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Perfil de ona vida heroica consagrada fervorosamente aJas lochas en los mares DEL CAPITÁN ANTONI Al TENIENTE GENIRAl BAROtO El Rayo a bordo del cual realizó Barceló, como jefe de la Escuadra, s expediciones contra Argel. (Maqueta del Museo Naval. E N el hogar cristiano de un hidalgo mallorquín, cuando el año de 1716 iba a declinar, para dejar paso al 17, en la: miaña Nochevieja, María Rosa, mujer del dueño de la casa, casi na niña (apenas contaba los dieciséis años) le da el primer fruto de su matrimonio. Vecinos y amigos acudían a la ¡residencia de don Onoire Barceló, que es el afortunado padre. Patrón de nar, heredero de marinas, poiie, desde el primer instante, su mejor ilusión en que el hijo lo sea también. El día primero del año 1717 es bautizado el niño e la iglesia parroquial de Santa. Cruz y se le impone el nombre de Antonio, porque es 1 de su abuelo paterno y ¡e sigue aisí una tradición. Pocos días después de, la ceremonia bautismal, él padre, el patrón don Onofre, sale coa una expedición dte cien barcos españoles para ¡la conquista de Cerdeña. Barceló es contratado como práctico de Mallorca. Dicen las crónicas que la niñez de Antonio está cuajada de inquietudes, en las que sobresalen las hazañas de los piratas contra la isla. SLos relatos de las tropelías de berberiscos, las mismas de tos piratas contra los que lucha su padre, en corso, lá progenie y é ambiente, infunden, desde que alcanza el uso de su razón, una ferviente y decidida pasión por el mar en el alma de aíquel muchacho isleño. ¡Desde muy pequeño acompaña a su padre, que ¡hace entonces frecuentes viajes a Barcelona, al servicio del Rey, su señor. Cuando Antonio llega a- sentir en sus músculos y en su inteligencia los rasgos inconfundibles de la mocedadi ¡sazonada, es ya un verdadero hombre de mar. A los dieciocho es ya piloto, y de los más expertos y audaces. Poco ejercicio para la ambición del joven marino es la expedición periódica a Barcelona, ¡y llevado de su afám e instinto, desvía la ruta, aunque el jabeque no está en las más aptas condiciones, y busca a los piratas argelinos. Un día, libra batalla contra dos barcos argelinos, mayores, desde luego, que el suyo. Las naves agresoras han de ¡huir a toda marcha. Carlos III concede al piloto Barceló el título de alférez de fragata. En 1737, ca a Antonio con la hija de un rico labrador. En 1748, y para premiar un ser viieio, heroico y difícil, prestado a Mallorca, en circunstancias que llegaron a ser dramáticas, el marqués de la Ensenada decreta el ascenso de Barceló a teniente de fragata. Bn 1753, como recompensa a su bravura al luchar, n condiciones desiguales, con una galeota berberisca, que consigue edhar a pique, cuando ya el sesgo de la batalla le era desfavorable, se le otorga el grado de teniente de navio. Siguen las persecuciones de los bandidos, las duras y tremendas escaramuzas, hasta quedar convertido Barceló en el héroe de los mares. No diay día que no tenga una página asombrosa. No hay acción en que. no se cubra de gloria, superando sus anteriores proezas. Siempre entra al abordaje. -Es su sistema predilecto. Esas campa- ñas audaces, extraordinarias, de Barceló, que mantiene siempre que eJ jabeque es el barco ideal para los abordajes, deciden al Rey a incorporar oficialmente este tipo de navio a. la Escuadra oficial. Cuando desapareció el peligro de la ¿piratería, dejaron de actuar estos barcos. ¡Para confirmar anteriores distinciones y mostrar el real aprecio por la conducta de Barceló, en 1756 se le incorpora al Cuerpo general de la Armada, ratificándose su nombramiento de teniente de navio, que. desempeñaba honoríficamente. Era el primer caso de una incorporación así decretada. Los servicios, sin embargo, se modifican poco. Barceló, sin rechazar la estrategia militar, mantiene su estilo. El abordaje, la contribución de su valor personal. En 1762 es ya capitán de fragata y manda una escuadrilla, de jabeques. Los encuentros y las victorias se suceden. A veces, las informaciones- que llegan a la Corte son asombrosas, inverosímiles. Barceló es ya una figura realmente popular. En 1769 es ascendido a capitán de navio, y el Monarca le concede una pensión vitalicia de 12.000 reales anuales. Sigue la lucha; desde 1762, apenas ha descansado. Es el terror de la piratería, que rehuye los encuentros. Carlos III manifiesta deseos de conocer al marino más brillante de su tiempo. Le presenta el ministro de Marina. Le pregunta el Rey por los berberiscos y Barceló contesta modestamente: Señor, como siempre, están temiendo el nombre de vuestra majestad En 1775, es ya brigadier. iPero la gloria no suele mantenerse sin- mácula, sin que la pasión trate de empañarla. Y es en el bloqueo de Gibraltar, que se encarga al heroico marino, donde le ha de llegar l a visita de los zarpazos, de las envidias y de El teniente general de la Armada D. Antonio Barceló, los más crueles desengaños. No es él quien tiene la verdadera responsabilidad. Sus propuestas no son escuchadas La ádea de las lanchas cañoneras- se acepta tardíamente. Los generales, los- oficialas; los soldados nO le secundan. El bloqueo se hace largo, cada vez más difícil y- termina fracasando. Sobre Barceló cae la culpa. Y, él mismo- pide se lé juzgue. en Consejo de- guerra. Al cabo se le rehabilita. Es ya teniente general. Dos campañas más en Argel y el mando de la Escuadra, en Algeciras, fluctuaciones en su suerte, nuevos arañazos de la envidia, exaltaciones, desvíos y honores alternativamente. Y al final, la retirada a su casa, en da amada Mallorca, donde, a pesar de los entorchados, la gente, que le admira, que le quiere, sigue llamándole el capitán Aníoni Y en el seno de su hogar, a los ochenta años, en ¡1 97, muere el ilustre marino español, que si no llegó al Cuerpo general de la Armada, como era preceptivo, por la limpieza de sangre, obtuvo ese singular, privilegio por la fama, la heroicidad, el prestigio, conseguidos cuando apenas era un adolescente, en sus luchas- -con aire legendario- -contra los piratas. FRANCISCO CASARES