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pp I En la estación en que los tibios céfiros hacen rerdear los campos y los animales dejan la madriguera para buscarse la vida, cierto lobo divisó a un caballo que había en la pradera. ¡Buena casa! -se dijo- ¡Lástima que no seas borrego. Caerías en seguida en mis garras. Contigo tendré que valerme de la astucia. Y acercóse, pasito a paso. Se fingió alumno de c Hipócrates, y le dijo que conocía las virtudes de todas las hierbas de aquel prado y que sabía curar toda clase de alifafes. Si el señor corcel se dignaba decirle cuál era su dolencia él. el lobo, le curaría 1 ralis, pues verle pastando en aquel paraje, era, seqún la ciencia, indicio de enfermedad. -Lo que tengo es un tumor en la pata. -No hay parte del cuerpo más propensa a males. Tengo el honor de asistir a los señores caballo s. También soy cirujano. El bribón no pensaba más que en ganar tiempo para caer sobre su presa. Pero el rocín, que le veía venir, dióle tal par de coces, que le destrozó las quijadas. -Merecido lo tengo- te dijo el lobo, atribulado- Cada tino siga su oficio. ¿Por qué me metí a herbolario si no soy más que carnicero? FÁBULAS DE LA FONTAINE Ilustraciones de G. DORE ANÍS ASTURIANA CASA FUNDADA EN EL AÑO 189 5 Publicidad: HÍJÓS DE VALERIANO PÉREZ. Cruz. 7.