Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
MADRID DÍA 7 DE OCTUBRE DE 1945 NUMERO SUELTO 50 C É N T I M O S GUERRA, LETRAS AB DIARIO ILUSTRA DO DE INFORMACIÓN GENERAL. 50 CÉNTIMOS, entre reverberaciones centelleantes y calen- tur. ientas de soi en las atochas y las retamas; y ya traíamos cabrilleándonos en la memoria; y hasta haciéndose visión de alucinaciones gratas, el brillo dorado del acetre y el golpe del cubo en el agua, quebrándola en ondas concéntríca- 5. láuohás veces, en tiempos más cercanos, cuando hemos atravesado caminos sin agua O cuando nos atormentaba la calentura, nos volvíamos hacia el recuerdo de aquel brocal de cisterna, y era el chapoteo: brusco en la superficie herida, y el rechinar de la polea, y el menudo chubasco que bajaba del cubo desbordado, la música más deliciosa que pudiera sonar dentro de nuestras sienes enfebrecidas. Nos imaginábamos que agua ninguna, si no era aquella, tendría la gracia suficiente para curarnos de nuestra sed; y hubiéramos pagado sin cuenta y sin medida lo que en cce otro tiempo jra ofrecido como regalo para todos. Ahora, entre campos resecos, bajo el azul implacable de este largo, estiaje, también padecerá de sed el aljibe Eistará negro el fondo, como si le hubieran robado las imágenes, y la luz de la luna ¡pasará sobre el brocal furtivamente, casi sin rozarlo, temerosa de despeñarse en el abismo; la ipolea ociosa habrá olvidado su voz mal humorada, y el acetre ya no se divertirá en escurrir las gotas de la reciente humedad, una a una, 1 sobre la? upérficie tersa del cubo, para turbar como un duendecillo familiar el silencio de la noche. Todos traemos en las memorias lejanas algo, semejante a aquella agua de aljibe, algo a lo que nos volvemos en nuestras horas le angustia; nos parece que cualquier daño sa nos habría de remediar si e hiciera presencia ese recuerdo y que tío habría de. ser capaz de atormentarnos si estuviera a nuestro alcance el aljibe y su acetre. Pero ha de ser desencanto que se clave hondamente y nos duela más que la sed sufrida si llegásemos con la boca quemada de fiebre y, al asomarnos al brocal, viéramos que todo era negro y sin reflejos. Pensaremos que alguien, ros ha robado las memorias y las ilusiones, ID que era descanso y alivio en nuestros altos y lo que era impulso y. báculo en nuestras marchas. Pero llegarán otra vez las lluvias, y sonará el. agua al caer en la cisterna, con un deleitoso compás- de andante apasionado, con un gorgeo de ruiseñor gigante, con una alegría de tamboril en fiesta; y vendrá la luna, la diosa de los infinitos espejos, a mirarle en el más estrecho de todos, porque? abe qup no es en los anchurosos donide se clava cu imagen más honda, y que en ningún otro es tan clara como en este de apretadas y oscuras márgenes que le sirven de contraste a su luz. Estará seco el aljibe, y ya no será remedio para los que vuelven por el camino sin sombra; mas todo renace en la sucesión de lo; días, y tornará a florecer el fosado c! imágenes y canturrear el chapoteo de agua bresca. Alguna vez habremos creído que se nos acababa el mundo porque tornábamos hacia atrás la mirada y no veíamos ninguna imagen temblorosa sobre un. fondo estremecido; pero se vuelve de todo desfallecimiento y se remedia toda sequedad de entrañas, y viene otra vez el cubo a caer en a agua, quebrando su tersura y haciéndola sucesión dé arcos iris; y se derrama de nuevo el acetre al llevárnoslo a la boca, bañándonos el pecho con la misma caricia fresca de otros días. MARIANO T O M A S NFLUYE la guerra en las, letras? -Tal pre- gunta se suele hacer en las encuestas periodísticas. No se contesta nunca plausí- blcmente. No es fácil contestar. Los catorce primeros años del siglo XVIII los ocupa, en. España, 1 a guerra de Sucesión. Termina con el siglo XVII un período de literatura creadora; comienza con el siglo XVIII un período de literatura crítica. Recorre casi todo el siglo x y n un hombre nacido en 1600, que vive ochenta y un años, Calderón, repre- sentativb de los creadores, el último de los creadores clásicos. Recorre casi todo el siglo xviji un hombre nacido en 160. a, que vive ochenta y dos años, Gregorio Mayans, representativo de la literatura crítica, el primero de los críticos modernos. ¿Hasta qué punto la nueva dinastía, una dinastía francesa, ha podido influir en las ideas estéticas españolas? No es posible determinar con exactitud la parte que el cambio de dinastía ha tenido en la terminación de un período, el creador, y el comienzo de otro, el crítico. Lo cierto es que nos parece que la evolución del período creador había ya llegado; con Calderón de la Barca, a su final. Y es también cosa cierta que, tras ese prolongado esfuerzo creador, había de venir un período de discernimiento y de observación. La observación crítica- -sin crítica no es posible observación- -se da en todo el siglo xvur. Las ciencias físicas y naturales se expanden en esa centuria; se observan la tierra y el cielo; del cipló: se estudia todo lo visible y algo de lo invisible; algo tan sólo, teniendo en cuenta los. medios de observación con que entonces se contaba. Curioso, genial, diríamos, es e l Viaje estático al mundo planetario, del jesuíta Lorenzo Hervás. De la tierra se estudia la flora, la. fauna, la geología, la embriología, la anatomía. ¿Y pódenlos decir que la guerra haya influido en este moderno Renacimiento español? En 180 S comienza la guerra de la Independencia; dura seis años. Si la guerra de Sucesión es una guerra dispersa, fragmentaria, intermitente, la guerra de la Independencia abarca a la nación toda, salvo un pedazo del territorio, y es sin intermitencia. Tras la guerra de la Independencia, mucho después que en el resto de Europa, se produce el movimiento romántico. Viene a Madrid, no a Barcelona, por intermisión de Francia; hemos tenido una guerra cruel con Francia, y nuestras relaciones con la nación vecina, relaciones intelectuales, no han sufrido merma. ¿En qué grado podremos decir que la guerra ha influido en las letras de España? ¿Qué concomitancia tendrá él estreno del Don Alvaro, en. 1835, con el romanticismo francés? No es fácil el decidirlo es posible que se señalen conexiones; no se llegará nunca a determinar con exactitud lo que las letras deben a la guerra. En el siglo xix, como antes en el siglo XVIII, ¿en qué podríamos señalar la influencia bélica en cuanto a la técnica literaria, en cuanto al lenguaje, en cuanto al estilo? Lo importante no es, en estos casos, que la literatura, en sus diversas producciones, en sus vunos géneros, use argumentos tomados de ¡a guerra; eso sucede con todas las guerras. Lo esencial es que la influencia, de la guerra se marque por un cambio, en bien o en. mal, de los procedimientos técnicos; la literatura no adelanta o atrasa sino con relación a sü técnica. Y no vemos en qué cambia la técnica literaria después de la guerra de Sucesión y después de k. ruerra de la Independencia. ¿Estamos seguros de que nada cambia en la región de Ja técnica? ¿Podremos afirmarlo rotundamente? La guerra, ¿qué es lo que significa? ¿Qué fenómeno capital se da en la guerra? En la guerra se desenvuelve la personalidad humana en todo su volumen: en inteligencia, y en voluntad. Si no hubiera esa expansión suprema, la guerra no sería lá guerra. No hay más que acordarse de la guerra de la Independencia, singularmente, del segundo sitio de Zaragoza, tan hermosamente narrado- por Galdós; no es posible que la persona humana llegue; en su desenvolvimiento, én su tensión, en su ímpetu, en su clarividencia, á donde se llegó en los sitios de Zaragoza. En todas las guerras se produce tal tensión, en la inteligencia y en la voluntad. No siempre en el grado que admiramos en Zaragoza. Y si la guerra representa la culminación de la persona, la acentuación de la persona, ¿de qué modo, terminada la guerra, volverá la persona humana, súbitamente, a su actitud de antes, a sus proporciones de antes? El individualismo, tan acentuado, ¿desaparecerá sin dejar rastro? Dos hechos se, producen en la literatura moderna que llaman la atención: uno, la desaparición de los límites en los géneros literarios; otro, la desaparición de las escuelas estéticas. No se da al presente el afán, que tanto tiempo ha durado, de conservar intactos, con delimitación exacta, los límites de la novela, el poema, el teatro. Y dentro de la poesía, íos límites de las diferentes especies de composiciones. Durante algún tiempo se ha discutido si el Quijote era o no tina epopeya. Nadie para mientes hoy en si un género literario invade el terreno de otro. Ni tampoco, en si una producción literaria pertenece a, esta o la otra escuela, en si es naturalista, realista o idealista. Coexisten todas las naturalezas estéticas dentro del campo dé la novela, de la poesía, del te. at. ro. Lo que importa es que el autor de una de esas producciones tenga personalidad; teniendo acentuada personalidad, es decir, marcando en el arte su sello personal, habrá realizado cuanto podemos esperar de él; no nos importará la- cuestión de escuela. ¿Y se deberán estas dos aboliciones, francamente individualistas, a la guerra, en donde el individuo triunfa? Resuélvanlo los críticos: los hechos son los hechos. AZORIN AGUA DE ALJIBE UANDO, nos acodábamos al brocal, veíamos nuestra imagen en el fondo, rota sobré un temblor de luces; y, si alzábamos la voz, se estremecía y abombaba el sonido para acomodarse al espacio y llenar todo el ámbito que dejaba libre el agua. Pero pronto se extinguía la voz en un- vencido espasmo, y el reflejo del brocal y de las cosas que a él se asomabart se hacía terso puro. Sentíamos una vaga angustia al contemplar nuestro fantasma meciéndose en las aguas del pozo, pero le sonreía a nuestra sonrisa, y, a l a noche; veíamos la luna llena cómo también flotaba ingrave con reflejos dichosos. Tal vez sea una de las memorias más amables y amadas la de aquél aljibe en el centro del patio, con la polea gruñona y el acetre colgado de un garfio, que anunciaban ya, vistos desde lejos, el remedio para nuestra sed. Volvíamos de los largos caminos sin sombra, G i