacional. Si las masas salen al enrada, a la que había depurado el transcurso cuentro del Jefe del Estado, es porque les de los siglos. Se ha comparado mucho a Vieda la españolísima y realisima gana. Pedo na con París. A mi juicio, sólo parecían habría de ir mal en el Suroeste de Euroen el culto dionisiaco a la vida, cierto espíripa, absolutamente todo; habría de sobretu semipagano, que retozaba lo mismo por el venir un acceso colectivo de amnesia, haPratter que por el Bosque de Bolonia, si bien bría que lamentar aquí lo que desde hace en Viena ese cabriolear de los antiguos diotantos meses padece y aguanta el resto ses punidos se revestía de un gran decoro, del Continente bajo el signo inverecundo como especie de rito consagrado, mientras de la democracia parlamentaria, y aun soen París triscaban las ninfas y bacantes, tobrarían razones para que los españoles se cadas con gorros frigios, símbolo revolucioatrincheraran en su actitud y no rompienario, a veces invisibles; pero siempre allí ran ni dislocaran su tacto de codos. Conexistentes. ceptos fundamentales impiden, en efecto, que Cada uno de los once distritos que constilos religionarios de la bandera roja y amatuían la ciudad (U- Viena. construida a orillas rilla tuerzan el camino que emprendieron del Donau- Canal o canal del Danubio, tenía en julio de 1936. El primero es la torpe mosu matiz característico, desde el popular al notonía y la intrusión desaforada que carac- acendradamente aristocrático; pero ambos baterizan a los teorizantes del tema Franco. Se ñados de una misma jocundidad. nos habla y aconseja, bien en tono injurioso La clave de la capital se centra en la play subversivo, bien con aire de irritante supe- za de San Esteban, donde se eleva, negruzrioridad. E l uno no es menos irrespetuoso que ca por las centenarias lluvias, la gótica igleel otro. Y el segundo arguye, en definitiva, sia que la da nombre, construida entre 1300 tanto como el primero, falta de estimación a y 1510, con sus caladas torres, desmochada un pueblo que históricamente y biológicamenuna de días; sus ojivas, sus canecillos este dejó hace siglos de ser menor de edad. culpidos y sus arbotantes, sus yedras y sus e Quienes s interesan por la ventura de esta bandas de cuervos, que revolotean en torno, región del mundo son los mismos cuie no osa- con nidos en los mechinales del edificio; esos rían aburrir a Bulgaria o a la India con ser- simpític. 03 cuervos, amados por los niños mones tan pretenciosos y engolados. Entre la alemanes, que figuran en todos los cuentos procacidad tabernaria de las emisoras mediainfantiles. tizadas por Moscú v la pedantería insidiosa Bajo Lis bóveii: de San Esteban, y cery burriciega de ciertos micrófonos puritanos, ca de su r mayor, está el sepulcro donde L r- fcr: m: s no eiedr. No, no existe, pvr mu- se guard -n ios inte; tin: s de las personas per- D I A R I O IL U s. T R A D O DE I N F O R M AC I O N G E N ER i L tenecientes a la Familia. Imperial, cuyos cuerpos se sepultaban en la iglesia d? los Capuchinos. Tmprcs enante es la. contemplación de los nóvenla sarcófagos, que encierran toda la historia de Aus ria, desde el Emperador Mr. t as y María Teresa hasta Maximiliano I á (Méjico, el malaventurado archiduque, fusl riJo en Querótaro, sin ques olvidemos a la Versátil y orgullosa María Luisa, que olvidó a Napoleón en l s brazos del caballero de Neippcrg, ni a José II. el Reformador, que hizo escribir sobre su túmulo este triste epitafio: Desgraciado en su; empresas El Ring, ancha calle que rodea la ciudad, siguiendo 1 la línea de. las antiguas fortificaciones, llenas de tkndas, de palacios, de movimiento, de coches y de automóviles, do tráfico comercial en una mezcla de ruidos y barabúnda, muy propia de gran ciudad, es la arteria principal de la metrópoli. n tanto el Graben, reducido rincón ciudadano, especie de rué de la Paix vienesa, encarnaba un cuadro de mundanidad refinada, con sus damiselas elegantísimas a la última moda esas mujeres rubias y nacaradas, nacidas a orillas del Danubio, que reunían a su belleza de camelia un a uendo del más refinado g- ust y sus dandys de patillas y monóculos, todo dio, diríase que con cierto regusto antañón, como si se tratara de una vieja estampa litografiada. La sociedad elegante, que para serlo había de ser noble, sin que bastase el pasaporte del dinero para considerarse dentro d; aquélla, culminaba en el paseo del Pratterv. en las noches de la Opera, el soberbo coliseo capaz para tres mil almas, con sus lujos de dorados barrocos, sus antepalcos guateados de seda azul, donde en los entreactos recibían las damas vis tas y cumplimientos y muchas vece celebraban cenas fastuosas y electas. iena era la distinción y la alegría sin neurosis, las campanas de. San Esteban cantando las glorias de la cristiandad frente al mahometismo turco, la música divina de Mozart. los valses de Strauss en los jardines floridos, ol Danubio azul, como un espejo romántico, donde se miraba idealmente la silueta aristocrática y gentil de ojos azules, blondos cabellos y expresión sonriente, en que podríamos representar a la ciudad más heráldicamente elegante y más urbanamente risueña del mundo. Viena: palomas en parques nostálgicos, graciosas reverencias de minué en palacios barrocos, bellas muchachas rubias de Austria y lindas mozas, moronas de Hungría, bailando sobre el césped del Pratter popular, placer civilizado; el abanico de la princesa de Macternich, la evocación sentimental de la baronesa de Vetsse. ra. muerta e i brazos del archiduque Rodolfo; la melancolía del Aguilucho en las soledades de Schoembrum, las violetas de la triste Emperatriz Isabel, asesinada a orillas del lago de Ginebra; porcelanas de Sajonia, encajes, tules, perfumes caros... En los palacios de Viena están ya las tropas de Stalin oliendo a gasolina, correa mojada, grasa, ranche, mugre y sangre. MELCHOR DE ALMAGRO SAN MARTIN A CALLARSE L SILUETA DE VIENA C