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DIARIO ILUSTRADO DE INFORMAC I Ó N GENERAL. 25 CÉNTIMOS) B EL ESCULTOR plirse en la vida; en el manto, que medio envuelve a esa mujer están representado esos seis que- os cuente una parábola? Soy mismos óbices de que os hablo. ttn viejo parabolano; os contare. la paEl escultor volvió a sonreír envanecido; el rábola del escultor. Un escultor escul- poeta habló de esta manera: os. devotos de- la cripta pombiana nos pió la estatua de la- Noche; trabajó reciadirán que fue Po- nibo el primer café- -No, mis buenos amigos, no; el escultor mente en su obra. Vivía el escultor en una no ha querido decirnos lo que simboliza su romántico matritense. Había cafés antecasa sencilla de los alrededores de la ciudad; estatua; vosotros habéis dado vuestra- opinión riormente, como la vieja, fonda de San Sebastenía ante la puerta de su estudio un breve y yo doy la mía; creo la mía verdadera y la tián, cenáculo dieciochesco de Moratín, de jardín con mirtos y rosales; frente a la casa vuestra errada. Esa estatua simboliza la Na- Ii; iarte y de Cadalso. Es. ya una. tradición que se dilataba un vasto panorama de severas, co- turaleza, la eterna e inagotable Naturaleza! los escritores de cada época den tono y leyenda linas pobladas de carrascas, y en la lejanía Nadie conoce los í- ríisterios de la Naturaleza a los cafés. cerraba el horizonte una ingente montaña azul en la Naturaleza se encierran fuerzas prodiDel primer café romántico, queda un lugar coronada de nieves en invierno. De todo este giosas y formidables que nosotros, los míse- v un anecdotario. El lugar es el pasadizo del paisaje emanaba majestad y fortaleza. El es- ros humanos, ignoramos aún. Y ese manto Teatro Español, que en 1831 era el café más tudio de nuestro es, cujltor estaba en la planta que envuelve parcialmente a la hermosa ma- sombrío y- más inhóspito de la Villa. Cuatro baja de la casa; recibía la luz por un ancho trona es el misterio impenetrable que encu- o cinco mesas pintadas de color de chocolate, ventanal de- vidrios deslustrados; las pare- bre a la Naturaleza. -nos dice Mesone ro Romanos, que allí gu. des eran de gruesos cantos de piedra amariEl escultor, por tercera vez, volvió a son- luzmeaba- muchas veces su soconusco y sus llenta. A la fuerza externa del severo paisamedios sorbetes- -y unas cuantas sillas de Vije, se unía esta austeridad del estudio. En réír, íntimamente complacido. S u obra iba toria colgando del techo unos c andilones de irradiando ya su belleza y su vitalidad; vivía invierno ardían gruesos leños en una chimegarabato, y en la tapia unos malolientes quinnea de rojos ladrillos. Y como obras de arte, ya con vida propia, independiente de su au- qués, que han durado hasta que apareció la ¡tor; como todas las inmortales obras, se presesas obras de arte que tienen nuestra predidiosa Electricidad. Una puertecilla de verdolección y nos acompañan- en el trabajo, solo taba a las más varias y dichosas interpreta- sas vidrieras y un destartalado aparador como había en el revellín de la chimenea, junto a ciones. Quedaba por dar su opinión el cuarto los que aún se ven en las fondas de estación. un jarro con flores, una reproducción de El amigo; era. este un viejecito pulcro, sarcás- 1. suelo era de baldosas de piedra, entre cuyas tico, irónico, observador minucioso. de las cohombre desnarigado 1 de Rodin. v uras crecía el musgo. Y era diversión ha- Solía el escultor, en los momentos de des- sas. Se levantó del rincón en que se encon- b: íi: il ver corretearla los ratoncillos. Uü mozo traba sentado, se acercó al escultor, y poniencanso, sentarse en un poyo del jardín, fren- -sexagenario- -llamado Romoj que daba vuelte a paisaje, encarado con la alta sierra, -y do los labios en el oído del artista le dijo tas al molinillo, -cabe la. -chocolatera, y otro- muy quedo: allí abismarse, sin pensar en- nada, en lo in- nombrado Pipi, el de La Cotriedia nueva o el -Esa estatua es la. No- che. sondable. Sin pensar en nada; pero sintiéncafé, de Moratín, que fue una sátira contra La cara del escultor se contrajo: acusaba El Parnasillo, que con tan gentil petulancia dolo todo: la nobleza del panorama, la ondulación de las pardas, lomas que se alejaban en el artista, viva contrariedad. Pasó tiempo; dieron en llamarle los contertulios. Romo y hasta la montaña, la montaña misma con sus el escultor mandó labrar en bronce varios Pipi, con chaqueta corta, servían, el café con senos henchidos de sombras y con sus pica- ejemplares de su estatua. Dio uno al novelis- media- -que aquí tuvo su origen esta respetable chos blanquísimos. -Cubriéndolo todo, abar- ta, otro al filosofe! otro al pceta, y al ami- tradición literaria, cuya desaparición lloran las cándolo todo, se extendía, como tensa seda go que le había dicho. la- verd ad. al qu- e ha- musas- -y el medio sorbete de cincuenta cénazul, el resplandeciente cielo madrileño. Me- bía intentado matar con la verdad la ilusión, timos. ditaba mucho por el día nuestro es- culto. -y j a consoladora ilusión, no le regaló ninguno. No hace falta mucha imaginación para más meditaba durante la noche; el tema de recomponer el cuadro de El. Parnasillo, En AZORIN su obra era la Noche, y sobre la noche, ami- iin rincón, los. viejos políticos y periodistas, ga y enemiga de los hombres, había de reCarnerero, Ónix y el poeta Arriaza, cantoi; de caer sus meditaciones. En tanto esbozaba su todas las efemérides fernandinas. Apiñados en obra, para inspirarse, solía a medianoche, una gran peña vociferante, los jóvenes quecuando todos los ruidos callan, salir a su jarsignificaban algo en la poesía, en el periodis- A Inés din y absorber, digámoslo así, la serenidad mo, en el teatro. Don Juan de Grimaldi, infinita del campo y del cielo. El silencio era Finas uñas de rosa, el empresario del Príncipe- -carrik con cin ¡profundo; brillaban misteriosas las estrellas. del color de los pétalos nacidas, co cuellos y chistera cónica- Espronceda; No percibiéndose las cosas en sus líneas dis- que merced a la moda caprichosa Larra, mordaz y triste; El Solitario, can- tintas, acaso esta indeterminación que las ti- hoy estáis rojas como diez heridas: tándose por lo bajo unas playeras del Pernieblas producían, hacía sentir más intensa- ¿por qué siempre carmines? chel el fraque con botones áureos y Jas mente la naturaleza. Si, el eterno Universo botas a la f aróle- del elegante Recade Togores se percibía en la noche más angustiosamen- Pites hay, tantos colores como flores, las melenas de Santos Áívárez y de Ventura ele te, con la angustia de lo infinito, que en ple- copia la variedad de los jardinesla Vega; los uniformes recargados de borday cambíate en las uñas los colores. no día. duras de Cheste y de Escosura. La socarroY esa sensación era precisamente la que Asid como los celos y los ciclos, nería del ojo único. de. Bretón de los Herreros nuestro escultor ansiaba dar en su obra. No azul como el zafiro, V la solera á lo fray Gerundio del paradójico dijo a nadie que la estaba trabajando; pre- fuera color que a algú. n celoso amante, Modesto Lafuente, historiador grave y otras textó para sus amigos un viaje largo y cerró en sj ts muchos afanes y desvelos, veces picaro libelista. Y- de vez en cuando ala todos su estudio. La noche estaba simbóli- le arrancara un suspiro guna sombra femenina, que atisba tras la vercamente representada, en la estatua, por una de celos, que subiera hasta los ciclos. dosa vidriera- -vestidos de medio paso y. pamujer en la plenitud de su hermosura; un Y de -un verde agradable, alegre y vivó denso manto la envolvía a medias y. solo de- ¿por ¿qué en grata ocasión- no las coloras? mela de seda rosa jj el abanico con pastorela de Watteau- que reboza la gracia picara y jaba entrever parte de sus maravillosas líaturdida de Lola Armijo o la belleza melancó- neas. La Noche, en la concepción del artista, ¡El verde es un color tan expresivo, Jica de Teresa Mancha, -las dos musas 1 románcaía cual, un manto sobre la dormida Tierra. tan didce y- sugestivo... ticas y fatales. Todos los Rostros pálidos, los Cuando la obra estuvo terminada, el escultor Vayan al par las uñas y las libras. corbatines de raso, las. melenas y las perillas liamó para que la juzgasen a cuatro amigos; Si una. esperanza el corazón alcanza, que han pintado Madraza y Esquivel. uno era poeta, el otro filósofo, -el tercero no- iguala con las uñas la esperanza. velista y el cuarto no era nada. Todos- se ex ¿No fuera grato verlas amarillas, Al hacer esta evocación de- ¿Parnasillo, tasiaron ante la estatua. El novelista dijo: semejantes a tiernas mimosilias? sólo flotan con airón algunos nombres. La ma- -Sí, esa estatua es la Vida; de sus em- Y chpcolate ¿acaso es disparate vpi paite son como comparsas de la fama. briones primitivos, la Vida quiere poco a tus e. Vircmos teñir de chocolate? Había allí escritores muy interesantes, cuyo poco desprenderse en esa Obra; la Vida es ¡Dos dedos chocolate, y otros ocho nombre se ha borrado y cuyas obras se han esa soberana mujer que todavía, en la. nove- ydek inaüs. tentador de algún bizcocho f perdido f Quién recuerda hoyaOchoa, a S M dad, cl- sl- -mundo, nuevo a pesar de sus milet K Vhaiez a Enrique Gil? Cada época des ¿Que no compartes el criterio mío nios, no ha llegado a reinar fuerte y soberana. ¿Que sigues con fus uñas coloradas taca unos nombres, y los otros son sombra El escultor sonrió satisfecho; el poeta pro- ¿Que cuanto ensarto es loco desvarío? segundonas en el recuerdo. Esta es la gran firió tristeza de los sueños del escritor. ¿Quiénes Pues, por. si te animases, yo te fío- -Esa estatua es el. Deseo nada ¡más cla- que hoy las tengo moradas... quedarán, como protagonistas de nuestro tiemA Deseo, con su vehemencia, con su íipc- lero po y cuántos serán ios comparsas de su gloria? cs tencia insaciable, pugna por embarazarse -TM? da- ¡me las hue el fno! EMILIO CARRERE ios obstáculos fjtie ie detienen y por cura- I EL DIABLO COJUMLO. BC DIARIO ILUSTRADO DE INFORMACIÓN GENERAL. 25 CÉNTIMOS EVOCACIÓN D E L PRIMER CAFE ROMÁNTICO L AS DE COLORES