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DIARIO ILUSTRADO DE INFORMACIÓN G E N E R A L 25 CÉNTIMOS S PSICOLOGÍA ABC S DIARIO ILUSTRADO DE INFORMACIÓN GENERAL, 25 CÉNTIMOS VB modernismo y otras manifestaciones del pensamiento y de las costumbres en el afán de lo raro y exquisito o no son nada o consisten en poder imaginación sobre sutilezas de psicología. Es decir, que o nos encontramos ante una broma de mejor o peor gusto y de más o menos ingenio o buceamos en las profundidades del alma con un método poco asequible a las multitudes. El fenómeno se observa en todas y cada una de las bellas artes. La poesía, la música, la pintura, la estatuaria, los atrevimientos arquitectónicos, responden a un conjunto de ideas la mayor parte de las veces en perfecta armonía con una tesis que la inteligencia y la tradición abonan. No hay maestro de vanguardismo ajeno a un nombre famoso de los siglos pasados. El más traído y llevado en el sentir y el pensar de la. hora presente se tiene él a si mismo como discípulo de Nicolás de Cusa. El filósofo italiano del siglo xv, continuador del espíritu de Gerson y epígono en la buena senda de los místicos alemanes Eckart, Taulero y Suso, vive hoy en un auge intetelectual muy señalado. Y como todas estas tendencias suponen fino psicologismo ¿por qué no hemos de exaltar a España y poner los ojos en quienes han calado como mayor ahinco y procedimientos más seguros dentro del alma, hasta disecar y poner a la luz de la razón y de la conciencia las fibras, cualidades, modos, causas, caminos y naturaleza de los diferentes estados psicológicos? Los dos primeros psicólogos del mundo son españoles. El uno vivió en el siglo xm. Se llama San Raimundo de Peñafort. El otro comparte las glorias imperiales de Carlos V. Su nombre: Martín Azpilcueta. Se le denomina efl doctor Navarro. Viste San Raimundo él hábko blanco y negro de los hijos de Santo Domingo de Guztnán. 1. a psicología! es en él la propedéutica de la moral y del derecho. La escuela jurídica de Bolonia ha entregado a su talento y competencia todos los métodos y capítulos del Jus. En moral ofrécese como precursor ilustre del cardenal de Lugo y de San Alfonso María de Ligorio. Pero a la moral y al derecho se llega por! a psicología. La casuística ignaciana ahonda el conocimiento del alma en cada una de sus decisiones volitivas conforme a la sombra, la penumbra y la lumbre más o menos intensa de la razón. Todo ello se encuentra ya en San Raimundo de Peñafort y en el doctor Navarro. También Azpilcueta es jurista eminente. Político y consejero de reyes, su luz brilla en el firmamento español de los años imperiales. No cabe duda que el siglo xix y esta casi mitad del xx que alcanzamos lian dado gran impulso al conocimiento del alma y a lo que llaman con término de hacienda presupuesto del espíritu El doctor Navarro no queda relegado a segundo lugar. ¿Quién ha definido como él- -valga un ejemplo- -la psicología de la ingratitud? Todos los nombres extranjeros que por ahí suenan cual lo más acabado y sutil en punto a hipercrítica psicológica no valen- -con valer mucho- -lo que estos dos españoles, separados por dos siglos en sus vidai terrenas respectivas, que hoy entran en las plorias de la España de Franco por su modernidad y porque han demostrado a fuerza de observaciones sagaces que la moral y el derecho han de ir fundados en la psicología y no en la inducción positivista de los hechos, Luis ARAUJO- COSTA ANGUARDISMO, V i Francia se encontrase en circunstancias diferentes, seguramente celebraría el centenario del nacimiento de uno de sus mayores historiadores, el normando Alberto Sorel. Sorel encantó mis años de estudiante. Me incliné, respetuoso, ante su inteligencia soberana, ante la clara visión da sus afirmaciones, ante el arte tan elegante con el cual envolvía el fruto de sus pacientes investigaciones. Siempre me atra. a más 5 a inteligencia que la retórica. Por esto prefería un Fustel de Coulange a un Michelet, om Alberto Sorel y un Jacques Bainville a todos sus contemporáneos. No me gusta la doctrina demasiado estrecha, desmentida luego por las realidades, el partidismo que necesita largas explicaciones retorcidas para armonizar un tanto con los hechos que no se pueden negar. Cuando un escritor nos atrae, ocurre así porque encontramos en él algo de nuestra propia naturaleza, de nuestros propios anhelos. El lector suele decir: Es exactamente lo mismo que yo había pensado, sin poder expresarlo tan bellamente Sí; es lo que el estudiante había presentido con sólo mirar los mapas; es decir, que la Revolución francesa, a pesar de haber ejecutado a Luis Capeto, seguía en la política exterior la de sus antepasados. Las llamadas fronteras naturales de Franda: el Atlántico, los Pirineos, los Alpes y el Rhin, fueron la obsesión de la Revolución y su sucesor, Napoleón Bonaparte, corno lo habían sido de los Borbones. El primer Cónsul que se hizo coron ¿r Emperacor, no se perdió por su ambición desmedida que se! e atribuye vulgarmente, sino por la imposibilidad de vencer en el Continente a la Gran Bret ¿fia. la potencia que no podía admitir, independientemente de los regímenes políticos, que una misma gran potencia dominara en la región renan. t y en el Car. al de la Mancha. La lucha tema que continuar hasta la derrota dd Ogro corso lo mismo que había continuado contra Luis XIV, hasta que Inglaterra alcanzara sus fines. Esto es, más o menos, lo que Sorel nos enseña en su maravillosa obra Europa v la Revolución. El año 1780 no marca en Francia una separación radical del pasado; por el contrario, prosigue la eterna política exterior, prosigne el pasado aunque con fraseología nueva. ¿Y qué vemos en la misma. Rusia soviética? Que sigue servilmente, cuando le es posible, las huellas de la diplomacia de los Zares, y en marzo de 1940, después de haber vencido momentáneamente a la heroica Finlandia, Stalin invoca el recuerdo de Pedro el Grande para imponerle un Tratado mediante el cual pierda Carelia con la ciudad de Viborg y el lago Ladoga. El empuje soviético hacia los mares libres es continuación del grito de los emperadores: Dadnos mares, pues nos sobra tierra En fin, la política exterior de los países está determinada por su posición geográfica y sus necesidades económicas, y muy poco tienen que ver con los regímenes políticos. Los revolucionarios se imaginan renovadores, pero tampoco pueden librarse de las eternas verdades. Los muertos mandan los muertos, los antepasados, toda la historia centenaria o milenaria de ios países. La Revolución francesa, sin saberlo, prosiguió la política exterior de los reyes abominados y creó la Francia conservadora de los pequeños burgueses de la ciuadd y del campo. ANDKES REVESZ CENTENARIO DE UN M O T I V O S D E B E N GRAN HISTORIADOR LLIURE N el homenaje a Benlliure, iniciado por; la barriada de Chamberí y secundado por los centros literarios y artísticos, 1 hay como un subconsciente, como un complejo, como un imperativo categórico. Y acaso una! intuición de tradición, de artesanía, de solera! popular, en los iiwtivos de Benlliure, todos ¡imantados de espíritu nacional, de substancia: española. Es una fina alquimia estética que asciende, como la de Albéniz, del arroyo al Arte, según la divisa de Augusto: per terram ad coelum. Benlliure trueca el barro de las juergas en la emoción de sus aladas bailaoras; el horrísono estruendo de los cosos, en el ritmo marmóreo de sus toros, fieros y trágicos; de sus caballos, espantados y patéticos. De ahí su condición temperamental de artista pública- -de! pueblo- condición afinada por el crisol de Italia, como en otro gran valenciano: el Españólete Con la melancolía velazqueña de la villa Médices, de estatuas solitarias y húmedas y de fuentes llorando liqúenes, el júbilo floreal y reventón de Valencia. Con la racial furia, española, la delicada gracia italiana. Los bustos de sus damas evocan desde las princesas de Donatello a las bailarinas de Canova. Y sus relieves populares, desde las turbas de mujeres que van roncas- -empujando los cañones con Agustina de Aragón, a las gitanas de Sevilla. Congénitas la vida y la obra, Benlliure se nos aparece, cuanto a la obra, como un alquimista de buril en busca de la piedra escultura! que es la auténtica piedra f. Josofal. Gracia italiana en el percance de El monaguillo soplándose los dedos achicharrados. Y en los frisos de sus rollizos y risueños ángeles. Furia española en la torada de. El encierro, con las reses empavoridas. atropellándose y montándose, en un terrible ¡Sálvese el que pueda! Y en la épica Carga de Tárdix, desenfrenado galopar de belfos espumosos y colas tendidas, impulsado por un vendaval de sables. En lo monumental y en lo artístico, en lo sacro y en lo profano, toda la inmensa obra participa de ambas naturalezas. Las calles y las plazas, los templos y museos de medio mundo pregonan, con el nombre de Benlliure, está salutación triunfal: ¡España a la vista! Sus contemporáneos más ilustres, desde Querol, Inurria y Blay- -la madurez lograda- -a Julio Antonio y Santiago Bonome, tuvieron cada cual su órbita, ahora sombras, ahora luces. Benlliure es una cantidad continua, una temperatura normal, un arte que diríamos fisiológico si no lo nimbase la gloria. Su vida nos lo ofrece como un dechado de mundanidad. Jurado de todos los concursos, auditor de todas las conferencias, visitante de todas las Exposiciones, asiste a todos los estrenos, invitado en todas las fiestas diplomáticas, este hombre, que no se quita el frac ¿cuándo y cómo trabaja, si cada día nos sorprende el cresclte y uudtiplicainini de su obra? Por los jardines del estudio, con su zamarra de hortelano y su montera de gaitero, cruza Mariano Benlliure. Ochenta años, como ochenta guardias de corps, invisibles, pero evidentes, le rinden armas, en relevo de cada día. Son las parias el Tiempo al Arte. Porque, como en la máxima de Bien, La vida no es el Tiempo, sino el Trabajo E CRISTÓBAL DE CASTRO.