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BAROJA, BELMONTE Y EL GALLO ¿Usted escribe libros? ¿Con los libros no se gana? -No, con los libros yo he ganado un promedio anual de siete mil pesetas. Rafael el Gallo no se asombra. Ra: fáel el Gallo no se asombra de nada. Y mucho menos de las cifras. Para él siete mil pesetas son lo misino que sesenta mil duros. 0 por lo menos dura en su bolsillo una ti otra cantidad el mismo tiempo, unos días. Juan Belmonte interviene: -En ios toros ganan- dinero unos pocos, muy pocos. Luego, hay muchos gastos... ft- itos. ¡Qué buena- comía Yo, cuando no los como, parece que no he comido. ¡La de huevos fritos que me habré comido en mi vida! Y en seguida se lanza a contar comidas en América. Me falta espacio para narrar estas historias divertidísimas que Rafael cuenta con mucho gracejo y mucho pormenor; Historias probablemente fantásticas, pues el gran torero es hombre de imaginación y amigo de la fantasía, que él relata como si de episodios auténticos y verídicos se tratase. Terminado el almuerzo, salimos al jardín del hotel a hacer unas fotos De ellas me queda ese recuerdo del torero y del escritor, dos españoles antagónicos, y cada uno, en su arte, magníficos maestros. Dos españoles que se ignoraban y que, al cabo de sus vidas famosas, el azar de una amistad común juntó. El Gallo no conocía a Baroja. i ¿s posible que tampoco conozca hoy sus libros. Pero Juan Belmonte sí los había leído. ¿Qué no conocerá Juan Belmonte? Sobré su arte insuperable se ha escrito mucho, pero temo que si un escritor con agallas no se decide a describirnos su enorme y compleja personalidad humana, lo más recio y señero de Juan Belmonte quedará ignorado. ANTONIO Pío Bar oja según el busto de Sebastián Miranda. S con el gabán sobre los hombros y la boina calada, posaba casi sin despegar los labios, Al llegar yo al estudio, la sesión se interrumpió. Sebastián me presento a Baroja y luego añadió -Ahora vendrán Juan Belmonte y Rafael el Gallo comerán con nosotros. ¿Usted no los conoce, verdad, Baroja? Ya verá qué tipo estupendo es Rafael el Gallo y de Juan Belmonte, ni digamos. Sobre un banco había un capote de brega. Baroja lo miró. Y torear es difícil? -preguntó. -Torear bien es una de las cosas más difíciles del mundo- -repuso Miranda- Es una pena que a usted no le gusten los toros. -No; no me gustait. Al poco llegaron Belmonte y el Gallo Sebastián, abrazado a Rafael, dijo: -Mira, éste es Pío Baroja, el mejor novelista español. -Mucho gusto. ¿Está usted bien? ¿Y la familia? Rafael llevaba un t e m o gris Ín pecable, cruzaba su cuello un pañuelo blanco de seda y cubría su calva su sombrero ancho negro, del que se destoca rara vez. Como es natural, fumaba un gran puro. Cuando vemos fumar un puro a Rafael el Gallo comprendemos en toda su intensidad el placer de fumar. Rafael los fuma con un arte especial. Cuando le arranca una bocanada de humo, éste se expande en el airé con la misma gracia de un capotillo torero aireado en una revolera, en una de aquellas inimitables revoleíras de Rafael. Se acabó él trabajo por hoy- -dice Miranda, mientras da unos toques en el barro- Vamos a comer. Durante la comida. Baroja pregunta al Gallo ¿Y ustedes, los toreros, ganan mucho dinero? -Según, sí, señor; se gana dinero. ¿Cómo cuanto? -No sé, bastante. Yo ha habido año que he ganado sesenta mil duros. ¡En un año! -En menos, en ocho meses que dura la temporada. N está mal. No está mal. i Miranda 1 una estatuíta de Píoestaba modelando Baroja. Don Pío, EBASTIÁN DÍAZ CAÑÁBATE El Gallo y Baroja, mano a mano. Baroja lanza otra pregunta: ¿Y hacen ustedes mucho ejercicio físico? -Ningurio- -contesta rápido Rafael- yo me he entrenado toda mi vida fumando puros. Y, en seguida, sin transición, añade, como si hubiera estado cavilando sobre ello- De modo que usted gana poco? Y, según dice Sebastián, es usted un artista. í- -No; soy un novelista. -Bueno, eso, claro, un novelista. Pues eso está mal; los artistas... y los novelistas también debían de ganar mucho dinero y si no que se lo diera el Gobierno- -No estaría mal, no, es buena idea. El primer plato del almuerzo es huevos fritos con arroz blanco y tomate. Rafael pasa sin más a hacer el elogio de los huevos fritos, que come partiéndolos con el- cuchillo. -Has tenido acierto de pon er huevos Juan Belmonte escultura de Sebastián Miranda.