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MADRID DÍA 19 DE FEBRERO DE 1946 NUMERO SUELTO 40 GENTS. 0 DIARI ILUS T R Ai D E 1 NF (2 R M A I0 N G E N ER A L 1 sión hacia afuera. En una palabra, le decía eso porque el mundo está en plena edad del pato incapacitado, por madurez, para la inocencia, y por prudencia, para la intención. La nueva gracia, es una gracia sin temas: una risa de campana neumática. Es la cosecha adecuada y exacta, de esta hora de peligros, recelos y vedas, en que hay qute reír sin alusiones, sin tesis y in nombres propios. Su triunfo es el que corresponde a todo producto que encaja absoluta- mente en su hora. La definición exacta de la revista triunfal, que ha servido de modelo y manifiesto a la risa contemporánea, sería ésta: es la cantidad de gracia de que es capaz el español sin hablar del alcalde y del ministro de la Gobernación. Por eso hasta ha buscado para instalar su risa, unai zona temporal, sufrida e intermedia, que no tiene ni la respetabilidad del pasado ni la vidriosidad del presente. En ese crepúsculo de chisteras, barbas, mangas abullonadas y consolas, ha buscado la risa moderna sus modestas víctimas. Ha llegado a ellas como andando de puntillas para no rozar ninguna respetabilidad, ni la de la Hisioria ni la del vecino. Entre los capitales de los tercios y los guardias de seguridad, ambos intocables para la nueva seriedad, la. risa lia: encontrado un desalioguillo enjuto de honestos matrimonios de mil ochocientos nóvenla... Siempre ha sido la resignada sillita isabelina de la. sala, la que ha roto, cu sus primeros ensayos de fútbol, el niño que e tá en la edad del pato JOSÉ M. PFAfAN (De la Real Academia Española. LA EDAD DEL PATO UANDO aquel mocito anguloso y a medioj construir- -de diez a catorce años- -tal que se le podría reg- alar lo mismo un trajecito de marinero que una navaja de afeitar, uie dijo: Yo soy tan ordenado en todas mis cosas... que hasta nací el día de mi cumpleaños su madre lo envolvió en una ancha mirada ele iracunda benevolencia y declaró, conmovida, que su hijo se hallaba en la dad del pato No sé si es el desgarbo, seriamente ridículo, del andar de los ánades el que justifica esa denominación y metáfora: sé que es suficientemente expresiva, para que todos la entendamos. Está en la edad del pato el jovencito que, tarde ya para la ingenuidad, pronto todavía para la intención, tiene una gracia pura. sencilla y complicada como la virginidad; lógica y estremecedo ra como! a evidencia: crepúsculo, como sus barrillos, entre una piel que, dentro de poco, ya ¡no besarán k s señoras y ya manipularán los barberos. Pero de pronto pensé que aquel jovencito virginal y retrasado, que había nacido el día de u cumpleaños, bien podía colaborar en la sección de humor de cualquier revista contemporánea o estrenar, con éxito, una de esa s desconcertantes- comedias actuales de cadáveres, locos, fantasmas y trenes... Porque el mundo también está e n la edad del pato No crea el lector que llegué a esta conclusión sin un regusto de íntima satisfacción. La gracia es lo que más rápidamente envejece en toda literatura. Si leemos hoy una obra de Shakespeare o de Lope, pode- ni o s comprobar que los fragmentos trágicos 0 pasionales de ellas conservan intacta toda su validez y que, en cambio, han caducado 1 ota luiente sus zonas rientcs; las escenas le. sus zafios o las piruetas de sus graciosos. Parece como si se llorara por el fondo inalterable de la vida, y se riera por algo arvilicial y pasajero, superpuesto a la vida en cada hora. Basta vivir para llorar; pero la risa hay que provocarla con cosquillas. Somos los contemporáneos conmovidos de todas las pasiones y catástrofes; pero soinoj la posteridad impasible de todos los chistes y gracias... Por eso yo, que quería comprenderlo todo que quería para mi espíritu algún buche de aquel elixir de perenne juventud, por el que don Juan Valera, -cegato ya y con una manta sobre la? piernas, alcanzó todavía a entender a Rubén D: río- ¡maravilla de perennidad jovial para quien había admirado antes a Núñez de Arce! -yo. dig O, sentí gozo al sorprenderme entendiendo profunda y filosóficamente 3: i nueva gracia patosa. Con licencia de muchos de mis contemporáneos y de algunos jóvenes... pero licenciados en ciencia, yo no lograré ya indignarme cuando, a la puerta de la casa, en la portad de la revista, el señor de barba le proponga a su esposa: Tú que entiendes de música... haz el faivor de tocar el timbr e Frente a la gracia descoyuntada y nueva, como en día; lejanos frente al binomio de Ncwton, sentí el gozo imperial de haber comprendido Sí: aquel señor grave y barbado 1 c decía eso a su mujer, por decirla algo, sin hablarlo de la desintegración del átomo, de liusia, del hambre o de! porvenir. Le decía eso por decir una cosa lógica, con una lógica vuelta sobre, si misma, sin el riesgo de aventurar una conclu- C CORREO DE HIROSHIMA S E despereza el crematorio de la bomba atómica, y sus parpadeos reverberan, sobre el Pacífico, hasta Nueva York, como señales electromagnéticas que llevaran a otro mundo este mensaje- de Aries: la Naturaleza no ha sido vencida. Se ha notado un leve rehilo en la gleba desnuda de Hiroshima: temblor genésico. El quiquiriquí de un gallo ha roto el ancho, solemne, extático silencio en torno. La vida renace, balbuciente. Pujos, espasmos de nueva vida. Aletean unos murciélagos y unas mariposas. La hierba, el bejuco y el jagüey prorrumpen en ama superficie rigurosa de silicato, lía dado a luz una mujer, que escapó a la catástrofe memorable del 7 de agosto, lis el primer nacimiento. Una gallina con pintas ha puesto un huevo, el primero desde que cayó la bomba atómica dice el Asahi Shimbun, de Tokio (y es noticia que sale en el Daily Mail, de Londres, entre las importantes de última hora -Los gatos sin cola recorren las viviendas tétricas y desmanteladas, y se asoman al vano de las ventanas, lúgubre oquedad, desconcertados todavía, y despavoridos. La grulla y la garza rítmicas- -los dos motivos temáticos del arte japonés- -asoman el gracioso y cauto gañil por la linde de la ciudad solitaria, donde sólo se guarecen algunos animales nictálopes, y huyen luego, de súbito, a sus bosques de pinos, a sus campos de lirios y ciruelos, de acacias, bambúes y palmitos; a las sernas cuajadas de arroz, y a los caminos oprimidos de magnolias y ensarnen ios. Nieva. Se oye- -se ove hasta en Nueva York- -el rumor tenue de un obrador de artesano sobreviviente. El tengu -el trasgo- con la nariz de hombre y pico y alas de ave, se cier- ne de noche sobre la esquelética desolación de unos edificios despanzurrados e informes, por donde penetra y se expande el gañido ululante del monzón. No hay soldados norteamericanos, porque los haces aislados de humanidad seca y, hosca que habitan hov en Hiroshima, ni son de temer ni son de liar. No tienen pan (y este vocablo pan iué dado a los japoneses por los españoles, como kappa, capa, y karula, carta, naipe; r y kasuteira, de Castilla un bizcocho ue nuestros misioneros les enseñaron a cocer; y balercn, corrupción de padre, aplicado a los frailes. Españoles son también unos ritmos llamados saniiscii. provenientes de Manilla, F. l conierci cutre España y oi japón, antes d. cerrarse el país a los extranjeros en 1624, Iué constante, aunque tenemos recuerdos trágicos c inolvidables, como a matanza de Nagasaki; nunca nos lian querido los japoneses) N tienen pan las familias que quedan tn Hiroshima. No tienen té. J. a población era de 310.000 habitantes, que vivían en casas de madera, en esas casitas sin cimiento. con tejado de ripia, o de barda y paja, o de teja, y con puertas eor: -tdizaN qnt: Spc dí -monlan. de día para guardarlas en cajones especiales, y se vuelven a colocar de noche; casitas abiertas a. la luz del sol en el verano, y protegidas en los días del invierno por unas pantallas de papel casi transparente; casitas de un solo piso, donde las paredes, que son mamparas amovibles, dividen o multiplican el número de habitaciones, según el capricho o la necesidad. Hoy no se sabe cuántos habitantes quedan en Hiroshima. El número de muertos por la bomba del día 7 de agosto fue, al parecer, de 120.000. FJ periódico local, quj publicaba 200.000 ejemplares, distribuye aho- ra a mano 5 nada más. Así como en Nagasaki, la población es sumisa y plegable, y convive con los yanquis, en Hiroshima continúa erizada y cejijunta. Hay un proverbio japonés, tomado, como toda la cul j tura japonesa, del chino, que recomienda la agresión de la no- agresión Si tu rxmigí te obliga a recorrer un kilómetro, recorre tú dos. Quiere decir que la agresión de la no- agresión consiste en gfslar al vencedor, sometiéndose más de lo debido asu voluntad, y ablandar su furia. Por eso escribía Jorge Meredith Una gente así tune que ser inconquistable, aun cuando temporalmente vencida. Son espartanos en la lucha y estoica en el doler. Hiroshima está demasiado lisiada, agobiada y adolecida para recordar proverbios. Pero este es otro canta Basten por hoy las noticias que han lanzado, como guiños luminosos, los hombres de Hiroshima a los hombres de Nueva York. Que una mujer ha dado a luz. Que una gallina pintada ha puesto su primer huevo. (De hoy en adelante, para los de Hiroshima svrá siempre la grillina primero que e ¡huevo. Que brotan la hierba y las flores ra- gando l; l superficie de j a d e de la bomba atómica. Que se oye el zumbido de un obrador de artesano y de una de esas primorosas libélulas que sólo se ven en el Japón, sobre un ciruelo florido o un loto de pantano. Que la vida no renace, sino que nace; empieza por primera vez, misteriosamente arrancada a la Naturaleza. Y que, en fin, la Naturaleza misma sigue impasiblemente tomando a broma las travesuras y quiebras fraudulentas de los hombres. Luis CALVO