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Caria de Rodríguez Marín U NO de los más bellos libros del difunto e i n s i g n e cervantista don Francisco Rodríguez Marín es, sin disputa, El Loaysa de uEl celoso extremeño no p o r q u e convenzan sus razones de que d seductor de la mujer de Felipe de Carrizales fue el mísero poeta hispalense, Alonso Alvarez de Soria, ahorcado en la plaza de San Francisco, de Sevilla, el año 1603, a causa de haber puesto un nada limpio mote al asistente de aquella ciudad, don Bernardina González; Delgadillo de Avellaneda. Lo precioso del libro de Rodríguez Marín (fuera de ligeros pormenores, que rectificó más tarde) consiste en el tesoro de noticias inéditas, que adujo para ilustrar la biografía del misino Alvarez de Soria y de la picaresca sevillana en las postrimerías del siglo xvi. Porque difícilmente puede convenir con la fisonomía del virote I4 ysa, a quien pinta Cervantes como lindo mosto, de ojos negros y adormecidos a tenor de! códice de Porras de la Cámara, y de ojos tan grandes y. tan rasgados según la edición príncipe, con Francisco Rodríguez Marín. un hombre que de testimonio de Quevedo y otros contemporáneos, cons- Marín- -Abogado- -Mulatos, 1. Sevilla. Y a ta que era tuerto. continuación. 4 de junio de 1903. Señor Mas, sea lo que fuere, el señor Rodríguez don Narciso Díaz de Escovar. Mi qu r; da Marín íBiaba satisfecho de su libro, y bien amigo: con 5 a grata carta de usted recibí podía estarlo, par las aporta- ciones apunta- ayer sus interesantes Cw osidadm malaguedas. Tlan- sólo se dolía de a poca venta de ñas, libro misceláneo agradabilísimo y en! él, nada de extrañarían un tiempo (prime- cuyas primeras páginas tuvo usted a bien res años de la presente centuria) n que el, honrarme con la dedicatoria de la tradición. futuro anotador y comentarista del Quijo- arcihidiccesa El tajo del moro. Muchas gra fe t gozaba del prestigio que alcanzó des- cias par el regalo, y muchas, tobre las que pués, ya instaladlo en Madrid, ni. la venta le di en Archidona, por la dicha dedicatoria. de las obras, de Histeria y erudición, por Ya he mandado al corrreo, en oaquete certiamerfklad qué tuviesen, Tai apreciables. ficado, tres ejemplares de El Loaysa de El El Loaysa de E celoso extremeño li- celoso extremeño para usted, su hermano y bro hace más fe veinte años agotado, salió don Arturo Reyes. Usted me hará el favor impreso e Sevilla tfi 1901. Inútilmente ve- de entregárselos. De todos mis libros, quizá nía yo tratando dé obtener mn ejemplar fino será ése el que he preparado con más capaira mi biblioteca cervantina, cuando la ca- riño y más a conciencia en cuanto, a ahondar en las investigaciones. Con. todo eso, sualidad, madre (y alguna vez madrastra) de los investigadO res, me ik vó ai encStitrar- es el que menos se ha vendido. No hay pú 1o en una librería de viejo: ¡hallazgo esti- -blico para ios trabajos históricos, aunque tnabTe, porque ya ni las librería de viejo el. autor se empeñe en darles amenidad. escasean iiotabkineríte los libros de ínteres, Del poeta Antonio de Caso (creo que lo por la mucha demanda de ¡estos últimos indiqué a usted en mi carta anterior) más años. Corrió me gu. ító el volumen, o adqui- presumo que fuera antequerano que ar rí sin reparar en el preció. Pronto, vino mi chidonés. Quírós de los Ríos llegó a hallar sorpresa: había techo un buen negocio. Lo noticias suyas, cr o que abundantes, pero primero, trapeé con ía sigmente deddcata- en Valencia- de puerto adentro, naufragaron f Ja, autógrafa, en la portadilla: Al iseñor esosáípapeles con otPos mudhos. Algo ha ve- don Narciso Díaz de Estovar, su admirat- nido a mi poder de los materiales biografidbr y amigo Francisco Rcdrígusz Marín, óos que juntaba Quirós, y 1i áin de serme uti. ílisimos para mi libro acerca de Espinosa El ten procedía, incuestionablemente, de y los ingenios de las Flores; bien que tengo la biblioteca del ilus dre escritor malagueño, -en Antetjuera un có aborador itimejorable autor fe Afijr can- lares (1890) de Galería de en- D. Nicolás Viscontí, que me Uevacopia malogiteños (1901) de Nuevas coplas (1917) áé y er. viado medio -arenivo de protocolos. y otros libros, que culminaron en. fe Histo- Mucho celébrale que D. Joaquín lleve a cabo ria díl teatro español. sti; propósí- O de publicar- oha Bibliografía La obra, pues, por la dedicatoria, ttenia mcAagneñü. Este ye rano, D; o, s ntediante, daré su importancia; paro ésta subió de punta Un arreglen a mis libros, y tomaré, mota de ai hoveaí con deteríroienjp el: vo- lumeii o que salga malagueño, ajara mandaría a (muy bien conservado) porque, al mediar su hermano de V. por 1 sí encuentra alg o de sus páginas, he aquí haílarm cent una fue no conozca. Par ahora, ruego a V. que epístoV dé puño y letra del propio Rcdrí- le dé afectuosos rtcuerdos míos, Y otro tanguez Marín, enf que anunciaba, el envió to a I Arturo Reyes, aunque ande tan de su Ldaysa al señor Díaz fe Escovaig La picado conmigo, como lo demuestra e! hecho carta, primorosa por sus muchos pormeno- de no haber- m- e- mandado su último libro. res, merece conoc- siise. Dice asi ¡Le debo carta ha mi años cierto; pe. ro ¿a En el roembre -e: Franc sco Rcdríguez Arturo Reyes, el poeta y novelista malagueño. quién oo? ¿Cora qué tíempo tego yo mis libros s nq con el que ¡Hurto a la correspondencia; epistolan con los amigos? Por eso mis librejos sonu po, r justa restitución, enás suyos que míos. Consérvese V. bien y dispanga de ÍIU affmo, amigo y compañero- -q. 1. b. 1. m. -Frafuisco Rodríguez Mürín. (Firma y rúbrica. l a! poeta diel siglo xvn Antonio de Caso dio luego d Fiaijcíscb, en. su estudio biográfico Pedro Espinosa (Madrid 1907, página 65) alguna noticia. Duda que fuera antequerano, a no ¡ser que se trat? de. don Antonio Duran de Caso (ro lo creo) posiblemente de Antequera. Respecto del libro de Arturo Reyes, que éste no le había mamidado, ería Del bulto a ía coracha, publicado en- 1902. Y 1- ahora un final curioso. ¿Cómo acogió Narciso Díaz de JBscovar El Loaysa. de El esloso extremeño tan cuajado de noticias inéditas para la historia literaria y particularmente para e 3 estudio d e Cervantes? Con peco interés o entusiasmo, pues la mayoría de las hojas estaba sin cortar... Mas Rodríguez Marín, generoso y jurto, n el mencionado Pedro Espinosa página 218) llamaba a su amisfo fecundo y lozanis mopoeta malagueño Si no le leía, o leíate a medias, peor para él. Luis ASTRANA MARÍN