Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
W; -A MADRID DÍA 17 DE A B R I L DE 1 94 0. NUMERO SUELTO 15 CENTS. 1 t RUIDOS URBANOS AY dos clases de ruidos urbanos. unos a ios que se puede considerar como el residuo o subproducto dé la iacti- vidad colectiva, y, otros, que, lejos de ser una consecuencia, -son mas bien; una vinculación de ésta actividad. Por lo que respec, ta a los ruidos madrileños, no temo pecar de ligero al incluirlos en la última de ambas categorías. Madrid. en: efecto, á lo largo de todos sus avatarés políticos, ha sido, siempre tina dé. las ciudades menos activas y más ruidosas del mundo. Gritos en. todas partes, pregones a todas horas, alta- voces públicos que Ensordecían ai. vecindario. (Discusiones én las que se yociferaba tanto más cuanto menos se. tenía que decir; ascensores destartalados, que pretendían sustituir la velocidad eon él estrepita, y; cho- feres que, estimando, corno principal misión del automovilismo 3 i dé hacer andar de prisa- al peatón, iban por las calles a paso de tortuga tocando furiosamente él claxon. én, todos los 1 cruces. Tal era el Madrid que todos hemos conocido. vPor fortuna, hoy van siendo eliminados v ya de la capital de España muchos. ruidos inútiles, y es evidente que la safad. del vecindario, por 1 no decir la de toda la nación, Lse beneficiará. con ello de un modo con- si- derable. A primera vista parece que el ruido no afecta, más- que a las; personas excesivamente nerviosas, pero los últimos ensayos de laboratorio han demostrado que hasta los sordos 1 pueden sufrir a causa dé él trastornos gravísimos; ¿Quién se, imaginaría, por ejemplo, que el ruido lograse cocer- h huevo de gallina? Pues hay ruidos 1 que lo cuecen, sin elevar en lo más mínimo su temperatura, y, pasado por estos ruidos el huevo queda exactamente como si lo hubiesen- pasado por agua. Los doctores Earl W. Flosdof y Leslie A. Giambers, sobre cuyas investigaciones acabo de leer un estudio, muy documentado, son los magos rao demos que, proyectando tin sonido agudo sobre un medio fluido, coagulan las albúminas que, puedan haber en él; los que, con un sonido de otro tono, exterminan en un momento millones. -de bacterias, y los que, por la simple y única acción dé otro sonido que. ellos conocen, lo mismo extraen un gas de cualquier sustancia oleaginosa que transforman (en azúcar eil almidón de la harina de trigo o rí de la fécula dé patata. A ellos es a quines, se debe ese magnífico trucó del huevo cocido sin calor, y, del conjunto de sus observaciones, se desprende una conclusión importantísima: la de que el sonido no sólo afecta a las- personas de sensibilidad agnado y oído delicado; sino que, por el contrario, aquellos, a quienes deja más indiferentes y no se defienden contra él, son los que están más expuestos a sufrir sus consecuencias: lesiones nerviosas, tras tornos, medrílares y; cerebrales, etc. etc. No es sólo por casualidad- -dic el doctor Freeman- s, notabíé pskfuiatfa norteameticano- por lq que. la inmensa mayoría D 0- A ÑO TRI GESIfJVI RO, CE N. de los enfermos queestán recluidos en nuestra casas de salud proceden dé ciudades, tan estridentes corno. Chicago y Nueva York. Si el ruido jpuede nidificar el estado tie un hué- vo, ño. hay razón alguna para que BO: TO- difique asimismo el del cerebro humano, cuyas tejidos, en último término; -están también constituidos a ba. se de albúminas. V Esto idieé d- doctor Fréemah- s y, hasta aquí, yo me hago, de buen grado, respon- J sable. de sus conclusiones, pero, -a partir; de. este punto, permítame el distinguido; Bójtabre, de tienda; que; rompa, mi solidaridad con él y le áb! tndóne á, su. sdérte; tJna cosa, ren efecto, es. que deban, suprimirse los. -ruidos c y ño J rl a t; í y J o l qéE j. j i t ut i humano tenga la, rnenor analogía, con, un huevo: de gallina. JÜLIO, GA; I4; BA. V H DELLENáUAÍÉ ilustre catedrático don Vicente Gay, director de la revista Nueva Bi. onotnia Ñiicionfll, ha publicado en ella un artículo titulado ¿Autarquía o Autarcía? én. el que trata- del signifitadocle. ambos tro- cabios y de la cpñYenietj. ciíide adoptar uno Ú otro para expresar eL moderno concepto. de capacidad de un Estado para- bastarse a s í m i s m o I El señor Qay desarrolla este tema con. tanta competencia y claridad, que sería ocioso vpl- i ver sobre el asunto si el articulo a que me refiero no terrninase con estas palabras: Yo apelo, humildemente, a cualquiera- de hijestros inmortales para que nos diga. a les. eco- nomistas, si debemos decir autarquía o autarcía. Así el prestigio literario patrio saldría ganando y los economistas podrían entenderse. Si don Julio Casares quisiera. ¿Cómo no fie de querer? En materia tan de mi gustp y vocación, y tan amablemente requerido, ¿cómo habría de negarme a echar mi cuarto a espadas? La palabra griega aularchía (donde la ch representa una) i y no una kappa, como por errata aparece en el artículo del señor Gay) significa mando absoluto y el vocablo, también griego, aiftárkeia, denota suficiencia Ambas voces tienen de común el elemento autos (por sí mismo) mientras en la primera entra el verbo archo (mandar dominar) y en la segunda el verbo arkeo (bastar, ser suficiente) Lógicamente, el concepto, económico que ahora nos interesa bautizar, que es el de la condición de un Estado que se basta a sí mismo había de tomar su origen en la voz autárkeia, que daría en las lenguas modernas autarquía o autarcía (pongo acentos superflubs para mayor claridad) pero como la lógica no rige sino en cierta medida los fenómenos del lenguaje, resulta que en inglés, por ejemplo, y ya en el siglo xvli, estaba en uso la forma aiUarchy, tanto para expresar autocracia como para denotar se han contentado) con. ía voz autocracia para indicar el, Amando absoluto y sólo eri época muy reciente, al adqújrir especial iihi portahciá el idéát de. la. independencia écp- hómlea, haii echado mano del neolbgistnó autarquía: n- el sentido je autosuficiencia España es, quizá, elí único país; eti que sé! puede citar una adaptación norma dé la aútárkéh griega, -que se toriviftió, al parecer, en awtár cia. Nó sé qué difusión tuvo esta voz: ni de dónde pudó sacarla elVpri mer lexicógrafo, qiiévlare gistra. Aparece en él Jíócabulário de todas ías voces, que fa tan a los, Diccionarios publicados, de Marty y Caballero, impreso en. iS S 7, y: figura con dos acepciones: i) A nt! ícüadp. Bienestar o moral, tranquilidad. 2) Frügalidadv s obrie- dad, templanza Soío sta; última acepción conserva algún vestigio de, la etimología griega, sí, se (piensa que él sóbrio; y él f ru- jg- ai se: contentan con poco y así se bastan a i misrrfos más fácilmente que el. guloso, Tan artificioso y- sutil ágidero no justifica a, mi entender, qué resucitemos (si es que realmente vivió alguna, vez) el vocabte; ctú- taréia; a msts de qué, a fin de poder érnpíéarlo con, el significado que desean precí sar. los- economistas, haüría: que imponérselo arbitrariamente como, una tercera acepciób. En- canibi o, la pal abra autarquía, en el sentido de autosüficienciá V no sólo corres ppiide. exactamente a la empleada por 1- ós paí sest totalítarips; que han planteado los: primeros con tód 6 su alcance moderno el problema de la soberanía económica, sino que est- á. incorporada desde, hace años al vocabulario, -dé. las personas cultas y ha tenido reiterado uso. Oficial hasta en ocasión tan solemne como la que representa el discurso del Caudillo a la entrada del año corriente. El vocablo po puede resultar anftbológicoí. poique nosotros no necesitamos emplearkv como los ingleses, en el sentido político de poder o gobierno absoluto Para este, menester disponemos de la voz autocracia acompañada ¡para mayor ventaja, de aiitocrático y autócrata Por último- -y esto desvanece definitiva- r mente toílo escrúpulo- -diré que el pleito- está, fallado desde hace af. os por la suprema autoridad legítima. La Real Academia Éspa- ñola, en la última edición de su Dicciona- rio, impreso en 1935 (aunque, por circuns rancias sobradamente conocida no se haya puesto a la venta hasta éste año) ha concedido carta de vecindad a la voz autarquía tcon una sola acepción, que dice isi: Condición o calidad del ser que no necesita de otro para su pjopia subsistencia y des- arrollo Espero que conisto los economistas po? cl ún entenderse dentro de la más irrepro- chabje ortodoxia, que él prestigio literario patrio habrá ganado tanto como se prpmé- tía mi culto amigo el señor Gay, y que por esta ve al menos, no se podrá imputar falta de diligencia a la docta Corporación. JULIO CASÁRE- S r. 1 (De la Beal Acatíemi Esfíañótey v