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MADRID DÍA 21 DE M A Y O DE 1 9 4 6 NUMERO SUELTO 4 0 C E N T S fc DIARIO ILUS- T R AE O DE 1 NF Q R M A CI 0 N G E N ER AL rría a Cervantes, es que la fluencia del pensamiento a la- pluma no puede detenerse: no se detiene si nó. encuentra Balmes el vocablo, exacto, y usa el más aproximado. Balmes es sencillo: ese candor acaso sea el motivo de sus defectos, si los tiene, ¡como estilista. Quiere ser eíejg- ante a veces, y da en lo afectado. Por ejemplo- El sol se levanta en el horizonte matizando las nubéculas con primorosos colores, y desplegando en todas direcciones madejas de luz, como dorada cabellera ondeante sobre la! cabeza de un niño. Y a seguida, lo más candoroso: los labradores, van saludando el luminar del día con cantares de dicha vy esperanza En suma, a nuestro entender y para nuestro gusto, Balmes es un excelente prosista. La placidez, tan gustosa en. el estilo, es una de sus fundamentales características. Uno de sus ensa- yos versa sobre la Utopia, de Tomás Moro, asunto difícil para tratado con independencia. Y, sin embargo, Balmes hace plena jus. ticia al autor; la obra había sido ya puesta en castellano en el siglo xvjr y prologada por Quevedo. Otros autores que han tratado del libro han hecho extrañezas que Balmes, en su amplia comprensión, no hace. Advertimos que una misteriosa corriente espiritual va del autor a los lectores: los lectores que amen la imparcialidad como la ama Balmes. En el libro- -escribe Balmes- -se 1 echan de ver miras tan elevadas, sentimientos tan generosos, tal deseo de mejorar la suerte del humano linaje, que es asombroso el que un hombre de aquellos tiempos viera con tanta claridad los altos problemas sociales y se arrojase a emitir- sus ideas con tanta libertad. -Balmes gusta de condensar su pensamiento en pocas palabras. Sus aforismos son preciosos por su finura. Conocemos más los libros que las cosas- -escribe- y el ser sabio consiste en saber cosas y no libros. No es tolerante- -nos dice también- -quien rio, tolera la intoleracia. Y esto: Laafectación es intolerable, y la peor es la afectación íe la naturalidad. Hablando de Inglaterra: Si la Inglífterra desapareciese del mapa de Europa, resultaría un desequilibrio, que haría imposible la paz europea. Deben ser asociadas estas palabras a cierto pasaje del discurso pronunciado en el Congreso por Donoso Co. rtés el 4 de enero de 1849, pasaje en que se habla de Inglaterra y Francia como garantía o no garantía de la paz en Europa, según Ja política interior que esas naciones hagan. La clarividencia de Donoso es s- o rprendeníe. ¿Cabria el vocablo irritación en la serenidad. de Balmes? Balmes, cuando raiere ser vigoroso, sabe serlo. En el ensayo sobre Espartero, verdadero libro, hay un párrafo, veintidós líneas, en que se nos da una síntesis expresiva, coloreada, de 1 Revolución francesa y ios comienzos del Irnperio. En dos momentos creemos ver irritado a Balmes. uno, cuando nos habla de Espartero; la minuciosidad en- lo implacable llega a extremos que nos hacen pensar en otro Balmes. -El otro momento lo tenemos cuando Balmes ve deshecha su ilusión del matrimonio regio, el de Isabel con. el conde de Montemolín, hijo de don Carlos; el estado espiritual de Balmes, Balmes con lá pluma en la mano, es tal, qué los íntimos del filósofo temen para éste alguna complicación enojosa. -En resumen: Balmes es sencillo en la apariencia, pero cam- plejísimo en el fondo; Acaso Balmes, con su corta vida, sea la personalidad más compleja y vibrante de nuestro siglo xix. AZORIN MOTA SOBRE BALMES ALMÉS fue filósofo, sociólogo, escritor político, poeta. Su vida fue corta: de 1810 a 1848. Corta, pero henchida de inteligencia. No nos concierne el Balmes filósofo, ni el Balmes sociólogo; nos quedamos con el Balmes literario y con el Balmes psicólogo. Y lo primero que encontramos en Balines es la cuestión del estilo: cuestión muy debatida en Balmes. Diremos, lo primero, que, cuando se lee a Balines; cuando se conoce ía vida de Balmes, la impresión que se recibe es la de cordialidad, la de sinceridad, la de sentido, profundo sentido, de la lógica; Baimes es simpático por. su modestia y por su bondad: modestia que no es desconocimiento del propio valer, y bondad que no se engaña a sí mismo ni se deja engañar. ¿Cómo es 1 estilo de Balmes? Balmes es catalán; en casi todos los catalanes, lo que predomina es la dialéctica: dialéctico, Pi y Margall; en el Parlamento, los catalanes han descollado por su fuerza dialéctica. Y a un dialécticp, dialéctico por instinto, ¿qué estilo cuadrará? ¿Es que un sutil dialéctico, como Balmes, podrá escribir en el estilo elocuente, un tantico enfático, de su coetáneo don Manuel José Quintana? ¿Es que podremos parangonar, igualar, establecer similitud entre Donoso Cortés, coetáneo- también de Balmes, y ¿1 propio Balmes? Nada más significativo qué la. confrontación de Balmes y Donoso: confrontación erf el juicio que Balmes formula de Donoso. Prepárese, el lector a una repetición de un vocablo, el vocablo hay, que nos va a dar indicios del estilo de Balmes. E n Donoso Cortés- -escribe Balmes- -hay osadía de imaginación, hay exuberancia de ingenio, hay pompa de estilo, hay énfasis y solemnidad- de torio. -Y añade Balmes: Sus palabras no son nunca vacías; siempre, envuelven un pensamiento. Notemos el nunca y el siempre que hemos subrayado; ahora viene la restricción significativa: La lástima está en que, o veces- -volvemos a subrayar- este pensamiento, envuelto en, lapalabra, no es más que una imagen hermosa o la brillante chispa que brota de un contraste. Existen muchos prejuicios estilísticos con relación a Balmes; si quien le juzga es un prosista elocuente, su juicio se amoldará al modo oratorio; no podrá ser estimado Balmes, como estilista, sino en cuanto se acerque o se aleje del canon de la elocuencia. Y. cabalmente Balmes es todo lo contrario de un escritor elocuente; su estilo es blando, insinuante, envolvente; poco a poco, con suavidad, silenciosamente, diríamos, Balmes va circundando la idea, envolviendo la ¡dea, apresando la idea, hasta que el pensamiento queda expresado con toda precisión, con toda claridad, con toda sencillez. Se habla de los galicismos en Balmes, pecado grave, No he encontrado en Balmes galicismos- por más que. lo he transitado mucho; los galicismos de 1840, cuando escribía Balmes, no lo- son al presente. Italianísmós tiene Cervantes; italiánismos tenía Garcilaso; lo que importa no soft. los términos puros, sino los propios. ¿Y tiene propiedad en su estilo Balmes? Hablando de unos facinerosos, Balmes dice que van a estropear un bosque nuevo; aquí el yerbo que se requería no era el de estropear, sino el de talar No lo ignora Balmes, puesto que en otro, lugar escribe ese verbo, a propósito del arrasamiento de un cam- po. Lo que le ocurre a Balmes, como le ocu- DESDEN Y. SERENIDAD B S I juzgáramos con módulo retroactivo una situación internacional que gira alrededor de España, y en la que España es, pese a ciertas apariencias, más protagonista que víctima, no sería imposible que bajo los puntos de la pluma brotaran adjetivos alarmistas o apostrofes malsonantes. Aunque los hombres públicos y los periodistas no pudieran expresar todo lo que quisieran, la opinión sa sentiría inquieta, quizá deprimida, acaso jactanciosa y retadora. La guerra de nervios que se nos hace habría. saleado de quicio la psiquis de cualquier otro pueblo; quién sabe si, en circunstancias diferentes, a de España también, entumeciéndola o exasperándola. Repasad, si no, la Historia contemporánea. Aun antes, pocos, países considerados en función de Estado. o en función de muchedumbre replicaron con tanta originalidad a los insultos, intrigas y agresiones de otro o de otros. Insisto en el término originalidad, pues el consabido dignidad ha perdidosa fuerza de uso y masajes, su prístina- sustancia. Desde la Edad Antigua hasta la fecha, todos los pueblos respondieron dignamente, mientras no sa demuestre lo contrario, a. la provocación del vecino. Lo 1 cual no estorbó para que gimieran cuaildct hubo que aguantar p para que abusaran da la victoria pateando y escupiendo al vencido, o para promover una guerra, contando menos con el pechó propio que con las armas ajenas. Se ha revelado aquella originalidad por ana actitud indefinible, inmensurable, a un) tiempo plástica y gaseosa, etérea y gráfica, cocida espontáneamente, infusamente, en la vasija del alma ibérica y sazonada, DOT. especiad épicas e intelectuales de la mejRr calidad. Actitud ni blanda ni violenta, ni obsesa ni distraída, ni groseramente racial, ni contemporáneamente cultivada. Se trata de un desdén que no llega al desprecio, una serenidad que no excluye la inercia, una vigilancia que elude la. inquietud. Actitud elegante, elegante, iieganie. Cabe, por ejemplo, oír hablar francés en el tren, en el restaurante, en la calle, sin que nadie se sobresalte ni lo tome a mal. Os ase. guro, en cambio, que si la Cancillería de Ma- drid- hubiera adoptado contra Francia la actitud que el Quai d Orsay mantiene contr España, hace ya meses qué no se hablaría el castellano en los bulevares cosmopolitas. Tantos y tantos siglos de responsabilidad, tantos y tantos lustros de sinsabores, humillaciones, empequeñecimientos- y desengaños, no nos han, quitado ese. terrible complejo da superioridad, que vuelve a lucir, más admirable y misterioso que nunca, en medio de un mundo que nos odia o, nos esquiva. Todo se ha ganado, menos el respeto de la posteridad y la gsti- nnción del adversario; es la divisa de otros. La nuestra es- la del Rey de los franceses, dicha, si es verdad que la dijo, no para que la oyeran sus subditos, sino para que impresionara a ios soldados del César español. Y es lo cierto que, libres y españoles, viviremos mundo traviesa, tormenta adelante, Historia arriba, mientras, como ahora a mitad de camino entre el discurso fatuo y el gesto mendicante, celamos el honor. MARIANO DIARA. VAS,