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DI A RÍO ILUSTRA DO DE INFORMA; C 1O N GENERAL, 25 CÉNTIMOS 2 EN 1605 M f Í f i R i Á. i t i ¿5 ida que, para el vulgo, sea una u otra. No tiene, como nosotros, su carácter sus virtuserá, en. todo caso, peor que su suerte. Pobre des sus defectos y vive silenciosamente su N hombre- traspone los umbrales de una y, postergado, ¿qué puede él esperar de nadie? poema particular o su pequeño drama íntimo. Es la violeta, por, ejemplo, una modesta y casa; se encuentra la casa en las afue- La Corte reside. ahora en esta ciudad; pero ras de la ciudad, lindando con el cam- llegar hasta el Rey quien no es caballero, como buena muchacha, que se viste de medio luto; po. El Pisüerga cae al otro lado. El hombre no lo es nuestro hombre, es cosa imposible. el clavel, un simpático: flamenco; vanidosa anda con paso un tanto incierto, como, muy Pidió antaño pasar a Indias a buscarse la dama aristocrática, la orquídea; hembra orgullosa de su carne opulenta, 1 a magnolia, que fatigado; sus ojos son. alegres y sus barbas vida, y le contestaron desdeñosamente. rojizas, con hebras blancas; los bigotes, grue- Todo, se acaba en el mundo; todo tiene su mece el incensario de sus gracias a lo Rubens, sos y caídos, ocultan la comisura de los la- aumento y su declinación: los grandes impe- junto a los cielos, aldeanas sencillas, dignas bios. En la casa hay un zaguán rebozado de rios Jo mismo que las cosas minúsculas; íVan de ser cantadas por el marqués de Santillablanco, con un zócalo gris; al fondo se ve a terminar estas horas de tregua que nuestro na; las margaritas, románticas cortesanas. las una puerta. Llama el hombre a esa puerta y personaje se toma en esta casa; la anciana, camelias, blancas novias; alegres mocitos de gritan desde arriba: ¿Quién es? El hom- llamada por SUs hijos, ha de marchar, al ama- barrio, los alelíes; honestas madres de faniibre contesta: ¡Gente de paz! Conocen la necer del. día siguiente, a una ciudad leja- lia, las dalias; verbeneros chicos de columpio voz y tiran de un cordel, que levanta el pes- na. Y aquí tiene nuestro hombre uno de esos y kermesse los nardos, y. vírgenes del Señor, tillo; asciende lentamente el hombre, con su acabamientos descritos por él, que nos llenan las albas azucenas. Bellas y efímeras, cruzan las flores rápidagesto de cansancio, por una escalera labrada de melancolía. Diñase que toda la melancólientre blancos tabiques, solados los peldaños ca poesía de este hombre, dulce melancolía, mente, cuestión de días, por la vida, sin dejar de azulejos rojos. Al entrar este hombre en la se cifra en las despedidas: ya es uiv caballero más resto de su existencia que unos pétalos casa deja atrás el mundo; quedan lejos, por que hemos conocido en una venta y que en el marchitos a merced de los vientos. Pero ese dos o tres horas, las agrias disputas. 1 familia- cruce dé un camino se despide de nosotros fugaz destino no las injp. ide ser, felices en el res, los reproches, los enconos de los com- parra no volvernos a ver; ya es un. estudiante auge de su hermosura y de. su perfume bajo pañeros, las solapadas envidias, el continuo que ha divertido a todos con su enajenación, los cielos celestes de la primavera, porque desasosiego, la baraúnda del hogar propio, ho- que recobra el juicio y que se va fuera de Es- saben gozar- del minuto que pasa sin amargar en cuyos bajos hay una taberna, y cuyos paña para que no sepamos tampoco ya más garse con la evocación del futuro fatal, al cuartos vecinos, arriba y abajo, están ocupa- de él; ya es- una bella mora que, convertida que se someten de antemano, sin protesta ni viene a España, pierde sus riquezas cuan- dolor, como obediencia natural a las leyes dos por gente murmuradora y dicaz. tiosas y entra en una vida de humildad que, eternas. El hombre va subiendo por la estrecha es- asimismo, ignoramos. Su hechizo, se acrece porque es velozmen calera blanca; no es caballero; no tiene don; a su ínombre se acopla un señor, un vulgar El hombre extiende sobre la mesa un pa- te perecedero. Si las rogas durasen años las señor, como ahora lo hacemos con el arcador, ñuelo rameado y coloca en su centro el libro, amaríamos, sin duda, menos. Su mayor seel regatón, él pellejero, el hortelano, y así de- un tintero de bolsillo, varias plumas y un ri- ducción consiste. en la fragilidad y en que nos cimos, el señor Juan, o el señor Bernardo, o mero de blancos folios; después ata las cuatro parecen deliciosamente superfluas, acaso porel señor Tomás, o el señor Vicente. En lo puntas del pañuelo. H a llegado la hora de la que, ¡menguados y vanidosos de nosotros! al reservarnos el papel megalómano de Reyes alto de la escalera se abre un reducido reci- despedida. de la Creación negárnosla importancia de los bimiento, desnudo de muebles; franquéase- -r ¡Ya vendrán mejores tiempos, señor Mi- demás hermanos nuestros, animados e inaniuna puerta, a la. izquierda, y se penetra en guel -exclama la anciana. mados, cuya función respectiva, reglada por una sala con balcones a la calle, donde se ve- -Y si no vienen 1- -replica Miguel- ¿qué el Supremo Hacedor dentro de la común aruna cómoda con una Dolorosa, bajo fanal; le vamos a hacer? monía cósmica, ignoramos supinamente. Otro dos candelabros con velas medio consumidas, A seguida quiere paliar el hoirbre la trisun sofá y unas sillas de enea. De la sala se teza de la despedida con una frase jovial y de los atributos que- forman el. séquito primav pasa a otro corredor y se entra en la cocina: no se le ocurre nada. Se acuerda de sus días veral son fos pájaros, lindas cabecillas locas limpia, resplandeciente en su pobreza, con pla- de Italia, felicísimos días, y dice, sonriendo: e infantiles. Sus greguerías, sus traviesas cabriolas aéreas, sus ojitos brillantes y reidotos blancos y con orcitas para las alcamo. 7- Lasciamo andaré questo. res depilluélos nos encantan. En nuestra va riías, que, por las mañanas, cuando penetra el Dejemos que ruede el mundo y tratemos de nidad llegamos a la- creencia de que existen sol naciente, reflejan sus rayos en las vidriadas jrotundidades. -jY yaídeíla cocina; el- hom- olvidar nuestras cuitas. Con el envoltorio en únicamente para, -divertirnos y alegrarnos, sin bie? que- acaba, de, llegar, como llega ícasr to- tá- mano, Miguel, comienza a bajar lentamen- saber q. ueno. spn tsino; manifestaciones esotédas las tardes, entra. en un ¿cuartito con ven- te la escalerita blanca con peldaños bermejos. ricas del sentimiento arrioroso, sostén del mundo, cuya importancia equivale en él universo AZORÍN tana que mira al campo. Junto a la ventana animado a la ley de gravedad en el- físico. hay una mesa y en; la: mesa recado de escribir. Pero para atalayar el campo es preciso Primavera: flores quediríanse pájaros poquitar el encerado que cierra el vano de la sados sobre ramas, leves avecicas que parecen ventana. Se sienta el hombre en una silla, ante flores eonalas, cielos tétiuamente azules, dulla mesa, después de haber quitado el blanco ces brisas, aguas. mansas, corderinos acabados lienzo de la ventana, y permanece un rato abde nacer, que. sobre el. verdor nuevo de. las sorto, contemplando los verdes árboles, el cie- TTyiENTE y; atolondrada, como muy niña, -que praderas trotan, zanquilargos, al lado de las l lo azul y las nubes blancas. En el silencio; -i í; es. todavía, con los ojos celestes. -la: ca- ovejas a quienes debieron el ser; terneros y un silencio que nuestro personaje llamaría üL Yi- -bebiera de sol suelta al, aire, sus labios potrillos recentales con la; seda de sus pieles maravilloso, todas estas cosas, la Naturale- i- ojos, de fre; sa y clavel, las mejillas de rosa, recién estrenadas y los belfos color de rosa, za entera, el mismo mundo interior- -el de las vestida; sólo, con una túnica azulenca: yílivia- que son acariciados tiernamente por sus masensaciones y las ideas- -cobran un realce ex- na como las nieblecillás matinales, llegará a dres; hojas gayas de la floresta renovación traordinario propicio al goce puro y a Ja su cita- anual, quizá un poco ixtrasada; í como de la vida, consoladora rotación. Los indivisue! e, ocurrírle, ¡es tan joven! a. la hija de duos desaparecen, pero: las especies se perpecreación artística. Flora y Céfiro, derramando pródigamente de túan y subsisten- el 1 mundo sigue. En la casa vive una anciana sexagenaria, su cesta, colmada corólas fragantes ¡por. ¿camLa primavera es estación de. belleza incoma quien el hombre ha conocido hace muchos -pós- y jardines. años; viene aquí el hombre a gozar de un -El mundo de? las flores; al que los- iácom- parable, porque significa la época del amor en descanso que no puede lograr en su propia- prensiyos; hombres negamos un alma, la posée, todo lo creado. Nunca hace mejor el pavo casa: descanso para restaurar sus ánimos de- sin v erhbargb propia y muy sensible. Cada flor real su fascinante rueda de esmeraldas y zafiros que durante la primavera, ni cantan más caídos y descanso para escribir. En la mesa melodiosamente las aves que en ¡as mismas tiene el ejemplar de un libro suyo que acaba de publicarse en Madrid; se lo han enviado ¡EX COMBATIENTE! -Tu bien merecido des- circunstancias, ni florecen las plantas, sino para consumar las calladas bodas de los pistilos con un cosario. Como ocurría antiguamente y ocurre también ahora, antes de ponerse a canso lo encontrarás en la intimid ¡ad del hogar lj txJii los estambres. la venta el libro han corrido entre los curio- propio. Y recuerda q é, para sy arte a SU 3 Í; E 1 secreto profundoííkvJa gracia y alegría sos algunos ejemplares, ya. regalados por el formación la Caja NaeiOBaí de gj ¡dios jÉ i iwiroav. eraíe- g, cuandosl stee está saturado con editor, o ya por el autor mismo. Algún comr. MlKaíes- te concede la p efere ei ríjíi la e 6 n- tf! gsfl oreíi y las pojaros entonan sus mejores éñ déc, has, consiste en que a. Dios plugo pañero del autor ha hablado detestablemente del libro; para eso. precisamente, es compa- cesión de los Préstamos Nupciales. Si proyec- i hacerla eje de la continuidad de la vida, cenñero. Otros lo encuentran entretenido. No le tas celebrar tu matrimonio éft mayo solicítalo trando en ella el amor de todos los seres. preocupa al autor la suerte Sel libro; lo mismo antes de qiie expire el presente mes (Je mano. MELCHOR DE ALMAGRO SAN MARTIN BC DIARIO ILUSTRADO DE INFORMACIÓN GENERAL. 25 CÉNTIMOS tó U EL SECRETO DE LA RRIMAVÉRA