Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
TRES PRESENTACIONES DE LA DIVINIDAD Insensato- -ian en la entraña del m u n d o moderno- -que c o m prende a Dios y no cree en El. o son los pueblos, como quería Schelling, sino las ¿nocas, las que se diferencian entre si, según sus distintas representaciones de la divinidad. Con el sentido orgánico característico de la cultura occidental, cada una de sus manifestaciones modela un rasgo de su intuición de Dios y cada una de sus crisis deja su huella en la faz concreta y personal de Hijo, He aquí tres presencias de la divinidad. Y con ellas, tres planteamientos distintos de los ejes culturales del mundo. N Tras el sentido apocalíptico que conmueve a la Humanidad en el siglo x y crea ekpresiones tan desaforadas como las de las miniaturas españolas de los Beatos, se estabiliza en la época románica una tipología de Cristo, que mónumentalizá los ábsides con su total eviderícia. A este Cristo románico se le representa frontal, absoluto, sin claroscuros que sugieran- zonas de duda, construido sólo con líneas netas y esenciales, con extensiones de color como espacios interestelares. Estas Hneaciohes que lo conforman se aparejan, según fatalismos rítmicos, con supuestos de simetría que se corresponden con la ordenación cósmica sobre base geométrica. Los- pliegues de su túnica se rayan paralelos como las cuerda de un arpa. Y la faz queda tan impersonal y solemne como un dibujo de órbí- Estamos en ese filo de los tiempos en que el tas astrales, sin angustias ni ternuras que la hombre no va a tener más módulo de sus teo El Bello Dios de Amient, limitarían, estabilizada en eternas lineas sin- rías que su libertad. Y en que la ignorancia y téticas, tan ineluctables como leves. el misterio son dos palabras que ya yan a ir Es San Anselmo el que respalda rnetafíst- unidas. Y entonces, crea la faz de Dios el análogo sentido de ciencia, trascendiendo camente esta concepción de Dios, al iden- hombre que busca fósiles marinosj en las Sü ancha faz se abre et magnitudes de mor tificar su esencia con su existencia. Sü pre- montañas y que construye un arpa de plata y de conocimiento. Pero ha desaparecido esa sencia y su forma coinciden. No caben varia- para. Ludoyico Sforza imitando una calave- íeve pesadumbre- humanista y Cristo se muesciones personales porque el artista se limita ra de caballo. Leonardo de Vinci es más aua planear el esquema del cosmos. Y San daz que los alquimistas medievales. Y no in- tra en una solar plenitud de perfecciones. Anselmo polemiza erm rt Tns n ato Con e e tenta trasmutar hierro en oro, sino enconJOSÉ CAMÓN AZNAR trar la ley universal que hace surgir el jazmín- -su- flor prediItcta- -y las rocas escenográficas. En la pesquisa de esta ley, Leonardo llega a una de las más s e n sacibnales conclusiones: a identificar en cada ser su forma con su destino. Y por. las calles de Florencia sigue a veces días t- n teros tras alguna fisonomía con rasgos abisales o extiende sobre el rostro una sonrisa coi! o un- antifaz que vela una intimidad femenina. Es este artista el que elabora la figura del Cristo renaciente. Concibe. a Dios como logoí, como coriscienda total, con el reposo de una sabiduría, universal. Hay en esta cabeza, toda trascendente de seducciones intelec- tuales, tina gota dé melancolía, que puede- interpretarse- cpmo compasión pánica. En los demás Cristos de la Cena, esa punta de congoja que turba su serenidad procede de la previsión de tantas traiciones. En el de Leonardo es un velo de tristeza impersonal sedimentado en el fondo de la comprensión absoluta He aquí en esta Exposición de IB Imagen de Cristo la con; secuencia española de esta cabeza leonardesca. En el Salva El Salvador cuadro de Juan dexjuaae dor- j de Juan de Juanes, ítay un E! ¡salvador frontal románico cnUlán iFoto V. Mura. Ahora- es Santcr Tomás él que- para demostrar la existencia de Dios, tiene que apo- yarse eji la realidad. Y ya tenemos a lasiaturaleza con sus relieves y sus valles, modelando la figura del Salvador. Pero la dialéctica de Santo Tomás es dinámica, Y es por una escala de causalidades como alcanzamos la cima del mismo Dios. En ésta cadena de causas segundas todas las criaturas participan con su perfección. Sí, ya pueden acudir a las jambas de Jas Catedrales y reptar ambiciosas por sus arcos y acurrucarse a los pies de los santos (y alternar con los ángeles en la agudas arqutvoltas. El estilo gótico convoca a todos los seres del mundo. Y hasta Jas estaciones acuden a justificar con su rotación los trabajos del hombre. Y en el mainel de la portada, se efigia a Dios, centrando toda la naturaleza, recibiendo suS auras y sus rigores con una belleza serena, porque ha sido deducida con gracia discursiva por normas de razón. Y aquí se nos explica el clasicismo del siglo XIII por una tensión armoniosa entre la materia y el espíritu, por una participación de la criatura en la Gloria- -en la figura- -de su Creador. Y no para aquí la argumentación escolástica. Santo Tornas utiliza, como vía de demostración, el movimiento. Todos los seres, todos los espacios y los tiempos son móviles, y Dios es el motor. Y el arte representa a un Dios actuante y amoroso, humanizada con la bondad y glorificado con la belleza.