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MADRID DÍA 12 SEPTIEMBRE 1941 NUMERO SUELTO 25 CENTS. g tf M? ENTRAÑABLE A copla resonaba en las- callejas con el Madrid la permanencia de rótulos y tidejo triste del cstramboté- sabe Dios ADRID, como gran urbe, es. ciudad de tulaciones de establecimientos que no estusi volverán Los mozos, en nocturna bruscos contrastes; quizá más que nin- vieran en castellano. Se había llegado, realronda, recorrían el pueblo, deteniéndose bajo guna otra de su categoría. Frente á mente, a una invasión. Era insultante la colas ventanas de las novias; las guitarras, más aspectos poco a tono con su condición de piosa manía de ponerle a cualquier tienda o que cantar, gemían, por. él dolor de aquella noche oscura, última del cortejar y de la espe- capitalidad y de cosmópolis moderna, pre- café un aparatoso letrero que, muchas vece? ra de madre en la casuca. Eran tiempos de senta otros que las más importantes y ade- no quería decir nada. Se había llega o a tan pueril afición a lo que tuviese un sabor exmaligna y cobarde propaganda en que el ho- lantadas del mundo envidiarían. Teatros y cinematógrafos, por su número tranjero, que se inventaban palabras sin sigrror al gorrillo de cuartel superaba al del prey por la suntuosidad y confort de muchos de nificado. Como esta música negra- -o amerisidiario, ambos de igual forma y hechura. cana, para el caso es igual- que no es música, Luego, al amanecer, en las afueras junto ellos, hacen de Madrid, proporcionalmente, una ciudad privilegiada. Y si hemos de re- sino, ruido inarmónico y que descarta- a la a la carretera y la ermita, o en la estación de ferirnos a cafés, restaurantes, bares, salones que tiene un sentido melódico y un tfitnio inciertas lucecillas, lágrimas, consejos- no de té, etc. habremos topado con el aspecto normal. te expongas, hijo; ¡pa lo que te han de dar! Pues bien: no creo que deba darse por teren que nuestra capital no tiene actualmente ri Pero el cuartel recibía a ló s quintos- cual val en el mundo. Multiplícanse con febril obse- minada la tarea de raer lo exótico y buscar cu fiesta mayor del regimiento; de regocijo sión, diríase que con maniático prurito de respeto para nuestro idioma. Si es un paso rebosaba el patio; la música y cornetas atro- superarse unos a 1 otros, y el local que apenas muy importante el de quitar de en medio los naban, y el coronel, saliendo de un gran gru- cuenta con dos o tres temporadas de exis- letreros de los establecimientos, quedan por po de oficiales, pasaba revista a los reclutas; tencia, siente la necesidad de apremiantes dar otros. Por ejemplo, por qué. estos canhecho un silencio, que imponía a los recién reformas, que lo transformen y presenten tores, que ahora llevan t o d a s las orquestas llegados, decíales cosas de España que jamás como la última palabra en punto a decora- han de decir la mayor parte de sus canciones oyeran, de la bandera de la Patria, de la glo- ción, originalidad y buen gusto. en idiomas extraños? Si les parecen tan inria, del deber, del Iionor, y los muchachos esY Jo cierto es que- contra lo que ligera- sustituibles esas melodías- -concedamos qus se cuchaban sin acabar de comprender porque mente se afirma- -los otros cafés de tipo tra- puedan llamar asi- que las traduzcan. Pero, traían acorchado el corazón y encogido el dicional no acaban de fenecer. Cuando algu- señor, ¿es que no hay canciones españolas ni ánimo. no de ellos finiquita por derribo ó de pura música de baile que no tengan que formarse En seguida, el tráfago del baño, el reco- vejez y natural acabamiento, suele dedicarse a base de toda esa cacharrería insoportable nocimiento del médico, el vestirse con ropa la consabida elegía al último café romáin 1- que son las orquestas del antipático jazz y con nueva que olía a la nafta del almacén; la tico Pero quedan y sobreviven no pocos, un micrófono qué canalice cancioncillas de vacunadla entrega de los correajes, y la cor- más o menos recatados por ahí, viva- -o fuera? neta llamando a cada instante para Ignora- muerta- -evocación de una época pintoresca En todos los órdenes, hay que fomentar la dos menesteres; todo de prisa, entre voces de y amable, que tiene ya su nimbo, y su nos- españolización. Sería cosa de hacer una cru ¡Vamos, a formar! Aquel trajín no daba talgia. zada del lenguaje y de las costumbres. No ya tiempo a la nostalgia; mas empezaba a des- Plácenos, por ejemplo, llevar al amigo, en el aspecto que propugna una benemérita pejar las nieblas del corazón. El ejercicio, la huésped de la ciudad alegre y bulliciosa, cu- institución madrileña, sino en este otro de la gimnasia suavizaban los goznes, casi rígidos, rioso de sus cosas, a otros más recatados si- desaparición de lo Uc no tiene un signo limde los brazos y piernas. Ya la sensibilidad tios, que son como escondites del pasado; del pio y estrictamente español. Porque las pala- iba surgiendo, y un día, al sacar la bandera pasado y del futuro, porque lo cierto es quebras soeces y las costumbres poco decorosas al son del Himno nacional para prestar el ju- nada hace prever su desaparición. son cosa aparte, que tienen su tratamiento, Al huésped de la ciudad le salen al paso que se corrigen, generalmente, entre las caramento, los reclutas sentían el nudo en la garganta, el escalofrío nervioso, síntoma in- los locales resplandecientes de luces y de pas inferiores de la sociedad. Pero los nomlujo. Pero hay que llevarlo también, por bres extranjeros, las palabras que no tiefalible de su transformación en soldados. Así se formaron siempre en España los sol- ejemplo, en la tarde ardorosa de este final nen nada que ver con nuestro abundante- y dados desde los más antiguos- tiempos, porque de estío madrileño, cuándo los celajes cre- expresivo castellano, las músicas negroides, los del mismo modo que en cada bloque de grani- pusculares se tiñen de oros y púrpuras, de cantores que han aprendido un molesto reper to hay una maravillosa obra de arte que sólo acerados azules y finas irisaciones- -presagio torio de absurdos aires y vocablos no españoles, espera al escultor genial, en cada español hay del claro y áureo otoño matritense- a una todo esto se halla costeado, aplaudido y sabo. un héroe que aguarda solamente la ocasión de de esas horchaterías penumbrosas, que re- reado con deleite por gentes más cultas y más mostrar su grandeza. Hoy, el ambiente de Es- zuman- -de las esteras y persianas que a g ui- distinguidas. -Contra esta invasión del ex. paña, purificado por el huracán del glorioso sa de tapices las decoran- -un fresco y hume- tranjerismo, hay que reaccionar. Las épocas pasadas pudieron tener esa significación deí Movimiento, que barrió escorias de otras épo- do olor de paja. as, llega a las aldeas, envuelve las grandes i Nuestro amigo descubre y degusta, en el gusto por lo extraño. Ahora, no. Hemos de frescor de este ambiente exótico y nuevo sentirnos más españoles que nunca. En lo poblaciones y satura de recio patriotismo la para él, una- bebida refrescante y única en grande y en lo minúsculo. En lo ¡uc tiene conciencia nacional. Las madres lloran, pero el mundo: la horchata de chufas. Y advierte una trascendencia visible y en lo que no la sin lágrimas, -y la novia prefiere a sus amores en este popular brebaje natural, espesa y muertos antes que pusilánimes: los- mozos mar- deliciosa linfa helada, privativa de España, descubre ni aparenta. Porque, muchas veces, chan sabiendo que- -lo han visto con sus ojos- -una venilla oculta de su entrañable urdim- lo pequeño tiene un valor sintomático. Y los el sacrificio es ün derecho hermoso, y que la bre, de su geográfica, folklórica, original áíntomas, a fuerza de repetirse, se convierten en causas. vida y la muerte son designios de Dios. Hoy personalidad. Este huertano horchatero, esta Como desaparecieron los letreros, por un no llegan los quintos ni ayunos de lo que repre- tienda escondida, rezumante de gratos o prc sentá su regimiento níieiiveneuado el alma del de la tierra, esta bebida a ninguna otra pa simple mandato de los regidores, pueden des. virus obrerista: hoy el Oficial es quien modo reeida (ni. siquiera a la que al salir a la calle, aparecer otras rnuchas manifestaciones que la, esculpe y pule, y el Maestro de Escuela en los aguaduchos de las aceras, no es sino pt Í; W í flUeJiieren la scnsibí idad. -Iga sé que (con mayúsculas) el que de la cantera, extrae su chirle falsificación) son una de tantas muchas UéBónas no han sentido ésta pie... y desbasta los bloques; la cantera es verdaderas y sencillas cosas que, en su pe- ocM pííctófi! porqtie nó se Máif parado a pensar dula, magnífica. Que nuestro: Oficinl s y nues- quenez y su modestia, n dofinir en ello. Pero, si se fijan un poco, comprenderán tros Maestros lo sean III I! M II, y el porvenir y diferenciar la fuerte personalidad tic nues- que las advertencias de este modesto comen España esh i resúílio. e tarista no están del todo faltas de razón. ira E s p a ñ a L iK C SR AT O i -RAxciíco- CASARES Josú Di- DE QUJJANO L YA SE VAN LOS 0 U 1 N- RINCONES MATRITEN- CONTRA LO EXÓTICO SES DE LA ESPAÑA ACE algún tiempo, con intención plausiTOS. MADRE... ble, prohibió la autoridad municipal de ABC M DO. AÑO f R 1 C S 1 M OCU A R t 0. i N. 1 L 092 tí r i w H