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I EE É D S U N A M U N O FMR E I T ENDRÍA ya, si viviera, ochenta y un años, pues nació el 29 de septiembre de 1864. Su figura es de las qué no pasan, de las que siempre pueden evocarse con fruto y emoción. Miguel de Unamuno, vasco avecindado en Salamanca, es un espíritu todo fortaleza e interés. Nace a la vida del pensamiento cuando se cruzan entre los diversos países de Europa las más variadas tendencias. Hay en el mundo un ansia de renovación. Se ha disuelto en París el naturalismo de Zola y los franceses buscan en el extranjero las nuevas orientaciones. Se hacen universales los nombres de Nietzsche, Dostoievski, Sudermann, Hautmann, Tolstoi, George Elliot (la novelista inglesa) D Ahnunzio, Fogazzaro, Ibsen... El Santo dtí Fogazzaro, contiene las doctrinas del modernismo religioso que ha de condenar Pío X. en su Encíclica Pascendi En España se ha consumado la pérdida de nuestro Imoerio colonial, se encuentra a la nación sin pulso y surge por doquiera el pesimismo y la desconfianza en un nuevo renacer español. Unamuno posee un temperamento afirmativo y se da a la tarea de conocer a España. Visita sus pueblos, recorre sus campiñas, habla con sus gentes, se informa de su vivir, investiga el valor de sus monumentos y de sus ideas, lee a sus clásicos, se impregna de sentido español y va comunicando al público sus impresiones en esa serie de Ensayos parecidos en cierto modo a los de Montaigne, donde reviven las esencias de la Patria. En toda la obra de Unamuno hay un caudal inextinguible de tradición. No olvidemos que Unamuno se forma y comienza a vivir en la época de las irradiaciones, de pensamiento que sé entrecruzan y hacen de Europa un vasto repertorio de inquietudes. Unamuno es un original. No ha de inclinarse al misticismo eslavo de Tolstoi, ni al superhombre- de Nietzsche, ni al estetismo de D Annunzio, nj a las nieblas hiperbóreas de Escandinavia. Su ídolo ha muerto ya desde hace me- dio siglo. Es un danés de ideas muy originales e interesantes, que ha discurrido sobre la ironía socrática y ha fundado, con anticipación, para que se desenvuelva ochenta o noventa años después, la filosofía existencial. Me refiero a Kierkegaard. Su nombre en España va unido al de Ünamuno. El catedrático de Griego de Salamanca, conocedor de las lenguas clásicas y de las corrientes europeas, aprendió el danés para leer a Kierkegaard en el texto original y sorprender hasta los matices más delicados de su fundo y su expresión. M i g u e l de Unamuno es, además de pensador, novelista poeta, autor dramática. No hay continente de la literatura que escape a su curiosidad y a su inquietud. En cada uno de estos aspectos ha sido estudiado por diversos críticos, pues la biografía unariiunesca es copiosa. El ha traducido del latín la Medea de Séneca, y en Nada menos qué todo un hombre se ha hombreado con Bálzac. Nadie ha sabido interpretar el Quijote como Unamuno. Esa es la manera de llegarse a los clásicos, no con simples métodos de erudición gramatical. Quizá la obra cumbre de Unamuno sea El sentimiento trágico de la vida Se impone la comparación con La muerte de Máetérlinck. Existe en uno y otro autor el deseo humano natural de que utta conciencia y un alma no acaben en él sepulcro. El autor belga se resigna de mejor grado a que tal cosa pudiera ocurrir. El español protesta contra la suposición materialista. Se encuentra dueño de su ser, de sus potencias, de sus facul tades, del tesoro de experiencia que fue acumulando. Hay un derecho a vivir eterDon Miguel de namente, y un alma recia, como la de Unamuno dando Unamuno, no ha de renunciarlo en nomin última 1 e c- bre de ninguna duda ni de ningún racioción como cate nalismo enteco. Es que Uttattiuno vive drático de Grie- impregnado de savia española A veces. go dé la Univer- yerra en sus elucubraciones filosóficas, y sidad de Salamanca, con mo- así, no admitiremos como libio fundativó de u jubi- mental y de cabecera para los españoles La agonía del cristianismo Pertx el lación. sentido de la tradición hispana logra imponerse, y España es lo mismo que catolicismo y dogma de verdades eternas, y catolicismo vale tanto como inmortalidad individual de cada hombre en la plenitud de su personal conciencia. Para el dramaturgo de Interior La intrusa y Los ciegos la tesis católica es una opinión más entre muchas. Al pensador de tantos problemas humanos y divinos le abruma el paisaje espiritual de España, y sus reacciones de entendimiento y (le con ducta responden de continuo al módulo de España, que él supo comprender y amar. Por eso se adhirió en Salamanca ai Movimiento nacional d e l l 8 de julio. La verdadera España no podía tener ajenóla Unamuno. Murió el insigne español el ti de enero de 1937, a. los setenta y dos años de su edad. El representa a nuestro país en este juego de luces novecentistas, que tiene como embajadores: de Alemania, a Nietzsche; de Rusia, a Tolstoi; de Noruega, a Ibsen; de Italia, a D Annunaio! de Polonia, a- Sienkievicz; de Inglaterra, a George Elliot; de Francia a Barres... Luis ARAUJO- COSTÁ