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LOS DOS IMPRESIONISMOS ARECE unánime la opinión de la crítica en proclamar la- modernidad de la técnica de Gíoya y la precocidad de sus ardientes pinceladas, que llegan a anticipar y a sugerir el movimiento 1 impresionista francés. Sin embargo, precisando el programa de esta escuela, con su teoría de los colores complementarios, con la supresión del color negro y con su obsesión paisista reflejando todos los tránsitos cromáticos de las horas, nos encontramos con problemas ajenos en absoluto a la mentalidad goyesca y afines a la sensibilidad, y aun a la ciencia, -de finales del siglo xix. ¿Y Manet? He aquí un tema en el cual las espadas de la controversia pueden estar eternamente en alto. ¿Hasta qué punto puede inscribirse a Manet en el impresionismo antes de 1870? Y su técnica de trazos amplios y contorno vigorosos, ¿deriva de Goya o es una decijión autónoma, con una evolución perfee- lamente limpia dentro de unos supuestos estéticos que delimitan una personalidad incontaminada- de sugestiones goyescas? La predilección por temas españoles de desbarro popular y el sincretismo de sus rasgos ha enturbiado: la simple consideración de este pintor como, ün preocupado más por el exotismo español, con la misma afición que Gautier, Merimée y tantos otre intelectuales franceses. También sus contemporáneos participan de la mismas, aprensiones de pastiche hispánico, A raíz de su envío al Salón de 1864, Theopüiile Thoré le acusó de estar en la órbita española. Y es Baude lair e, su confidente y defensor frente a los desdenes oficiales, el que lo niega con palabras que nos obligan a plantear el problema de ISJanet desde o t r tí a n g u l o ...Manet ño ha visto nunca Obras de Goya... M. Manet no lia Visto nunca obras de P Coronación de la Reina de Pérez Vülamtl, existente en el Museo de Arte Moderno. últimas consecuencias, la. pintura de Goya resultaba, anacrónica en su producción (5 nal. Triunfaba entonces en Europa la dirección antagónica adscrita al neoclasicismo, con formas de marmóreo empaque, con actitudes de friso y con. colares sentidos adjetivamente, como iluminación. Fue David el que impuso esta dirección con temas estonianos, músculos helados y paños con cálculo de pliegues. Aquí los colores de taller, manejados con mentales prevenciones, estaban desconectados de las luces y de sus brillos casuales. En este clima estético nos encontramos con la paradoja de que los pintores que frente a Goya representaban la modernidad eran Jorque hoy han quedado definitivamente inoperantes en el curso estilístico de la pintura, no sólo por su mediocridad, sino por lo parcial y encogido de su técnica. Pero hay que consignar que los pintores! neoelasfeistas poseían una razón estética, epocal, justificada por la unanimidad de los gustos europeos en este momento. Desde el panorama de los grandes ciclos estilísticos, Goya er. a un retrasado respecto a José de Madrázo, a Aparicio y a Juan Antonio de Ribera, los tres formados en- Roma y discípulos de David. Frente a los a bocetamientos a la manera goyesca, a la volcánica pasión con que manchaba sus lienzos, con expresiones cuajadas en unas cuantas pinceladas briosas, los pintores neoclasicistas se podían presentar como representantes de la modernidad con sus formas correctas, u frialdad cromática, su detaílismo y su quietismo estatuario. Y que así se sintió en España en aquel momento lo prueba el que la Corte, la Academia y la élite social e intelectual otorgaran! los máximos honores y colocaran al frente de todas las instituciones oficiales a los tres artistas antes mencionados. Pero al lado de Goya estaba el instinto popular. Los pintores que recogían los latidos de la calle, los costumbrismos palpitantes de destellos y de gracias: revolantes. Y éstos sí que se adhieren a las fórmulas goyescas y mantienen, a lo largo de todo el siglo xix, un auténtico! impresionismo, pero de impronta y raíz españolas, con pinceladas divididas y brillos entrecortados, con enjambre de toques sueltos, que en nada se parece al impresionismo plenairista abanderado por Manet. 1 Un impresionismo que con Alenza, los Lucas, Latneyer y tantos otros recoge en frotes impetuosos el sobrehaz de las apariencias- en hebras dé luz y en espumas que brotan en la flor fiel movimiento. JOSÉ CAMÓN AZNAR E. I Gi- eco... M. 1 Manet no ha visto nunca la Galería Pourtades. Esto nos parecerá increíble, pero es verdad. Yo mismo lie admirado con estupefacción estasmisteriosas coincidencia En su rápida estancia en España, es a Velázquez al que imita y recuerda. Quizá conviniera conceder un mayor margen de respeto a esas, mis iferiosBkS Qcáncidencias que no pueden explicarse con contagios formales y que son, en definitiva, Ja marca del genio. ¿Era idónea la pintura de Goya para influir en el arte que le rpcíea en sus años últimos? Frente a 1 a crítica más en curso h a y q 11 proclamar que, precisamente por su técnica impresionista, por ei astillamiento de su pincelada, tpor su adscripción a la tradición velaz- Majas al balcón de Lúeas, donativo de Zuloaga al Museo de Arte Moderno. (Reproducciones V- Muro. quefüid llevada) a sus