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DO BEylNFQRMAv CI: QN; GENERAL. DIARIO ILUSTRA. PODE. INFORMACION GENERAL. 25 CÉNTIMOS gen tiempos constituyó su peculiaridad. ¿No resulta curioso que sorprenda un chambergo. a 3o s: nietos de quienes se amotinaron contra Esquiladle? Sí; en el Prado, los magnates y los soldados velazqueños afianzan en sus usos al perplejo señor, mas, por el contrario, en cuanto sale del Mtíseo- -cosa- muy distinta sería si el Conde Duque le hubiera prestado su cabállq, al que nada espanta- vacila y lucha el infeliz por sostener su arriscada individualidad, frente, al unánime, concurso de los ciudadanos con güitos ligeros como obleas y- en colores que rechazaría la clásica paleta española. En la época del sinsombrerismo llegó a su extremo el contraste de la aureolada testa con las que se exhibían no. salvando siquiera la calvicie, esa hipoteca sobre el esqueleto. Los rojos, que preconizaban Ja revoluciona- ría innovación, cercaron a mi amigó, que en vano demostró cómo porculpa del inesperado fenómeno social, miles: de familias sufrían hambre, amén de la merma del. trabajo de tintoreros, sederos y badanerós, y el fin de la cría del conejo, con lo que, en definitiva, quedábase desamparado de sus tradicionales presas el arroz de las clases hu- mi- ides. CALÓ EL CHAPEO... IERTO amigo mío tiene un sombrero que no se confunde nunca en el guardarropa detteatro o del círculo, y que de tal modo, singulariza a su dueño, que ha llegado a caracterizarle. Úsalo, osténtalo a n vez esté con innegable satisfacción: suele in- cluso, presentarlo como. programa suyo, no el suntuario sino el ideológico. Harto demostró la realidad de sus palabras en diversas ocasiones, alguna de ellas muy difícil, por ejemplo, cuando ya. crecidita la República, y desmandada la, plebe, puso un prurito de honor en no prescindir, de su fieltro, que le delataba a la multitud, con lo que oíase su nombre, impopular, por motivos que no hacen al caso, como el que más. Amenazáronle entonces serios peligros. Pero describamos la prenda. Se trata, en suma, de un chambergo, el dé mayor tama- ño, gris, y con amplia cinta y el, condigno galón en las abarquilladas alas. Encaja pie- ñámente, y protege la mitad del rostro. -Aquí se atribuiría a u n rico ganadero andaluz. Fue: ra de la Península- pasa por cifra y símbolo- de españolismo, más que la capa, que hay que explicar a los extranjeros, y casi tanto como la habanera de la ópera Carinen. Desde luego, no es airón o penacho de artista, y en todo caso, aquel tan valiente del viejo Verdi, nunca los llorosos capirotes de Murger y su triste bohemia. No podríamos olvidar determinados cubre; cabezas del Madrid de ayer: como la blanda torta de. Pérez Galdós, inseparable de su pañuelo del cuello, sus gafas en la frente y su puro d s quince céntimos, que era otro Episodio Nacional; como el candil de Unaniuno; como, el ruedo de Agustín Lhardy, -cimentado en su cara de hc- landesote; como el peñasco de la independencia de Rusiñol y como el mejicano volcán en miniatura, del marqués de Bradomín. Valle Inclán terminó por transigir con- el hongo. Exigencias y cambios de la edad. El propio Sarasate hubo de renunciar. a. su lazo y su ropa de terciopelo, umversalmente consagrados, y a los qus sustituyeron; la. americana cuadrada y a rayas y la. corbata a la moda. También dejó de fumar y de- beber cerveza. Estaba próxima su muerte. -Lo- último que perdió fue su mano, ía izquierda, la que se ha comparado por su agilidad a una golondrina, mientras que la derecha, la. del arco, rivalizaba con las águilas. Murió pro- bandola en el aire, al tiempo que decía: Aun puedo, aun puedo. -En los comienzos del- otoño, con la consi guíente renovación d- ei vestido, y su ccniple mentó, y en virtud de las reflexiones que sus días, ininterrumpidos crepúsculos- desde el amanecer a la noche, inspiran al hombre- maduró; -he ahí a mi amigo, cuya cabellera. í ya- tornándose cana, al borde de abandonar S 3 a. 5 sü; compañero, de siempre y con el qué re- igrnó el planeta. Sos- pecha que a- sl- -loinsí- núan las conveniencias sociales- 4 a respet- abi- lidád progresiva de los snfé siv s ám ¿i eníe C No escasas compensaciones, por lo demás, obtuvo el impertérrito personaje, el héroe. Visitaba un puerto, y observó que los corros del muelle contemplaban extrr. ñadós su desmedido frégoli, escena de la que se desprendia la decadencia del lugar, pues lo anoi mal y aun babélico debe ser corriente para la marina. Acertó, y- mírese de qué manera vino a evitarse la lectura de algo tan enojoso como uiía estadística. El chambergo, en una palabra, mejor que la cabeza cubre el corazón, qué es donde, según el filósofo, nacen las verdaderas ideas. Resumen, mi preocupado amigo, en un rapto de generosidad, caló el chapeo... ¡y a honrar por ¿alles- y plazas el yelmo de la Españolería Andante! FEDERICO GARCÍA SANCHIZ (De la Real Academia Esvañoiaj SAN MANUEL ONOCER es prolongar el propio espíritu a l a s cosas, de manera que, por favor de Dios, las poseemos como si las hubiéramos creado. A todos los actos y circunstancias ds la vida ha de llevarse la facultad de conocer. He aquí que paseamos por la calle de Alcalá. A mano izquierda, en el trozo de la plaza de la Independencia a la estatua, ecuestre de. Espartero, hallamos un templo suntuoso de estilo bizantino. Es una de las iglesias más armónicas, ricas y elegantes de Madrid. Lleva la; advocación de r n Manuel y. San Beni. ío, a buen seguro por privilegios y motivos fundacionales. En el recuerdo y en; el ánimo de cuantos han saludado la Historia se halla San Benito- de Nv. rsia, abad, ...cluirí. ei artístico a. que- pertenece 1, y q ü e t a m- dá- -Slonie Casino y patriarca de los monjes fcíén- cuenta. con su- senado- Por otra parte, -ds Occidente, cuya historia trazó. Moiitalerh: tí pueblo desconoce y extraña aquello- -que bert. No- sucede lo mismo con San Manuel. La denominación en la forma hebrea de Em- manuel (Dios con no- sotros) es uno de los nombres de Cristo que conmemora la litur- 1 gia en la fiesta de la Circuncisión. Pero los nomibres de Cristo- -vaya: el pensamiento a Fray Luis de León- -no se las antepone casi nunca el San. Nadie dice San jesús, ni San Salvador, corrió no sea en la geografía. Sin embargo, el templo, bizantino; de la ¡calle de Alcalá lleva aplicado el San Manuel al Niño Dios. Pero surge una duda. ¿Hay algún San Manuel? La mejor y la más conocida y manejada de nuestras enciclopedias nos 1 ofrece un San Manuel, persa, del siglo iv, y un obispo griego que, sufrió martirio de los búlgaros en el siglo ix. Y aun nos dice qite él San Manuel, persa, en. unión dé sus hermanos San Jabel y San Ismael, llevó liria embijada a Juliano el Apóstata del Rey del Irán Alamundaro, y que luego perecieron los tres embajadores por orden del, Emperador de Roma a causa de no haber querido rendirle culto religioso. El afán de exactitud hisfóricano nos deja satisfechos con esta noticia. Juliano el. Após tata ocupa el solio ¿el 361- al 363. Él martirio de los tros hermanos lleva por fecha el 17 dé enero del 362. Hasta ahora todo va coincidiendo- Pero en esta segunda mitad del siglo iv no hay en Persia ningún Rey que se llame Alamundaro. Reinan allí entcn- ees los Sasánidas, y del 310 al 381 rige los destinos de la meseta irania Sapor II, llar mado el Postumo porque lo fue de su padre Horsmidas- II. Se le coronó antes de nac? r sobre el vientre materno. El, Juan I de Francia y nuestro Alfonso X I I I son los únicos Monarcas de lá Historia que nácen ¡siendo ya Reyes. Las luchas de. Sapor I I con los romanos llenan las historias. Del artículo de la Enciclopedia, inoomple- to y probablenrente inexacto, vengamos al li- bro definitivo sobre el Emperador Juliano. Lo ha escrito el belga Bidez hace catorce años, y es un prodigio de documentación y de crítica segura. Bidez ha consultado cuantos libros y testimonios antiguos y modernos se refieren a Juliano el Apóstata y, además, para componer, su trabajo, ha estado en relación con la autoridad máxima de todos aquellos sucesos: Franz. Cumont. Queda en este libro destruida toda la kyenda dsl Emperador, sabio con Marco Aurelio. La frase famosa Venciste, Galileo parece que ñola pronunció jamás. Y así en muchos otros episodios meramente legendarios. Del martirio de San Manuel y d e sus, hermanos nada se dice entre los numerosos y ordenadísimos pormenores que- contiene la obra, m i sale tampoco a relucir el nombre- de Alamundaro, que no fifura en ninguna lista de los. Reyes de PersiaUn simple paseo por Madrid nos ha lie vado, en el afán de poseer cesas- y causas, a un punto, curioso, de la historia antigua y a examinar una obra: del más elevado valor en materia je investigación, de doctrina, de examen y hénnsnéuticade textos... v L u i s ARAUJÓ COSTA