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ILUSTRA- IDO DE INFORMACIÓN GENERAL. 25 CÉNTIMOS tó? ANHELO DIÁRJO ILUSTRADO DÉ INFORMACIÓN GENERAR. 25 CÉNTIMOS S É mos a estar mejor, mi ama? ¿En Quintanar en más la exhibición de su personalidad y la de la Orden? ¿En Miguel Esteban? ¿En la persecución de ün ideal suyo, habrá de buscar, aunque en ello encuentre dificultades, A casa es vivienda espaciosa y cómoda Puebla de Don Fadrique? de labradores ricos; murieron los due Todos estos son pueblos cercanos al To- acomodó para la comedia rara, y por rara; ños hace años y dejaron una herede- boso Quintanar de la Orden es una de las preciosa, que es la que menos habrán de ra. Lleva la hacienda un hermano del pa- más populosas poblaciones de la tierra tole- aplaudirle. Esto no quiere decir- que yo le dre, Francisco Lorenzo, y gobierna la casa dana. María Jesús, ríe al escuchar a ¿irania; afee que empiece por la. imitada de otrosj una criada antigua, -María jesús. De padres va y viene por la sala; aparta las sillas que que no hay mar en ello, pues si bien se mirá ¡vigorosos y sanos, salió una criatura deli- estaban muy arrimadas a la pared y podían en todos los tiempos y. en todos los países, y cada; en el primer mes del embarazo hubo desconohar la cal con. el roce; estii a los pa- por literatos de fuste y campanillas, muchas en el pueblo una tormenta 1 horrísona y la ñitós. blancos de la cómoda y. la consola; veces las obras de. buen éxito fueron obras madre se amedrentó; luego, la madre, para iguala los cuadros que estaban desnivelados; de imitación. Seguían los gustos del público, trastear fácilmente por la casa, se ciñó en entra en la alcoba, cerrada por una vidriera obedecían a la moda del momento, y hasta demasía. Cual hija única, la criaron, con con. cortinillas rojas, y tienta los colchones a la orientación de cierta crítica, atenta a: mimo; pusiéronla en un colegio de Toledo, para ver si están bien mullidos. El vaso de la actualidad palpitante, y a fe que estaban donde permaneció seis años. A la muerte del agua ferruginosa está en el. escabel y toda- en lo firme, desde el punto de vista de la padre, la trajeron- al pueblo; no pudieron vía Aldonza, Lorenzo no ha puesta én él sus. conveniencia material, pues como dijo altraerla cuando murió la madre porque fue labios. María Jesús, cansada de trajinar por guien, cuyo: nombre no recuerdo ahora missúbito el fallecimiento. Al regresar la niña ía sala, ha acabado por sentarse en un, al- mo, la, historia literaria no. es, en resumen, más que el cnadro desuna serie de epidemias al pueblo y entrar en la casa- -virio silencio- mohadón, frente a su ama. ¡Siempre aquí, María Jesús! -repite tris- intelectuales, de más o tmenos duración. Otro sa todo el camino- -lo primero que hizo fue escritor ha dicho, y de éste. sí me acuerdo, sentarse junto al balcón, eh el cojín, mismo temente la joven- en que se sentaba su madre para hacer labor; ¿Y qué nos falta aquí? ¡Alégrese, mi fue Rarriy de Gourmont, en un ensayo sobra Esteban Mallamié, el poeta, mal llamado deestuyo un momento sentada y rompió a llorar. ama! ¡Que vea yo esos ojos reírse! Era alta, cimbreante i bien proporcionaAldonza sonríe levemente. Aldonza Lo- cadente- -por la arbitrariedad con que se le da; no le gustaba ataviarse con riqueza, y renzo siente el anhelo de lo desconocido, y aplicó tal adjetivo- T- que uña manera nueva sí, el ir siempre irreprochablemente limpia. María Jesús se atiene a lo cotidiano tradi- de decir las eternas verdades humanas, para, Sentía predilección por las flores, y de todas cional. Aldonza querría ir por esos mundos, los hombres en general, y. en particular para prefería las azucenas; como sus manos eran y María Jesús se encuentra- satisfecha en el los instruidos constituía siempre un escán: dalo Estos hombres muy instruidos son blancas se confundían con las blancas azu- Toboso. cenas cuando estaban colocándolas eh. un ja- ¡E n el Toboso, no pasa nada, María los que tienen una formación, los descontentos de todo, que piden novedades a todo rro. Tenía pasión por la ropa blanca y por Jesús! -exclama la joven- los encajes; le gustaba escoger los anchos ¿Qué no pasa nada, mi ama? ¡Anda y trance, y cuando la novedad sé presenta, se lienzos de Holanda, bien olientes después dj si pasan cosas! Nada más que ésta, mañana oponen a ella, en nombre de su formación lavados, y contemplaba absorta la albura ni- al amanecer, al l ¿varíla íne, Caando; estaba aso- porque cuando lo conocido y sabido les pa- tida antes de colocarlos en las camas. Sobre mada a lá ventana, he visto la cosa más rara rece mal- -y- Jes parece siempre- -quieren re- todos los muebles de la casa- -mesas, conso- del mundo. Pero no se la cuanto á, mi ama formarlo, pero no renovarlo, porque no saben salirse de lo sabido y conocido, y opolas, cómodas- -4i abíá colocado paños blancos hasta que mi ama no se ría. orlados de encajes, que ella había labrado. -Tú yes, visiones, María Jesús. No te nen a la novedad, lo férreo de los conceptos Caminaba lentamente, como ensimismada, y, creo, ya cuando- me cuentas, alguno de esos con, que juzgan, y, conste que no me he atrea veces, cuando al aderezar un ramo de flo- sucedidos para alegrarme; son todo imagi- vido a llamar prejuicios tales conceptos. í: juzgarán su obra nueva, que. acaso; fí fl ri res, aspiraba su penetrante olor, sentía, por naciones tuyas. un momento, -corrió uní vahído y- tenía que- -4 Anda, imaginaciones! ¿Y el caballero gún empresario la admite, acabará, a: fuerza sentarse. armado dé punta en blanco, con una lanza, de ensayos, gustándole a los actores; pero De todos los rasgos de su faz, lo que más montado en un caballo, que he visto esta no puede gustar, al público del estreno, que jitráia eran los ojos: no se sabía de qué color madrugada, será también una imaginación na ensayó su sensibilidad y su entendimiento, ni acaso tampoco al crítico que, sorprendido eran; grandes, con largas pestañas, semeja- mía? ante la. novedad, no querrá perder el tiempo ban a veces glaucos, otras, de azul claro, y -H Qué loca eres, María Jesús! en verla otra vez, si a esta otra vez da lugar el otras, de verde tenue. Cuando se hablaba con Aldonza Lorenzo se ha llevado el vaso a fracaso del estreno. ella, se sentía al instante el. imán de los ojos. los labios, se ha limpiado después con un Si el interlocutor se ponía a mirarlos fija- pañuelito de encaje y ha tenido el pañuelo No ha muchos años, en París, en uno de; mente, entonces ella, que conocía su hechizo, blanquísimo, en la mano contemplándolo ab- esos teatros experimentales, teatros chiquitos, que los franceses llaman boite, asistí a la terse ponía colorada, abría y cerraba los ojos sorta un rato. cera o cuarta representación de una obra abpresurosamente y los dejaba al cabo a medio AZORIN solutamente nueva, y al caer él telón fior. úl- cerrar, cual adormilados. Quien los estaba tima vez entre un aplauso; tibio y cortés) contemplando quedaba con ello más hechiapenas, oí detrás de iní el diálogo de un ma zado. trímonio, que decía: En la misma sala en que trabajaba la ma- ¿Tú has entendido lá. obra, mujer? dre, sentada en el propio almohadón, junto- -No del todo, la verdad. a la ventana, se halla la hija; está hace tiem; N literato joven, y amigo mío novísipo, un poco pálida; tiene ahora el mundillo- -Pues entonces... habremos de volver mamo, me envía- -yo no sé por qué, pero ñana, i No te parece? de labrar enea je, apoyado, por el extremo, bajo Dios le pague la confianza que me deen el regazo y el alto lo sostiene un escabel. -Sí, será lo mejor. Volveremos mañana. Las manos de la joven van manejando dies- muestra y la autoridad que me regala- -dos t Yo le auguro a mi joven amigo, si logra. tramente los bolillos; estos macitos de caoba comedias solicitando mi opinión, y yo sin estrenar la obra difícil, un público todo él, producen, al chocar entre ellos, un ruido rít- darle ninguna que valga como un juicio, r. pro- por lo menos, como aquel matrimonio del mico que fesuena en la sala silenciosa. A vecho la coyuntura para divagar un poquito, teatrito de Parísi Cuando ¡estréjie la otra, la veces, la joven se detiene y permanece largo muy poquito, en torno a lo imitado y lo ori- normal, aquella con exposición, modo y des- rato, abstraída. Entra Majría Jesús con un ginal. Porque una de las comedias, la que enlace, tendrá, estoy casi cierto, un buen éxividrio de agua; han puesto eq una tinajita leí de un tirón, es lo que se dice una comedia to rotundo; la obra está muy bien, y tiene unos trozos de hierro dulce, y todas las ma- normai, en la cual, sin descubrir plagio nin- la enorme ventaja de ser clara y rectilínea ñanas, a esta hora, María Jesús, saca con el guno, advierto una imitación, en el procedi- por dónde es una obra sin peligro. Pero advierta qu $l a rectitud son ordinariaacetre- agua de la tinaja y la trae en el vaso. miento, de muchas obras aplaudidas y hasta mente í; a. 1 claridad yfáciles de los que no perlas virtudes ciertas nobles reminiscencias clásicas en la Lo ha colocado en el escabel y ha dicho: forma y el tono del diálogo, y en la. tran- ciben rnág- que una sola cosa cada vez- -oídos- ¿En qué piensa, mi ama? i v que ya leí con más trabajo, y aun íft Be 9 e- párasís. melodía fácil y no para la armonía El ama ha contestado: releer, pero con mucho más interés, me hallé polifónica- y repare que, precisamente la falta de peligro, es lo que quita audacia y no. -i Siempre aquí, María Jesús! ¡Siempre ante una- bizarra y graciosa novedad. bleza al empeño. o mismo, María jesús! Si busca él buen éxito fácil, ha de comenL- ¿X no es bonito el Toboso? ¿Dónde vá- zar por d e l á t a m e n o s fueite; p. eio si tiene F Í L I SASSONE, h s. -iHÜ ¡W, í! 4 SM 09 L LO I M I T A D O Y LO ORÍ G 1 N AL U