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U N ilustre escritor, en admirable art i c u 1 o reciente, ha evocado e! fantasma de Georges Ohnet, el más difundido de cuantos literatos cultivaron la novela, allá por el último tercio de la decimonónica centuria. Para Georges Ohnet todo fue gloria e infierno, vituperio y triunfo, aplausos y pita Nadie le superó en las grandes ediciones y nadie hizo empapar más pañuelos de fina batista- -la fina batista de las damiselas de sus relatos- -de torrenciales lágrimas comb este Georges Ohnet, conocedor magnífico de un público que le era, a la vez, colaborador y lector fervoroso. Ohnet significa época. Ohnet equivale a tiempo incrustado en la historia con esas modalidades que sue en recibir la denominación de esnobismo y cursilería. La obsesión ifenocrática es la inspiradora de las narraciones de Georges Ohnet. Francia atravesaba un período crítico. Quedaron atrás revoluciones, imperios, restauraciones y aquel Luis Felipe con su inevitable paraguas bajo la axila. Balzac había muerto. Descaecía el romanticismo; el naturalismo se apoderó del territorio que la suspirante tuberculosis abandonaba. George Sand, tremebundo virago, introdujo en la verdad la mentira e idea izó los instintos. Y Flaubert, y Zola, y Mattpassant, y Daudet, pequeño Dickens, y H u y s m a n s luciferino, y Bourget, confidente de femeninas conciencias, lograron la pingüe sucesión de una etapa feliz. Hubo sutura entre los dispares géneros. Y el romanticismo palpitaba en el f fndo del naturalismo sin entrañas o para el cual las entrañas eran la tronche de vie, el pedazo de carne sanguinolenta, que merecía lugar preeminente en las obras del grupo de Medán, de que Zola era pontífice. Siempre el romanticismo como contrapunto de. las audaces exploraciones por los campos de la verdad desnuda; siempre la emoción lírica como acompañamiento de la escueta narración supuestamente objetiva; Los escritores como Georges Ohnet no aparecen inopinadamente, a modo de criptógamas en alborada de lluvias. Son consecuencias del medio. El medio los nace Pero si Georges Ohner efleja el medio en que vegetó. i para qué las censuras? ¡Hombre! y i el arte? Y se querelló el arte. El arte se incomodó con Georges Ohnet y le puso como digan dueñas... Y dueñas le salieron en las figuras de los primordiales escritores contemporáneos que exhibían las mayúsculas firmas de Tules Lemaítre y de Anatole France. Tules Lemaítre fue el considerable explorador por los mares nunca de antes navegados de los libros de Gaorges Ohnet. Los Atton Dattáet. leyó, en su deber de cronista de lo que se escribe, y se asustó. Aquello era terrorífico. Aquello era poncif. aquello era pasto para las muchedumbres ignaras. Era lo des- atinado y lo antiestético; el acabóse de las letras: burguesía, mesocracia y, como diríamos ahora, complejo de inferioridad Rompió el fuego Tules Lemaitre en un apocalíptico estudio destructor. Tengo el hábito de conversar con mis lectores de asuntos literarios- -escribe- Les ruego que me disculpen si les hablo hoy de las novelas de M. Georges Ohnet. Y añade: Adviértase que si se hallan fuera de la literatura, no se hallan fuera de la historia literaria. Ya ha aparecido el fa- moso fuera de la HteráíSP ra frase que servirá de rótulo al celebérrima artículo de Anatole France. Pinta Lemaitre la sociedad en que se mueven los ohnetianos personajes. En la mayoría de los casos, el varón es un muchacho de grandes méritos, aunque de mediocre extracción, y la hembra, poseedora de uno de los más grandes nombres de Francia El decorado de los salones ostenta magnificencias sunt u o s a s. Complacíase Georges Ohnet en describirlo con sus tisúes, cornucopias, arañas relucientes y cuadros geniales. Al ritmo de un rigodón, o de unos lanceros, damas y galanes tejen sus ensueños amorosos. El ingeniero burgués será el protagonista del sarao. Porque si la virtud es, en las obras de Georges Ohnet, glorificada, no lo es en inferior cuantía a la Escuela Politécnica Me, cuido mucho) -dicje, por su lado, Anatole. Frunce- -de evitar en la vida lo feo. Mientras leía Volontéj estuve a punto de llorar con todas las m u s a s M. Ohnet es detestable con igualdad y plenitud; es armonioso y sugiere la idea de un género de perfección. Esto es ser genio. Para Anatole France, las dramatís personae de las novelas de Georges Ohnet se confunden con las estatuas de cera que los peluqueros exhiben en sus vitrinas. Pero estas imágenes de cera han sugerido deliquios a los colegiales. Pues las novelas de M. Ohnet son, exactamente, en el orden literario lo que en el orden plástico los bustos de c e r a de los peluqueros. Excusémosle. Tambiérf es necesario que los pobres de espíritu tengan su ideal. Aun se lee a Georges Ohnet, fuera de la literatura por gentes ajenas a la literatura. Transcurren los años y, la sensiblería burguesa persiste. Siempre serán menos leídas las novelas de Anatole France que las narraciones de Georges Ohnet. BERNARDO G, i, L. LA AFFAIRE GEORGES OHNET DE CANDAMO