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DIARIO ILUSTRADO DE INFORMACIÓN GENERAL, 25 CÉNTIMOS M 1 A 1 N I Í T 1 1 P R F F N J f 1 A v l l a niebla de los años, se reflejaría, una sonrisa, La chimenea, -las. columnas, sobre las cuales. í r uiuub r rv i O L n V- J g a j a y e n c a ¡e del, pensamiento- dichoso que se se apoyan los artesones dorados y los enormes STE tintero de bronce, que ya es sólo desperezaba sobre el blanco lecho papel; jarrones que decoran la sala, son de malaqui del adorno y graciosa inutilidad en la mesa mil veces y una vez por el espejo dorado co- ta; de lapizlázuli los candelabros, y rccub icrde trabajo vendría por los viejos ca- rrería la imagen de una lágrima, que, al éaer tos de oro fino las puertas y los muebles, acaso- minos de antaño como el reloj de Sajonia sobre la carta, habría de llevar hacia lejanos de un gusto algo recargado y pesadoté. Vieque canta Mallarmé. O acaso su infantito, que, pensamientos el testimonio de un dolor mejor nen después el gabinete blanco de sedas inmaculadas y la sala roja, tapizada de velludo calada su chistera y endosada su amplísima le- expresado, que con- negros signos. vita, se alza sobre una silla de cervecería para Y hay otro motivo emocional, más íntimo carmesí. La admiración sube de punto cuando se conleer el Habcn y el Solí de su libro mayor, en ste bronce de negras entrañas, y es su inmientras empuña su larga pipa tirolesa, sería útil presencia. Ya no hablará de nuestra ida templa la riqueza inaudita del (salón del Troya viejo él mismo cuando cruzó nuestra fron- a los hombres de mañana, porque, ahora, nues- no, sobre cuyos ¿nuros águilas de oro desplie- tera. Lo cierto es que, aquí o allá, su vida es tros pensamientos caen al papel desde un tubo gan sus alas imperiales en un fondo de terlarga y misteriosa, a pesar de su menuda talla frágil, de. existencia más limitada que la nues- ciopelo rojo, mientras las arañas, las mesas y y los ademanes y el gesto de travesura pueril; tra y cuando se acerca el invierno y- azota los eríormes hacheros de plata maciza evocan y la cabeza, que mueve al más leve impulso el viento frío los cristales de nuestra estan- boatos del Oriente fabuloso. La sala llamada en un sí continuo, más parece confirmación cia, nos estremecemos con más intensa con- dejos Caballeros de San Jorge, qué mide cua, de melancolías vag, as e inciertas amarguras: goja que el poeta francés ante sus muebles renta y cinco metros de ancha y veinte de ¡Oh... si supieras descoloridos, porque son tan efímeros, los gus- larga, ostenta soberbia columnata dorada y las Hemos leído muchas veces, y sentido al leer- tos y las cosas de hoy, que dudamos desque estatuas de cuatro guerreros de la Rusia milelo, el temblor de un poeta frente a las. cosas nuestras vidas se puedan prolongar hacia el naria en los ángulos, Sosteniendo las armas de los Gobiernqs moscovitas. A través de la qué parecían inanimadas ellos les Jian visto mañana, caminando sobre ellas. sala- árabe, de conciertos, con más Riqueza que el fondo del alma y se estremecen al adivinar MARIANO TOMAS el légamo de turbios recuerdos que allí posan, gusto, se va al salón de malaquita, -y de allí, como Rodenbach, ante esas viejas estancias atravesando Ja rotonda, donde los retratos en de tapices gastados: de cuatrer Emperadores y dos EVOCACIÓN DEL PA- tamaño naturalos miran con soberano gesto, se Emperatrices, Nuestras estancias son ancianas desden- LACIO DE INVIERNO llega al inmenso salóa de baile, teatro de las tadas L Palacio de Invierno refleja toda la his- grandes fiestas de Corte. Nadie que hubiera aue saben el secreto de las cosas pasabas. toria de Rusia, desde que con Pedro tenido Iji fortuna de asistir a alguna de ellas el Grande salió aquella nación de las podrá olvidar aquella mezcla de insólito lujo, Pero ningún mueble, ni aun ese espejo de. de bordados en oro, de diademas, con las ¡Venecia, ante el. que nos advierte Mallarmé estepas tártaras y mongoles para asomarse a dras- preciosas más espléndidas del mundo, piede Europa. La bárbara grandeza de aquella Mo J que veremos al fantasma desnudo de una imnarquía asiática, que rememoraba las fastuosi- mujeres hermosísimas y descotadas, de uniforposible ambición de belleza si mirásemos lar- go tiempo, nos conmueve y atemoriza tanto- dades gigantescas de Babilonia y Níríiye, íul- mes, de garzotas, de sables y de espuelas. Soy allá iba como este triste e isócrono movimiento de ca- s; e en el enorme edificio amarillo rojizo, re- naban los acordes de la polka rusa, que hacía en vertiginosa galopada rítmica, beza del muñequito del tintero: ¡Oh... si su- cargado de columnas y de adornos en mármo- temblar. con talonazos el suelo de. -finas madepieras! Porque de sus entrañas ha salido, en les costosos exteriormente, cubierto por una ras, el torbellino de las botas de montar y de un siglo de existencia, zumo de mil pesares; techumbre, de hierro pintada de rojo, en cuya las rosadas carnes femeninas, de los destellos y alegrías, y sus ojos de pupilas vacuas han cúspide la corona imperial centellea termi- fulgurantes y de las gasas arrebatadas por el estado abiertos sobre el papel donde se tendía nada en una cruz. -El fundador de este Alcázar, Pedro, -que aire deyla impetuosa danza. Zares, grandes una súplica, se alzaba una amenaza, se enrosfue grande en todo, grande en la violencia, duques glandes duquesas, príncipes, generacaban unos celos o se desleía una ternura. les, embajadores, todos bailaban frenéticos Ninguna de las cosas que callan y recuer- grande en la intrepidez y en la voluntad fé- baje el signo- de la Grandeza. dan alrededor de nosotros guarda tantos se- rrea, mandólo construir con las mismas miras, La revolución fue acabando con la gracia cretos como un viejo tintero; y cumpliría el colosales que inspiraron su construcción de aristocrática y dieciochesca del Palacio de In. más. interesante de lqs milagros el sabio que Petersburgo. aquélla estallara lo haAl Palacio se accedía por dos escaleras: la vierno. Antes de quelos Zares, recluyéndose lograra, de nuevas tintas, haterías caer sobre bían abandonado, ya la blancura de un papel en elorden y concier- principal o de Embajadores, de soberbios jas- en 1 la campesina paz de Tsaskoieselo. La Noto con que fueron extendiéndose las que, -ya pes, que sólo se usaba en las solemnidades, y bleza, los grandes duques, los embajadores hauna vez, se destilaron desde las entrañas del hasta cuya entrada era únicamente permitido bían desertado también tras Sus Majestades. muñeco de bronce. Porque, entre fárrago de llegar a los coches de ios grandes duques o de Pero aún- le quedaban al Palacio los lacayos cosas insustanciales, como entre jirones de los representantes diplomáticos, y la pública, de librea roja y peluca empolvada, la Guardia nubes grises -resplandecerían el rayo de luna que conducía a la sala Alejandro, exornada cosaca, el elegante Cuerpo de pajes, las flores, -i de tina novela amable, el relámpago de un dra- con cuadros de batallas. el ambiente. Todo eso terminó con el adveniCada Zar dejó en el Palacio de Invierno la miento al Poder del megalómano Kerens ma centelleante y también la lluvia de estre. Jlas de un llanto lírico; desbordado todo de in- impronta de su carácter y dé su figura históri- que se instaló, con un. grotesco uniforme, por- teres y de emoción, porque se nos servía so- ca. Así, en el piso bajo, la cámara ascética ¡del él, inventado, en las salas imperiales. Desde Emperador Nicolás recuerda al bravo guerre- allí pronunció hueras y altisonantes peroratas, bre la copa llena de una vida cierta. Hay en, los museos y en las casas que se ro que se atrevió a, luchar contra la podero- mientras abajo gruñía y afilaba sus uñas la 1 consagraron a memoria perenne porque cruzó sa coalición franco- inglesa. Aún- se conserva fiera bolchevique, El Palacio, que sufrió varios por ellas el Genio, antiguos tinteros donde el lecho duro donde dormía dicho Soberano asaltos de la plebe desenfrenad estuvo du aquél mojó su pluma para componer la obra como un anacoreta, su espada, el casco y hasta rante cierto tiempo bajo la custodia, de un re. inmortal; pero eso. tinteros no guardan se- unas zapatillas llenas de remiendos, curioso gimiento de- mujeres, horribles féminas, -fati cretos 1 del hombre, ni aun si pensamos en las, recuerdo; que usaba ¿n los últimos días de su feas como viejas, o al menos tal lo parecían, horas ociosas y limitadas por los muros de; vida. La sencilla alcoba de Alejandro II, -poco que rindieron dignos honores a. la Revolución. una estancia, silenciosa e íntima, porque des- amigo personalmente del fausto, aun que- su- Cuando Lenin con su demoníaco séquito ma pues fueron y serán muchas las curiosidades piera revestirse de el en público por el pres- ximalista se apoderó de San Petersburgo, suque derriban- puertas, escudriñan rincones y tigio de su alta misión, nos habla de. aquel pieron morir heroicamente delante del Palacio desempolvan papeles amarillentos. Serán tnis- día nefasto en que este Zar, herido por la de Invierno los pobres cadetes de las Escuelas vterios de vida callejera, secretos en vitrina, y metralla de dos bombasi que le habían arroja- Militares, a quienes se había ordenado defenninguna emoción nueva, pudieran comunicar- do los nihilistas a su paso por el Canal de derlo. Aquellos adolescentes, casi niños, su nos las letras, que salieran de su vientre fe- la Moika, llegó a Palacio desangrándose, con cumbieron aplastados bajo fuerzas superiores, cundo, alineadas igual que antaño, pues ya- una pierna arrancada de cuajo- sin que el su- que los inmolaron cruelmente. El martirio de frimiento tremendo le obligara a una sola que- esa juventud, flor de mocedad y de discipliks conocemos. No hay, sobre ellos, muñeco de cabeza ar- ja, pues él, consciente de la dignidad imperial, na, fue- el último relámpago glorioso que bri ¡ticulada que la mueva en vaga afirmación de la mantuvo, hasta contra el dolor y la- muer- lló sobre el Palacio de Invierno antes de huntnisten os, porque todas las afirmaciones y ne- te. La estancia donde dormía la Emperatriz dirse en la. triste noche bolchevique de liara- Tgativas están ya encerradas en las. páginas dé- Alejandra Federovna. orlada con un friso ma- pos y sangre, de la cual ahora tornará a surUnos libros; pero este tintero sin historia nos ravilloso, pertenece ya a a serie de deslum- gir como ave Fénix renaciendo de sus propias tienta y conmueve con las historias cuy se- brantes aposentos, que constituyen- la fama cenizas. creto guarda. Mil veces y una Vez, en el brillo universal del Palacio de Invierno Sigue el sadel cobre sobre el que lío había caído toclavía J lón ele aquella Zarina donde daba audiencias. MELCHOR DE ALMAGRO SAN MARTIN ABC E DIARIO ILUSTRADO DE INFORMACIÓN GENERAL, 25 CÉNTIMOS VB E