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XJANDO, hace justameilite un mes se nos murió Salavetiría hubiéramos querido proyectar h nuéstras palabras, apremiante? y doloridas de aquella noche, toda la justicjia que Es- q paña debe a la labor p perseverante y serena del gran escritor. estado de El dd nuestro espíritu, nuestra entrañable afección por el compañero se nos iba, la nerviosa avidez de rotatívas, debieron empequeñece! el intento. Nosotros, al menos, no: sentimos aún en deuda con la figura de Salaverría, escritor y periodista. De esa sensación íntima ha nacido, este humilde recordatorio c hoy. Es ce Salaíverria hucortó, porque al propio Sa biera tepugngdo distraer iemasiado espacio a la vibración diaiia de las realidades informativas; y jorque no tiene la pretensión, inadecuada en un diario, de agotar un tema que la crítica abordará muchas veces áúñ en re- vistas especializadas, Representa, en suma, con una reiteración de nuestra; emocionadas palabras de hace un mes, la aportación a la corona qué con ellas quisimos formar, del tributo de. otras plumas ilustres, predilectas, sí, en nuestra estimación, pero ajenas, al fin y al cabo, al coto estricto de nuestra propia Redacción: más autorizadas, por eso mismo, para el elogio que en nuestra boca desmerecía. Con sus cuartillas incluímos- -ningún homenaje mejor- -algunos artículos del pro o Salaverría, entresacados a vo 3 de las colecciones de A B C, y algunas fotografías de su vida andariega y despierta. Un simple recordatorio, repetimos, tocado de la sobriedad, de la emoción y de la serenidad que puso siempre en sus propias glosas nuestro llorado compañero. K Retrato del ilustne escritór, teit iu primera juventttd.