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DIARIO ILUSTRADO DE INFORMACIÓN GENERAL, 25 CÉNTIMOS) S M 5 traídas nuestras escuadras en Cayite y Santiago, en crear una poderosa flota militar. IEN hayan la Revista Nacional de EduIENE razón el Caudillo; tiene harta ra- Lo necesitaba España; lo imponía nuestro cación y su director, Pedro Rocamora, zón el Caudillo en su repulsa categó- contorno riberiego. Silvela se encontró, no por el número doble extraordinario de rica del siglo Xix. En 1916, Orte- sólo con la hostilidad de los partidos y de la ga y Gasset, para juzgar el siglo xix, tiene opinión, sino, en el seno del Gobierno que febrero y marzo de 1943, que se consagra a la figura del jesuíta estos tres epítetos terminantes: triste, agrio presidía, con el desvío, no la pugna declarada Componen el numero P. Francisco Suárez! más de 200 páginas- -para el caso era lo mismo- de su propio en cuarto de esmerada impresión. Colaboran; e incómodo No quiero citar textos de un Costa, un Macías Picavea, un Pompeyo Ge- ministro de Hacienda. De atrás venía el con- los jesuítas padres Elorduy, Alonso Barcena ner o un Valentín Almirall, cada uno desde cepto que Silvela tenía de su tiempo; todo y José María Dalmau y los especialistas en su punto de vista. Durante un año, y tocante culminaba ahora en un non possumus que estudios de Teología, Filosofía y Derecho al siglo xix, he releído historias generales hacía imposible su política. Y con la amar- D. Juan Francisco Yela Utrilla, D. Juan y parciales, autores de primer orden y se- gura en el alma hubo que desistir de todo. Zaragüeta, D. Aurelio del Pino, D. Miguel cundarios, biografías, críticos favorables y Nada má ¿lógico y coherente que la actitud Sancho Izquierdo y D. Enrique Gómez Ar críticos adversos. Deseaba rectificar o ratifi- de Silvela. En 1888, ante sus amigos de Má- boleya. La vida y el pensamiento del P. Suárez, car un juicio antiguo. El resultado de tanta lag- a, había dicho, con palabras que son teX y tanta lectura ha sido el de volver resuel- rrible augurio: De esta suerte, con seme- a quien Benedicto IV, el Papa Lamberjantes hábitos, enseñanzas, descreimientos y tini, concedió el dictado de Doctor Eximio, tamente a la actitud en que mis amigos y yo de nos encontrábamos en 1900: actitud de vio- corrupciones del sentido moral, en el que se ofrécense aquí 1 manera sucinta y armó- 1 fundan los vínculos nacionales y los intere- nica. lenta oposición al siglo xix. Y si no éramos Suárez nace reinando todavía Carlos V, en ses colectivos, cuando menos se imaginen los rebeldes, ¿cuál iba a ser nuestra fuerza, caso más confiados, la noticia de un desastre, un 1548, y muere a los sesenta y nueve de su de que tuviésemos alguna? agravio no vengado, una intriga exterior apo- edad, en 1617, cuando ocupa el Trono de Existen, para juzgar al siglo xix, dos sig- yada en un, puñado de oro, pueden hacernos España y Portugal, Felipe III. Es contení- nos que lo definen distintamente: son esos ¡espertar de un modo horrible, y lo que sería poráneo del Monarca Prudente, de El Es- signos a modo de una zona de sensibilidad peor, irreparable. No ha sido, por fortuna, corial y de los tiempos de la grandeza espa- delicadísima; corresponden, uno a la prime- irreparable el modo horrible con que, tras la ñola, mientras no se ponía el sol en nuestros dominios geográficos y abarcábamos ra mitad del siglo, y otro, a la segunda. El general eversión, hemos despertado. con el corazón y el cerebro toda aa vida del primer signo lleva el nombre de Larra y el segundo el de Silvela. Y entre los dos hay Despreocupación por la ciencia; falta de espíritu hasta encontrar a Dios en el centro un íntimo parentesco espiritual; los dos son observación minuciosa y exacta: eso es lo del alma. El número de la Revista Nacional de Eduagudos espíritus críticos. La afinidad es tal, que, señaladamente, se puede reprochar al que por parte de uno, Silvela, se convierte siglo xix. El reproche es grave. En políticos, cación estudia la personalidad entera del en una especie de imantación hacia el otro, novelistas, poetas, dramaturgos, encontramos P. Suárez, que fue teólogo, metafísico, moy uno de los Larra. Páginas sutiles ha escrito Silvela so- ese desdén. Desdén que, en el fondo, es la ralista, filósofo del Derecho orden jurídico autores españoles que en el bre Larra. La muerte de Larra- -condena- tendencia a la ley del menor esfuerzo. No y de la gobernación de los Estados no adble- -no está provocada por unos amores con- se quiere trabajar ni se ansia dar a la activi- miten rival. trariados e ilícitos; esa es la causa ocasional; da d una base de observación paciente. Se pueMenéndez y Pelayo, al exaltar la ciencia la íntima y profunda es otra. No podía se- de partir de la realidad para lanzarse a un española y defenderla de los ataques de Peguir viviendo Larra; no lo- podía dada la idealismo absoluto, idealismo literario. Lo rojo, Revilla y otros simpatizantes con las crítica desesperanzada de que estaba imbuí- que no se puede hacer es deformar y falsear tendencias puestas en juego por los kraudo. Lo explica todo una frase salida de su la realidad. Basta abrir cualquier capital sistas y la Institución Libre de Enseñanza, pluma y que condena al siglo xix. Dice esa producción literaria del siglo xix para ver dijo que España había producido sistemas frase: El monótono y sepulcral silencio de hasta qué punto se ha procedido anticientífi- filosóficos en el mismo nivel intelectual de nuestra existencia española Esas palabras camerrte. El pueblo que Galdós pinta en una los más celebrados! de otros países. Examina pueden emparejarse con las de Ortega y de sus más populares novelas. Doña Perfecta, D Marcelino, en os tres tomos críticos y Gasset. Larra había hecho un examen de- es un pueblo falso; ya, en cuanto a la intri- bibliográficos de esa Ciencia Española, en- Bolador de su tiempo; en su crítica lo Había ga de la novela. Revilla, crítico liberal, había tonces y después desconocida y vilipendiada, cribado todo; costumbres, política, literatura, opuesto serios reparos. El Gran Galeoto, de a Lulio y el lulismo, Vives y el vivismo y historia, todo, en fin, había pasado por el Echegaray, uno de los triunfos sonados del Suárez y el suarismo; porque es de tener en. tamiz de Larra. Y de todo ese implacable dramaturgo, es un drama pueril; lo hemos cuenta que el jesuíta granadino es autor de examen, Larra había sacado un renuncia- vuelto a ver hace unos meses v 110 hemos po- -magnos sistemas, lo mismo en Teología que controversia miento a todo. Renunciaba a su tiempo, el dido menos de sonreír. En Núñez de Arce, en Derecho, y buceando en la entre Báñez entre dominicos e ignacianos, siglo xix, y renunciaba a la vida. Sin alien- en su poema La pesca, por ejemplo, el des- y Molina, entre las opiniones sobre la coopetos para vivir, ¿cómo hubiera podido seguir conocimiento de las costumbres piscatorias ración del alma libre a la gracia, ha de ser viviendo Larra? Surgieron unos amores es- empareja con la desproporción risible entre visto con cuidado el congruísmo del P. Suácabrosos y acabó todo; lo mismo hubiera la altisonancia del estilo y los sentimientos rez, solución de armonía donde se revela un sucedido con otro evento. vulgares que se expresan. Juan Valera re- genio de la mente y el saber de España. La figura de Suárez corre pareja a Sati pite su primera novela, Pepita Jiménez, en No llega, naturalmente, a tanto Francisco todas sus novelas posteriores; obseso por lo Agustín y a Santo Tomás en la historia de Silvela. Pero su actitud es tan dramática confortable de la vida, no puede comprender la cultura. No he de copiar las frases divulcomo la de Larra. En pleno poder, abando- un ideal de vida austera, pobre y sencilla. gadoras del P. Elorduy, en las páginas 10 na dos veces la Presidencia del Consejo. Con tal repugnancia, imposible ver pers- y 11. Menos todavía he de glosar cada uno No le basta, tal repudio y abandona también, pectivas espirituales lejanas. En la mesa en de los trabajos con el elogio de justicia que con la jefatura de un partido, en que es que escribo tengo un fragmento de un poeta cada uno de los autores merece. El esfuerzo querido y admirado, la. vida política. No delicado, Bécqúef, en que se describe un inteligente llevado a cabo por Pedro Rocapodía en este caso tampoco continuar en sus abandonado jardín. Son catorce líneas, y en mora; la importancia cultural de números actividades Silvela. Como Larra, había hecho ese breve espacio se cuentan hasta ocho erro- concebidos y realizados en honor de España una crítica minuciosa de su tiempo y de sus res respecto a la botánica y la jardinería. ¿Y y de sus hijos más gloriosos; la promesa de coetáneos. Había llegado, al propio resulta- es que quienes para escribir un capítulo de nuevas aportaciones del mismo género bido que Larra; sólo que en este caso el inte- novela llenaban de notas un cuadernito, no- bliográfico a la obra de España en el acervo lecto no se contrajo a su esfera, sino que tas tomadas sobre el terreno, podían estar de la sabiduría y la ¡religión; el carácter oficial de la pasó a los dominios de la acción. El des- conformes con su siglo, inobservado? fanta- EducaciónRevista, que edita el ministerio de pruebas evidentes acuerdo con su tiempo y con sus coetáneos seador? ¿Podemos ahora revocar nuestro de cómo seNacional, sonEspaña de Franco incorpora la fue, por consiguiente, en Silvela. más dra- juicio y dar por bueno Jo que considerába- a sus legitimas tradiciones. Así los eruditos mático que en Larra. Dueño del poder, a mos vitando en 1900? y los sabios del día encienden sus antorchas raíz de nuestro desastre colonial, restañó las en las luces inextinguibles del ayer. heridas dg España, Puso empeñg magno, desr- ARAUJO- COST A ABC DIARIO ILUSTRADO DE INFORMACIÓN GENERAL. 25 CÉNTIMOS g B T E L SI G L O XIX B EL EXIMIO SUAREZ