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DEL PEQUEÑO DAVID AL MUELLE FERRER ERÍA menester que el español padeciera atrofia de la sensibilidad! para qus cuando Potm r ganó al inglés Stone, su pecho no se hubiera dilatado. Mas de seguro es entre los compatriotas residentes en Londres donde, la victoria del pequeño David 1 suscitó una emoción más operante. ¡Cómo se vive, amigos míos, la patria en el extranjero! Se trata de una preocupación moral que a veces raya en lo morboso, en lo hiperestesia) y que a veces también hace daño, como si fuera una dolencia física. Aun el más remiso, el más indiferente, siente un latigazo en la sangre cuando alguien por cuyas venas corre la suya acude a una emulación internacional, o se somete al veredtc- S furia de once mozos, que, sobre no vencer, jugaron con lentitud y apatía. El desconsuelo de mi malogrado amigo tuvo todos los caracteres de un disgusto; disgusto que le encendió el semblante y que, habiendo trascendido a su sueño y su digestión, a poco obligóle a guardar cania. El match de boxeo entre Cerdán y Ferrer, reñido- -es un decir- -en la misma capital, doce años más tarde, constituye una de las pruebas más desagradables que haya sufrido mí amor propio de español. El catalán subió al ring luciendo una sonrisa deslumbrante y una cintura bicolor, acaso innecesarias, tanto más cuanto que, invadido por un Ejército extranjero, París acechaba la coyuntura de un desquite susceptible de atenuar o disolver su complejo de inferioridad. Español de angre y francés de adopción, Cerdán mostraba, mientras, talante reservado y adusto. No quiero seguir contando. Baste recordar que el combate se decidió en el primer asalto, pues, en menos de dos minutos, Ferrer cayó tres veces, deprimido o golpeado, a los pies de su rival. Renunciad a saber la algazara de los, espectadores, que era realmente la de un público Hberado, y la irritación de nuestro embajador, testigo de la velada. Menos mal que la contrariedad se nos pasó pronto. La cena fría. jfíc servida un rato después en la aycj nida de Jorge V, supo a glorú Se habla de un nuevo match 1 Cerdán- Ferrer, mas haría falta que alguno de los dos boxeadores, o los dos, hubieran vuelto a nacer de en tonces acá para que el muelle esoañol le Barcelona no hiciera otra vez el ridiculo frente al duro espa- ñol de Oran. V o l v í endo a Londres, no cabe explicarse el silenci de c o r r e s p onsales Agencias en or- Ferrer, ex eampeón de España del peso semi- medio. to de públicos o masas de opinión que no son las de su propio país. Contra las muchas e inolvidables satisfacciones que me han dado mis compatriotas- -Tapia, Segovia, Marañón, La Argentina, Solana, Ignacio Ara, etc. algunas me dejaron mal sabor de boca. Recuerdo ahora dos: Se celebraba en París, hace doce años, un partido de f, fútbol franco- español, que, en teoría, debía ganar plenamente e 1 equipo forastero. Calvo Sótelo, a la sazón desterrado, estaba allí, hornbrón e infantil, con la ilusión de que sus cuatro hijos, todos menores, c o m probaran la destreza v ía Ar. tonia Mercé, JLa Argentina den a la última- -por ahora- -informalidad de la Administración bolchevique. La Comisión organizadora ha decidido sustituir a los ajedrecistas rusos, los cuales permanecen en su patria después de haber aceptado su inclusión en el torneo. Ellos y Pomar eran las atracciones del concurso. Pero nada sabemos de un desistimiento no menos tardío que imprevisto. Conocíamos el por qué de la eliminación del ruso blanco Aleckine, mas. nada sabemos, pues los servicios de Prensa nada nos dicen, del por qué estos otros rusos, subditos soviéticos, han desairado a los medios promotores del torneo y a la afición internacional. MABIAXO DAR ANAS Arturito Pomar,