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DIARIO ILUSTRA DO DE INFORMACIÓN GENERAL. 25 CÉNTIMOS. EL TREN DEL PESCADO STE es un tren corto que cubre, cada mañana, un trayecto mínimo y pru- dente entre dos puntos de Andalucía la Baja. Por supervivencia de no sé qué servicio de abastecimiento que antaño realizara, se llama, sin que nadie sepa a derechas por qué, el tren del pescado Su locomotora tiene unas altas líneas dé jijafa. Es lento, cortés ceremonioso; deja el paso a todos los trenes con que se encuentra. Durante el trayecto, mientras él sigue andando, se puede uno bajar a coger una flor del boi de. de la vía y volver a subir, sin ningún peligro. La clientela de este tren suele ser siempre la misma, porque k forman perspnas que se desplazan al pueblo vecino para sus oficinas, asuntos o negocios. Como el tren 1 es despacioso, y su llegada, incierta y problemática, como el Destino, las horas cotidianas de convivencia de los viajeros son largas y numerosas 1. De aquí ha nacido una especie de hermandad y casi masonería que. los une estrechamente. Son peritos aparejadores, marinos, contables; pero como sus horas de tren son muchas más que las de cuartel u oficina, son, ante todo, viajeros Cuando alguno muere, no son los compañeros de profesión los que acompañan su entierro, sino un grupo arbitrario e incongruente. Si alguien pregunta, quiénes. son, se les contesta: Son los compañeros deliren del pescado. El g upo más- constante y apretado, casi con categoría de Junta de gobierno de la hermandad, lo forman, en un departamento, un contramaestre, un practicante y un policía. A él suele unirse el propio revisor del tren, que se sienta como n n viajero más. Este grupo suele hacer, cada mañana, una exégesis, tan exhaustiva como permite la largura del trayecto, del periódico del día. Suele ser una exégesis imparcial y contemplativa, llena de mesura y sensatez. Cuando hace pocos días, yo, por tener que hacer ese trayecto, me incrusté, como una pieza extraña, en el grupo cotidiano, advertí que me saludaban con un desacostumbrado gesto de superioridad. Luego noté que hablaban con un encolamiento enfático. Más tarda pude comprobar que se habían rebautizado con extraños nombres. Se llamaban, entre sí, Ezequiel, Isaías, Oseas, Miqueas... Insinué una pregunta. El practicante me contestó: -No crea usted que es por vanidad ni manía de grandeza. Es que liemos comprobado una realidad superior a nosotros. Todoi nosotros creíamos haber ganado una oposición más o menos modesta y estar en posesión de un título facultativo. Pero ahora resulta que, además, estamos en 1 posesión de los dones supremos del Espíritu Santo. Lo miré con asombro. Ahora fue el contramaeste el que bajó la voz para completar la revelación: -Sí, señor; lo decimos sin jactancia, pero con firmeza. Lo habíamos adivinado todo. Habíamos previsto que Tito daría la lata para retirarse de Trieste; que Rusia no cedería sus- Gobiernos de Varsovia y Viena. Habíamos adivinado que la guerra que comenzó por un pasillo de Polonia terminaría con un problema de toda Polonia... Por mucho t- iempó creímos ciue éstas eran de- DIARIO ILUSTRADO DE INFORMAC I Ó N GENERAL. 25 CÉNTIMOS. J ducciones elementales, propias del sentido común de un contramaestre o un practicante aburridos. Pero, no; hemos podido com- probar que los grandes hombres, mucho más listos y documentados que nosotros, reciben con asombro estos desengaños, que nosotros habíamos descontado. Un informador internacional de radio acaba de decir, que se ha quedado sin habla al leer la respuesta de Staün sobre el Gobierno dé Lublín Como nosotros, que no somos ni informadores internacionales, ni mucho menos presidentes del Consejo d alguna gran potencia, lo teníamos todo previsto, hemos tenido que reconocer que nos Asiste él Espíritu Santo. Pensamos, por un momento, declararnos genios Pero nos pareció poco. Genios de la guerra o de la política se llama, cada día, a los que las ha- n conducido para terminar en estas sorpresas e inquietudes. Nosotros- -i qué se le va a hacer! -somos algo más: somos profetas Hubo un silencio lleno de solemnidad. Se había parado el tren en un apeadero. Algunos compraban gaseosas y panecillos. Me dirigí, sonriente, al practicante: -Ezequiel, ai qué hora llegaremos? Pero el profeta levantó su mano con- un gesto humilde: -Eso... ¡sólo Dios! JOSÉ M. PEMAN (De la Real Academia la tradición, ellos o nosotros, se manifestó, esplendente, y viva, la vocación de las juventudes. Salieron a las campos de batalla, encendidos erv ilusión patriótica, ofrendaron la vida- -que en los años mozos es un tesoro de incalculable valor, lo que más lógica y apasionadamente se puede amar- -y decidieron la lucha. ¿Vocación castrense? No es ésto, estrictamente, si bien la guerra tiene amplios y perennes motivos para atraer. Vocación de españoles, concretamente. Porque la opción era la de ser españoles o ser marxistas, que es la fórmula que separa de la patria, el internacionalismo. Ahora se ha visto, al levantarse las gentes en protesta indignada y en fervores d j- exaltación. La reacción por el asesinato de los falangistas, al concitar millares d ¿voluntades y aglutinar a todos, ¿qné ha sido, sino una ¡expresión evidente de a ¡fuerza vocacional? La férrea disposición de ánimo de no dejarse vencer por las solapadas tentaciones, de na dejarse impresionar por las cobardes añagazas, el deseo de gritar nuestras adhesiones, la unidad que se puso de manifiesto, es el mismo sentimiento, en suma, que movilizaba a los muchachos erí la ocasión inicial del Movimiento. Es un espíritu, una voluntad. De consiguiente: una vocación. La de ser españoles. La de seguirlo siendo, sin tolerar la posibilidad, ni en hipótesis, de los retornos a lo viejo. En la lección y en el a vi- o que, con tanta fuerza de expresión, se dio en Madrid- -y ésto es la representación y síntesis de las, posiciones totales de nuestro pueblo- hay un incuestionable fundamento vital: el de una vocación colectiva. Decía que el doctor Blanco Soler nos ha vuelto al tema, y me perdonarán los que me lean la anterior digresió. tj política. La. lectura de un libro del erudito, doctqr me sugiere estas reflexiones. Habla de la vec a ción, y nos brinda sugestiones muy interesantes en su ensayo, porque abarca diferentes aspectos: la precocidad, con el testimonio de muchos casos en que unas dotaciones se revelaron desde la niñez, y también la llegada. tardía: genios que descubrieron sus propias. inclinaciones y sus posibilidades fecundas én la madujrez de la vida y, a veces, como en el caso de Pirandello, en las antesalas de la vejez. N hay una regla, no existe un módulo uniforme, y se regi- stran, en muy. numerosos personajes de histórica jerarquía, en las distintas manifestaciones de actividad, humana, aptitudes de muy varia generación y presencia. El músico genial apunta sus condiciones desde la adolescencia. El literato insigne, comienza a demostrar su calidad en la sazón de un vivir ya largo. Hay ejem píos de muy diversificada condición. De todos modos, lo interesante es el valor del estudio psicológico que el ilustre médico pos ha presentado. Y que se presta a muy dilatadas meditaciones. Para el que escribe este comentario, hay una fundamental: la de que las vocaciones deben cultivarse. Si todos obrásemos con arreglo a esta norma la prestación individual sería más eficiente. Y los resultados, al conjugar unas actividades y aptitudes con otras, mucho más lisonjeros. El gue sirve para una. cosa, que sé entregue a ella fervorosa, apasionadamente. Sin separarse. Que seamos un país de gentes con fií me y consagrada vocación, y no de aficióV nados. FR VCISCO E LA VOCACIÓN L doctor Blanco Soler nos ha vuelto a situar ante un tema, que tiene tanta vejez como la Humanidad misma: el de las vocaciones. Hay, respecto de la votación, un concepto genérica Es el impulso hacia un oficio, el. deseo, que llega a ser una cosa concreta en la vida. Y también la seguridad en nosotros mismos. En efecto, nadie que crea- -sin darle plaza a la vanidad- -en sus posibilidades; deja de sentir la. fuerza interior que empuja a un destajo. En España, muchas veces, hemos podido observar el fenómeno de. las profesiones mal acopladas. El médico es acuarelista. El militar escribe novelas. Un ingeniero compone piezas musicales. Esta es la salida a superficie de una inclinación que, por diversas causas- -la elección de carrera por los padres, el ambiente en que se ha ¡nacido, la poca fijeza que en los anca adolescentes se puede tener para definir una devoción determinada, posiciones económicas, y a veces, circunstancias fortuitas- -estuvo oculta, cuando no desconocida. El hombre se centra en la madurez. Nosce te ipsmn. Cuando llega a conocerse a sí mismo y a tener el arbitrio de sus actos, sabe que no escogió bien. O qué k llevaron, no contra su voluntad, puesto que ella no actuaba, sino contra sus ignoradas disposiciones, par trayectoria distinta de la que latía en el fondo de su espíritu. Esta dispersión que promueve el alejamiento de una vocación verdadera, hizo decir ingeniosamente a, un escritor amigo mío que éramos un país de aficionados. Porque, cada cual, en téaminos generales, descubre unas aficiones que no conociera de joven o de muchacho y que llevaba. dentro de sí mismo. El sentido vocacional es de la mayor trascendencia. Cuando en España se planteó e! irremediable dilema: o con la anarquía o con E CASARES