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MADRID DÍA 8 DE 1 UL 1O D E 19 4 3 NUMERO SUELTO 25 CENTS, ff Sg IB VI CTOR P RADERA J T k ¿tf 1 DIARIO ILUSTRA DO AÑO TR! GES 1 M O S EX T O N. 1.657 SUSCRIPCIÓN: MADRID: TJJí MES, 6 PESETAS. PROVINCIAS: TRES MESES, 18. AMERICA X PORTUGAL: TRES MESES, So. EXTRANJERO: TEES MESES, 37,50 PESETAS. REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN: SERRANO, 61. MADRID. APARTADO N. 4! tereza digna ha juntado Pradera la curio- Sólo me permito apuntar unas cuantas i tu- sidad delicada. No lo. podríamos esperar, y presiones, puramente personales, por si fueAXiMiANo García Venero, diestro pe- así lo vemos. E 4 actual biógrafo de Prade- ra verdad la afirmación. Es y lia sido siempre el teatro un exponenriodista, -acaba de publicar, en la ra, García Venero, menciona ascendencia Editora Nacional, un libro en cuya aristocrática del orador, en la que podría- te de cultura, de intelectualidad, de culminaportada campea este título: Víctor Pradera. mos ver el origen de esta particularidad psi- ción de la belleza en una función pública. Nada más- atrayente. Nada, para mí, más cológica. No queremos sutilizar; aprovecha- Función pública se dice en griego liturgia, melancólico. El libro de García Venero está mos, en esta ocasión, nuestra propia expe- y liturgia fue el teatro ateniense a partir del escrito circunstanciadamente, pero sin proli- riencia. Conocía yo, no con intimidad, del padre Esquilo. Es decir, que el teatro no es jidad; se tocan en él con circunspección Parlamento y del periódico en que los dos nada sin los. espectadores. La sala es la parproblemas de psicología española; alfinal, se colaborábamos, el diario A B C. a Víctor te principal del teatro, del mismo modo que llega a la angustia. Juan Víctor Pradera Pradera; tengo idea de que, sin este estre- en la liturgia por antonomasia (que es la relivino a las Cortes en 1899; asistía: yo, como cho lazo de afecto, Pradera asistió a un giosa, la católica, la que tanto cultivan! les los amigos. cronista, a las sesiones- desde la tribuna de banquete literario que me dieron al otro día benedictinos) la intervención del pueblo en Sí recuerdo distintamente que la Prensa; entraba momentos antes de abrir- de un estreno mío en San Sebastián- -dos los cantos, las oraciones y el diálogo de la se la sesión y me retiraba momentos des- actos felices y uno frustrado- -me detuvo misa y de las ceremonias, se considera, ele- mentó esencialísimo de la función. pués de concluida. Imponíame esta exactila calle tud el deber profesional. No bajé al hemi- Pradera; enhablamos y dimos un largo paseo en que de las causas del fra- La nave central de la iglesia, destinaciclo, como diputado, hasta 1907; el grupo caso; las observaciones de Pradera eran fi- da a los fieles, tiene el misino interés para parlamentario a que yo pertenecía se sentaba nas y delicadas. ¿Y cuántos parlamentarios la oración en común que el presbiterio y el en el centro de los escaños; se sentaba tam- eminentes hubieran hecho lo mismo? ¿Cuán- coro. Son ideas corrientes- en el movimiento bién en el centro la minoría tradicionalista. tos se hubieran interesado por una cuestión litúrgico actual. Es sólo la iniciación, el prinContaba esta minoría con hombres meritl- estética? El matiz de diferenciación que he- cipio, el balbuceo, las primeras letras de un siraos: allí estaban Juan Vázquez de Mella, mos apuntado al principio se ha acentuado estado espiritual moderno muy interesante. Matías Barrio y Mier, Joaquín Llorens y con el tiempo. Esa diferenciación se puede Na se necesita llegar al Espíritu, de la liturFernández de Córdoba, Rjtfael Díaz Aguado resumir de este modo: indiferencia hacia el gia de Romano Guardini y menos aún a su Salaberry, Tomás Domínguez Romera, con- Parlamento, independencia personal, curios imponente Katholische Weltanschauung, inde de Rodezno, Bartolomé Feliú. No estaba sidad delicada por cosas ajenas a la política. dispensable, por otro lado, para todo el que Víctor Pradera. Había asistido yo al pre- Fuera del Parlamento se revela como gran quiera viyir al corriente del alma, el: en- ludiar oratorio de Pradera; no le veía ahora orador Pradera, en un discurso memorable. tendimiento y las ideas de ahora. en los escaños. Actuaba, sí, fuera del Par- Su oratoria es viril, fluida, sin ser descuidaDe la Iglesia pasemos a la Universidad lamento. Era tradición parlamentaria que da, altiva a trechos, insinuante otras veces. El Rey Sabio ha dado sobre el asunto norlas personas relevantes en un partido no Y si quisiéramos completar la silueta de mas eternas en las Partidas. La. doctrina del perdieran acta y estuvieran siempre presen- Víctor Pradera, diríamos que nunca este siglo XIII se conserva incólume en nuestro tes en el Parlamento. Las ausencias de Pra- político ha usado de las tretas que, con más siglo. La Universidad es reunión- de maesdera daban a su personalidad cierto matiz 0 menos licitud, se usan en política. Si los tros y discípulos. Y la Universidad, como la comienza en este punto la diferenciación de electores querían votarle, le votaban, y si Iglesia, posee condición metafísica Pero rio Víctor Pradera. Notable orador, Víctor no querían, no le votaban; pecuniariamente, cabe la esencia y el concepto de Universidad Pradera no procuraba la indispensable con- el candidato no les forzó nunca. si los alumnos cambian de día a día, de lee- t tinuidad en el Parlamento, y prefería, al La postrera parte del libro es hondamente ción a lección. Lo mismo sucedería en la! Parlamento, muchas veces, la agora. conmovedora: se relata en ella sobriamente Iglesia si el sacramento del Bautismo no nos Cabría establecer ahora un paralelo entre la muerte de Víctor Pradera. La actitud de hiciera a todos miembros de un solo cuerpo Juan Víctor Pradera y Mateo Benigno de Pradera en ese trance trágico concuerda con con cabeza en el Redentor y cabeza visible Moraza. Los dos han simbolizado la hom- toda la vida del orador. En estos momentos, en su Vicario, de. Rorna. La. Encíclica. recien bría de bien en un mismo territorio y los dos al escribir las presentes líneas, se nos anto- te de Pío XII Mistice Cbrporis Ohñsti ntís han sido parlamentarios. Pero podríamos ja que acabamos de leer unas páginas en la da mucha luz; sobré el particular. La Univerr. observar cómo en dos personalidades, den- vida de Nerón o en la de Tiberio: Víctor sidad requiere para cumplir sus. fines y sus tro de una misma región, se dan ciertas di- Pradera es un caballero romano; un caballe- funciones que los maestros, tengan un, auferencias psicológicas, según el ambiente. ro que ha (profesado la nueva fe, el cris- ditorio homogéneo y continuo. Sin ¿so des tianismo, y- que ha traiPradera es navarro y Moraza es alavés; cionado. Condenado sido descubierto yen el aparece la Universidad y. con ella la inteligencia, la cultura, el espíritu... Pradera- es orador de preparación meticulo- recinto que precede a morir, se halla a sa y Moraza es orador también de prepara- Llegan hasta aquí los la salida al Coliseo. El teatro como exponente de civilización 1 gritos de la mucheción cuidada. Álava es un país de transiexige también un auditorio homogéneo y consereno, con ción: acaba en él lo fosco de Guipúzcoa y dumbre. Víctor Pradera, con sus deudossere- tinuo. Jacques Copeau lo ha dicho en términidad maravillosa, habla por comienza lo claro de Castilla. Hay en Mo- vez postrera y tiene para el hijo, que con nos que no admiten réplica ni- duda: No raza un dejo de melancolía; tal vez lo pro- él ha sido condenado, palabras de conforta- habrá verdadero teatro mientras el hombre duce su larga enfermedad. Pradera no se ción y de esperanza infinita. En su voz no de la sala no pueda repetir las- mismas parevela como gran orador- al llegar a las se percibe ni el más lev titubeo. labras del hombre de la escena en su- mismo Cortes, en 1899, y Moraza tampoco da el estado de ánimo. AZORIN, máximum de su personalidad en las Cortes Recordemos al propio tiempo una obra teade 1867, a donde llega por p rimera vez. Ditral de Franqois de Cure! La comedia del ríase que uno y otro tantean el terreno angenio. En ella se asegura y se demuestra que tes de lanzarse a la gran acometida. Hasta en el mundo católico, es decir, en la corrien las Cortes restauradoras de 1877 no prote de la civilización universal, no existe más nuncia Moraza su gran discurso; en una E habla de la decadencia del teatro y que un solo drama: la misa. Antes que el re- I sesión, el truismo día, principiada 1 p pr la se imaginan soluciones para mitigarla. nombrado y ya fallecido autor francés habían mañana y proseguida por la tarde. El. camPocos, sin embargo, han conseguido comprendido- esta A erdád -nuestros, autores de i? peón está ya allí; ha tenido que vencer en hasta la fecha colocarse en el punto preciso Autos Sacramentales y piezas a lo divino. su vida Moraza, para llevar a cabo su em- que el problema y su resolución demandan. El problema del teatro esunproblema, no presa, la flaqueza del cuerpo; sin alimen- ¿Crisis de autores, de intérpretes, de obras? de autores, no de intérpretes, no de compaj. tarse- apenas, mantenido por la- fiebre se- 1 Descuido por parte de actores y actrices, ñías, no de- conjuntos, no de espectáculos... gúñ frase de un panegirista, ha luchado que no ponen el alma entera en su trabajo Es un problema de público, que ha de ser í Moraza en ocasiones. Rasgos esenciales di- y no se incorporan a la misión de belleza que. homogéneo y continuo. Hace años lograban ferencian a uno y otro personaje: donde hay se les confía? Yo no sé si todos estos mo- estas dos condiciones los abonos. Hoy sería gusto de lo minucioso y vernáculo, como en tivos influirán mucho en que el teatro se necesario encontrar una fórmula que corisi- Moraza, hay entereza inflexible, como en haya dejado vencer por el cine y no nos pa- guiera a todo trance la homogeneidad y con- Pradera. El uno representa el terrazgo de rezcan tan atractivos como hace cincuen- tinuidad de los espectadores, siempre los mis: Álava, suave en sus paisajes, y el otro, la ta años los comediógrafos, las comedias, las mos en su variedad y multitud, porque sin! lura tierra de Navarra. compañías, la labor individual de un intér- ellas es difícil llevar a la práctica la frase Con este último rasgo entramos de lleno prete... Líbreme Dios de decir si está o no lapidaria de Jacques Copeau. pn la psicología de ictoi JPiacleia. A la n- el teatio en (Jec duiC a. i ahí rao ni nj Q, S EL PUBLÍCO EN EL TEATRO