Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
DIARIO ILUSTRADO DE INFORMACIÓN GENERAL. 25 CÉNTIMOS S Jf LORETO sivismo teatral y su manera toda de entender el teatro. Ante personalidades como Louna hora en que todo reposa y en que reto Prado, más que explicarnos 16 que sigcomienza vagamente a c l a r e a r el nifican, sentimos confusamente su superiorialba, aparece en la remota lejanía del dad; la advierte el crítico y la advierte el tiempo la silueta de Loreto Prado. Diríase público. Todo en Loreto es fino y cáustico; que, retrotraídos, por ejemplo, al 12 de abril la misma figura le acompaña en esta cristade 1900, hace unas horas que hemos asistido lización del carácter de un pueblo. Menuda, al estreno, e n Romea, allá en las alturas de nerviosa, ojos brillantes, boca expresiva, la calle de Carretas, de la zarzuela Ligcrita Loreto es en el teatro siempre una niña; de cascos, de Sinesio Delgado, con música siendo niña ha muerto; siendo niña iba el del maestro Torregrosa. En un teatro chi- público a ver las travesuras que a esta niña co, que con sólo cuatro amigos se llena se le ocurrían. En la escena tiene Loreto la- -acabamos de leer la frase en un revistero agilidad, la desenvoltura, el gesto rápido de de la época- Loreto Prado ha estado admi- una niña. Su arte, aunque llamado popular, rable en su papel de mujercita atolondrada. estriba en el matiz, en la inflexión de la Hubiéramos podido decir, del mismo modo, voz, en la reticencia maliciosa, en el mirar que este amanecer es el de un día del si- como al descuido y en el cambio inesperaglo XVII y que la tarde anterior hemos visto do de una situación a otra. Habiendo trabaa. Loreto Prado, en un corral madrileño, el jado casi toda su vida en escena grande, el corral de la Paoheca, interpretar El anzue- arte de Loreto es el apropiado para escena lo de Fenisa, de Lope de Vega: Fenisa es íntima, como los teatros. circos, de París. también ligerita de cascos. No los tiene tam- Nunca el genio de Loreto ha podido ser mepoco muy seguros él propio autor de la co- jor gustado que cuando trabajaba, como hemedia. Loreto Prado muere a los setenta y mos d i c h o al comienzo, en el teatrito de ocho años y ha estado trabajando durante Romea: su público entonces no era el vulgar, sesenta. Ha muerto en plena actividad pro- sino el de esos cuatro amigos según la fesional. Nos ofrece Loreto Prado un curio- frase c i t a d a que la seguían en su labor so caso de psicología femenina y artística. constante y fervorosamente. (Veamos el primer rasgo: las otras grandes El rasgo final en el arte de Loreto Praactrices tienen su ambiente literario y artís- do es puramente fortuito; pero ha servido tico; Loreto vive en una región aparte. Ma- para poner más de relieve la personalidad ría Guerrero, María Tubau, Rosario Pino, de la actriz. Juntos han de trabajar, en conCarmen Cobeña, Matilde Moreno, María fraternidad artística, Loreto Prado y EnriPalou son citadas, discutidas, ensalzadas por que Chicote durante largos años. El arte de críticos y por aficionados al teatro: Loreto Chicote, buen arte, es arte, sí, popular, de Prado queda como a trasmano. Las otras gran escena. Y siendo así ese arte, al lado actrices trabajan en géneros diversos, den- del arte concentrado de Loreto, pone de retro de lo literario: Loreto Prado no rebasa lieve con vigor la manera artística de nuesnunca un mismo género. Las otras actrices tra actriz. Los dos modos se completan: el van a provincias; pasan el mar y actúan en de Loreto Prado y el de Enrique Chicote; los teatros de América; alguna de ellas se cada uno ayuda a la plena comprensión del presenta también en un gran teatro de Pa- otro. El azar ha dispuesto que dos artistas rís: Loreto Prado no sale de su Madrid. que semejan iguales, pero que son dispares, Concretada, limitada, ceñida a un sólo gé- marchen unidos por la vida para el mayor nero de trabajo y en una misma capital, Lo- realce mutuo. En estos momentos en que reto va forzosamente afirmando su persona- damos fin a estas líneas, cuando ya el alba lidad en una cierta manera. Se la considera clarea con viva luz, vemos a Loreto Prado, en región aparte; pero en esa región es in- en la lejanía del tiempo, representando un superable. No es discreto, ni ponerla en pa- monólogo del propio Enrique Chicote, con rangón con las grandes actrices citadas, ni música del maestro Rubio, Un chico en desconocer que su arte es tan arte, en ma- grande, y llega hasta nosotros la delectación yor o menor intensidad, como el arte de esas profunda del público ante los gestos y merenombradas actrices. lindres maliciosos de Loreto Prado. ¡Adiós, ¿Y cómo es ese arte? ¿De qué modo es querida Loreto Prado! ¡Adiós, que contigo ese arte no desparramado ni en el espacio te llevas un pedazo de la escena española ni en el trabajo? Loreto Prado representa contemporánea... y un fragmento de la vida sencillamente el espíritu de la alta meseta de este escritor! castellana: espíritu fino y cáustico. No inAZORIN deliberadamente hemos evocado, al comienzo de este artículo, el nombre de Lope, nacido en la altiplanicie. Pero el espíritu de L A M I L I C I A D E L finura y causticidad, lejos de ser cosa popuPERIODISMO lar, es elemento esencialmente aristocrático. Nos encontramos, por lo tanto, con el conos periodistas comprendemos bien el trasentido de que una actriz dedicada a lo sentido de la lucha de la vida a que popular es una artista con carácter selecto. aludió el Caudillo en uno de sus más La contradicción no es más que aparente: recientes discursos. El vivir es milicia de todo en Loreto Prado, genio y circunstan- Séneca, es para nosotros como un slogan cies sociales, es minoritario. Aristocracia es obsesionante. Jesucristo nos dijo: La paz su independencia, su vivir aparte, su exclu- os dejo, la paz os doy. Pero era la paz del PRADO ABC DIARIO ILUSTRADO DE INFORMACIÓN GENERAL. 25 CÉNTIMOS 2 g A L corazón y de la conciencia, que es el continuo resultado del sacrificio y del trabajo. Pocas profesiones como el periodismo exigen un pelear tan incesante y tenso. Cada día es para nosotros un ciclo cerrado de vida; casi, casi, un mundo en miniatura. Diariamente tenemos que empujar el carrito del tiempo para que a la mañana siguiente haya en la mesa de todos los hogares, junto a la taza del desayuno, un papel con noticias de todo el mundo. Y entre ellas, el editorial, el en sayo, la foto de última hora, la paleta cazamoscas del crucigrama. Es un espejo maravilloso del paisaje del día anterior. La gente no se da cuenta de lo que cuesta hacer un periódico. Y nada envejece tan pronto como esta hoja volandera. El periodista tiene su existencia colgada del incensante ver tigo del mundo. En otras profesiones cabe el descanso discrecional. Siempre hay algo, en la generalidad de los oficios, que puede dejarse para el día siguiente. En el periodismo, no. Hay que cerrar el periódico con las diez líneas del último acontecimiento, y no se puede dejar para mañana ese comentario trazado a vuela pluma al pie del linotipista. Los hombres que hacen las noticias son como puestos de escucha permanentes a lo largo y a lo ancho de los caminos del mundo. Sin curiosidad, no hay periodismo, como sin meditación no hay filosofía. Construir una noticia es un arte que requiere buida intuición y formidable capacidad de síntesis. Hay que captar lo esencial y aquilatarlo para que se produzca, bella y pulcra- -escultura de un he cho- la noticia. No puede el periodista permitirse ocios regalones. Constantemente ha de tener pegado su oído al pecho del mundo para cazar rumores y espumarlos sin pérdida de tiempo en las fincas blancas de las cuartillas, donde va dejando su vida cada noche. Y así un día, y otro, y otro... Como el astro- -diría Goethe- sin precipitación y sin descanso. Para nosotros, todos los días son- -otra vez Séneca- toda la vida El periodista conoce bien la agonía del tiempo que huye y la inmensa satisfacción de ese minuto en que la cinta del periódico entra en máquina. Porque es, tal. vez, el único instante en que puede respirar tranquilo a la vera del edificio, ya cubierto, del periódico. Como ha dicho Eugenio Montes, el periodista tiene que retener de las cosas su parpadeo circunstancial y contingente, lo que siendo aihora, no era hace un instante, y en su vida como agonía anuncia que va a dejar de ser Pero también hay que calar honno y no dejar de ver en las cosas el trastorno ideológico de donde emanan El periódico está hecho, y los redactores fuman el último pitillo con ese silencio que produce la contemplación de la obra hecha y en marcha. Pero por las ventanas entra ya la luz violeta del amanecer y los pájaros se rebullen entre las sábanas verdes de los árboles. Otro día. Hay que volver a empezar. O, mejor, seguir luchando. wt MARTIN ABRIL