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Libros de anteayer LA GA VI OTA DE FERNÁN- CABALLERO un hermoso día, el primer florón de la gloriosa corona poética que ceñirá las sienes de un Walter Sco tt, español... No es eso exactamente. El romanticismo de Fernán- Caballero no la alinea con Enrique Gil y Navarro Villoslada; se antación que parecía consustancial con e! ticipa con elía la novela realista! v huma- imperante canon romántico. La Gaviona que culminaría en Galdós, Alarcón y ta es novela de ambiente, y no de ca Valera. El romanticismo de Férnán- Caracteres, pues tanto Marisalada- -la pro- ballero es intimo, sentimental, patético, tagonista- a cuyo fondo no llegamos, docente a su manera; con mucho jfcflcomo el doctor Stein y el torero Pepe klore, pero con más naturaleza y expeVera, personajes complementarios, más riencia de la vida. tienen que ver con la lírica o la estamCon todo, Fernán- Caballero no llegó pa, que con la psicología. Pero la atmós a escribir su mejor novela: la vivida alma tera que les envuelve está lograda con adentro, a través de trés ¡matrimonios acierto, por la verdad y la atención al en muchos años de ilusión, desencanto, de detalle. La autora lo anota y valora todo, felicidad que se escapa, de tedio entre y en la utilización del elemento popular paréntesis y en alguna ocasión- -suicidio -costumbres, tradiciones, refranes, candel tercer marido- -la violenta sacudida tares... -obtiene la cualidad de innova- del drama. Por eso, Angélica Palma, en dora. A la publicación de La Gaviota excelente biografía, califica así a Ferescribió en La España el critico Euge- nán- Caballero La novelista novenio de Ochoa: Lá Gaviota será en lable. nuestra literatura lo que Waverley en M. FERNANDEZ ALMAGRO la literatura inglesa: el primer albor de E N E l Heraldo diario madrileño, fue apareciendo, a lo largo de 1840, la novela que habria de hacer mas famoso el nombre de doña Cecilia Bohl de Faber, esto es Fernán- Caballero su autora; novela titulada, La Gaviota que, desde entonces, lio ha dejado de volar, en bandada de ediciones, sobre tierras y mares hispánicos. De 1849 acá, ¿han pasado muchos años o pocos? De puro distante, La Ilíada por ejemplo, nos da una resuelta idea de mundo fabuloso. Pero ¿no hay algo de fabuloso también en el mundo que sólo dos o tres generaciones han dejado atrás? Por inocente parece paradisíaco el mundo de Fernán- Caballero que corresponde exactamente al de nuestros abuelos de (la promoción romántica: cuando se vivía como muchos siglos atrás: en una naturaleza no trabajada todavía por la técnica científica, serpiente de múltiples cabezas, que nos hace perder cada día una parcela más del Paraíso. Más allá del quinqué, él hombre no disponía de luces que, a la vez, le sorprendieran y alarmasen. Ya llegaban a la Andalucia Baja noticias de ésta o de aquella concesión ferroviaria, pero el tren era todavía cosa de cuento, y la playa, el campo, el cortijo, la ciudad se sentían muy cerca aún de los mitos primitivos de Turdetania: de Abidis, verbigracia, que es el hijo de las aguas, y anduvo entre nubes y olas. Por lo que La Gaviota la mujer así llamada por expresivo sobrenombre, se hallaba en su elemento: mujer, pájaro o sirena, al fin, fuerá de tiempo. Gaviota de mote, según la observación de un personaje de la novela, porque tiene unas piernas muy largas, porque tanto vive en el agua como en Ia tierra, porque canta y grita y salta de roca en roca como las otras... Bien se advierte en la concepción deí tipo la influencia dé un idealismo de raíz germánica, que le llegó a FernánCaballero sin duda, por la línea paterna. Alemán fue su padre, aquel don Juan Nicolás, que con su afición, investigaciones y escritos, tanto contribuyó a matizar nuestro romanticismo; pero alemán ganado por España, que le cautivó con sus romances, con su Calderón y con su Lope. En el ejemplar dedicado a su hija por el autor de La floresta de rimas castellanas se lee esta dedicatoria: Cuando esté de ti ausente, aquí abajo o all arriba, siempre te hablará mi alma por medio de estas rimas. La voz que así hablaba de los viejos versos al corazón de Cecilia era inequívocamente española. Y española también, con mucho acento, desde el fondo de su raza, la voz de la madre, la chispeante doña Francisca de Larrea. En dosis superior a lo poemático, entre otro ingrediente en la composición de La Gaviota que, desde luego, es el que mejor la define, a saber: el realismo, conseguido, muy natural y fluidamente, por la observación de las costumbres, las puntuales descripciones de tipos y luga res, a versión directa del lenguaje hablado, eliminando, en lo posible, la afee- Ternán- C bsliero en los último dfai de n vid