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X B C. MARTES 2 DE ABRIIi BE 1940. EDICIÓN DE LA HAS ANA. PAG. 17, del Estado, se detuvo unos momentos, subiendo i l mismo el general Saliquet. La Guardia mora se retiró a la derecha do- la tribuna del Caudillo, y el Generalísimo, en sú coche, acompañado de los generales Várela y Saliquei. sin guairdiá alguna, se dirigió hastr. el Hipódromo Til- pueblo, enardecido de entusiasmo, deseóse de cortemiplar a sus anchas la figura invicta del Caudillo, hizo objeto al Jefe del Estado. Je una ovación formidable, aplaudiéndole sin cesar. Pocos momentos después regresó el coche, y a las once y- veinticinco el Caudillo subió a la tribuna, reproduciéndose la, s ovaciones. El Generalísimo correspondía a ellas brazo en alto. A sus lados estaban los generales Várela y Saliquet. En este momento cruzan los espa. cios varias escuadrillas de aviones, haciendo el público objeto de grandes ovaciones a los heroicos aviadores. EL GRANDIOSO MONUMENTO A NUESTROS MUERTOS El Boletín Oficial del Estado publica en su número de hoy el siguiente decreto do la. Presidencia del Gobierno: La dimensión de nuestra Cruzada los heroicos sacrificios qiie la Victoria encierra, y la trascendencia que lia tenido para el futuro de España esta epopeya, no pueden qtiedar perpetuados por los sencillos monumentos con los que suelen conmemorarse en villas y ciudades los hechos salientes de nuestra Historia y los episodios gloriosos de sus hijos. Es necesario q e las piedras que se levanten tengan la, grandeza de los monumentos antiguos, que desafíen al tiempo y al olvido y que constituyan lugar do meditación y üe reposo en que las generaciones futuras rindan tributo de admiración a ios que les legaron una España mejor. Á estos fines responde la elección de un lugar retirado doríSe se levanté el tem. pló grandioso de nuestros muertos en que por- los siglo o sé ruegue por los que cayerpn en el camino de Dios y de la Patria. Lugar perenne de peregrinación en que lo grandioso de la naturaleza ponga un digno marco al campo en que reposen los héroes y mártires de la Cruzada. Por ello, previa deliberación del Consejo de ministros, dispongo: Artículo 1. Con objeto de perpetuar la memoria, de los que cayeron en nuestra gloriosa Cruzada, se elige conio lugar de su reposo, donde se alcen, basílica, monasterio y cuartel de Juventudes, la finca situada en las vertientes de la Sierra de Guadarrama, término de El Escorial, conocida hasta hoy eori el noínbre de Cuelgamuros, declarándose de urgente ejecución las obras necesarias al efecto y siéndoles de aplicación lo dispuesto en la ley de 7 de octubre de 1939. Art. 2. IJOS gastos que origine la compra del lugar y la realización de los proyectos serán con Cargo a la suscripción nacional, que quedará, en lá parte que corresponda, sujeta a esté fin. Art. 3. Por la Presidencia del Gobierno se nombrará la Comisión o comisiones necesarias, a fin de dar, en el menor plazo, cima a esta obra. Así lo disp ongp por el presente decreto, dado en El Pardo, a 1. de abril de 1940. -Francisco Franco. Las representaciones de la Mocidade portuguesa y del Fascio italiano Terminado si desfile, y después de pasar la co. mitiva del Caudillo, atravesó en correcta formación las Avenidas- del Genera- lísimo y Calvo Setélo la representación de las Mocidades portuguesa uniformada con camisa verde. Llevaba delante el guión dí raa ndo correspondiente. El público aplaudió con entusiasmo a los camaradas portugueses, y se oyeron muchísimos vivas- a Portugal. Ta, mbién fueron muy aclamados los representantes del Fascio italiano en Madrid que desfilaron igualmente con sus camisas negras y el respectivo guíó n. La. multitud les hizo objeto de un homenaje de- simpatía Se dieron también muchos vivas a Ifalia. El Sr. Serrano Súñer, ovacionado Cuando ya el imponiente gentío llenaba, por completo, además de los andenes, la calzada central d- e las Aye nidas citadas, en des file hacia los respectivos domicilios, pasS por dichas vías, en un pequeño coche abierto, de cuatro plazas, el ministro de la Gobernación y presidente de la Junta, Política, Sr. Serrano Súñer. La multitud rodeó bien pronto el cocha del ministro para ovacionarlo y. vitorearlo. Así, entre incesantes aclamaciones a Franco, a ía Falange y al Sr. Serrano Súñer, el auto marchó lentamente y con grandes dificultades, por las avenidas del Generalísimo y de Calvo Sotelo. La espontánea manifestación de cariño adquirió tal intensidad, que muchas personas se subieron a los estribos, del coche y fueron así con él. Varias veces se oyó. esté grito al lado mismo del Sr. Serrano Súñer: ¡Arriba la F a lange! Y el ministro, de la Gobernación. replicó: ¡Por Franco, Arriba España! Ya en la Cibeles, al intentar subir a la calle de Alcalá, lá enorme aglomeración da público obligó al Sr. Serrano Súñer a. variar el itinerario que llevaba. El coche tuvo que romper con grandes dificultades el cordón de eníusiásías, y continuar 1 por el paseo del Prado. La multitud siguió aplaudiendo y vitoreando largo rato al presidente de la Junta Política. El Caudillo condecora al general Saliquet El ministro del Ejército, general Várela, lee el decreto, por e! que se concede al heroico general, Saliquet la medalla Militar. Una, Vez terminada la lectura, el Caudir lio impone a. dicho general la condecoración, pronunciando éstas palabras: En nombre de la Patria y por tu pericia en la campaña té condecoro. Una enorme ovación y vivas al Caudillo y aí general Saliquet siguen a esta ceremonia. Seguidamente, el general Saliquet desciendo de la, tribuna para incorporarse al frente de las fuerzas que van a desfilar. Orden del desfile A las doce menos veinte comienza el desfile, que resulta brillantísimo. Sé verifica e i la siguiente forma: General jeíe del Cuerpo de Ejército de Guadarrama con su Estado Mayor y enlaces- motorizados; gr. upó de exploración y explotación número 1 (escolta del general del Cuerpo de Ejército) Representaciones áe la líarina, representación del Ejército del Aire, general jefe de la división 11, con su jefe de Estado Mayor y su ayudante, bandera con es- colta de oficiales; egimiento de Infantería número 1, Tejimiento de Infantería número 2, regimiento de Infantería, núm. 42, regimiento de fníántería número 43, bataT llón de Zapadcrei, grupo de Transmisiones y, grupo de Artillería de Montaña. Genera? jefe de la división de Caballería; con su jefe de. Eitado Mayor y ayudantes. Primera Irjgada de a división flc Ca- balicría gruí. o del- regimiento de Artillería a caballo y escuadrón d, e Zapadores. Camaníante general de. Artillería, v un jefe a sus órdenes y ayudantes; regimiento de Artillería número 1,1, regimiento de Artillería numero 13, regimiento de Artillería Eúni. ero 1. regimiento de Artillería número. 71; general jefe de la división numero 13 inspector ¿el regimiento de Carros í e roíni. íite, con su- jefe de Es -tido mayor y ayudante; regimiento mixto de máquinas de acompaña mieato número él, Intendencia motorizada. Sanidad motorizada. Farmacia motorizada, Veterinaria. torizada v regimiento de Carros de. contrate número 1: Los jefes de escuadrón, batería q unidad, al llegar, cerca de la tribuna del Generalísimo, daban la voz de Vista a la izquierda y un ¡Viva España! El desfile de las fuerzas militares resultó impresionante, saludando el público a su paso con vivas al Ejército y a España. Por último, desfiló una bandera de Falange Española Tradicionalista y de las J. Ó. N. S y otra de Organizaciones. Juveniles y varias secciones de la G. N. S. con. sus guiones, que fueron aplaudidísimas. Con esto se dio por terminado eí desfile, y el público, que no había cesado de vito- real. al Caudillo, entonó el Cara al sol y escuchó cen gran fervor los acordes del Himno nacio nal. Una, vez terminado éste, el Caudillo descendió de lá tribuna, reproduciéndose, círa. más entusiasmo, -si cabe, las. ovaciones y Vivas con que. fue aclamado durante toda la 1 mañana, El nuevo guión del Caudillo Madrid- conoció anteayer y ayer el nuevo guión del Caudillo. La insignia va colocada; en la parte delantera, del automóvil del Generalísimo. La insignia del Jefe del Estado ha sido señalada, después de detenidos estudios, por la R, eal Academia de la Historia. El, Guión o Pendón Cabdal (es decir, pro- pió, del Cabdillo o Coudillo) es cuadrado, de tres a cuatro palmos (aproximadamente V 5 centímetros) de lado, terminando en tres dientes o farpas redondas, co- n fo do de púrpura, el color nacional por excelencia, cronológica y heráldicamente. Sobre este fondo; va bordada dé oro engolada en cabeza de dragantes de oro también lingUados dé gules. Se ven dos columnas de Hercules, -la diestra coronada con corona imperial y la izquierda con el coronel español. En uno de los valles que se abren en la alta Sierra de Guadarrama- va a alzarse por disposición del Caudillo un motijtmento a los Caídos, no al estilo de lót puramente funerario que llora la muerte, sino ce- mo exaltación de ella cuando el sacrificio fue como ofrenda a Dios y a la Patria. Basílica, monasterio, cnmiel de Juventudes... Hacia aquellas cumbres, en el recogimiento y gran silencio de la Naturaleza, irán los peregrinos a orar y a meditar. Seguramente el monumento arquitectónico que allí se alce tendrá la grandeza que impone la idea y que pide el feliz emplazamiento elegido para que en nna. de las montañas del sktema central, se reúnan las, peregrinaciones de pa- triólas creyentes. AHÍ, el monumento a los Caídos, el templo y el cuartel dirán lo que fue la Cruzada como oración, como combate y como sacrificio. La feliz idea que ha tenido, forma y articiíláción en la memorable fecha de ayer, va a dejar eu. piedras, en plegarias y en moldes de discipUtw, para ejemplo de los siglos 1 y enseñanza dé las futuras generaciones es pañolqs, la mejor memoria de nuestra empresa, rrazas y hasta los tejados de las casas gritaban ¡Franco, Franco, Franco! y a. plaudían y vitoreaba n con entusiasmo delirante. Todas sentían la emoción del brillantísimo desfile. Eí paso de la Aviación, de, la Infantería, de Marina, de la Artillería, etc. había resultado magnífico. magnífico tamY bién, en grado superlativo, el desfile- de la gloriosa Caballería, que tan lucidísima, actuación tuyo en la, guerra liberadora. margen Flechas y cadetes Una pura emoción cruzó sobre, la multitud cuando presenció el desfile de los flechas. Rígidos, con un paso rítmico y acompasado, muy serios, muy hombres los flechas desfilaron impecablemente. Detrás de ellos, los cadetes, lo hicieron de modo insuperable. ¿Qué, magnífica juventud! ¡Qué escuela de disciplina y de obediencia! La visión de esa niñez prometedora y de esa infancia, segura de sí misma 1, no se borrará, del recuerdo de quienes la tuvieron. Escaleras y periscopios El interés dé la, muchedumbre por el desfile de ayer, se advirtió en, múltiples cVetalles. El -principal; quizá, fü é el gran número dé escaleras de mano que se utilizaron a lo largo de la carrera que habían; de, seguir las tropas. De los barrips. se veían; llegar a, 1 la avenida del Generalísimo familias enteras que portaban alegremente! las escalas desde las cuales pensaban presenciar el magnífico espectáculo. También, y por; ijrime, ra vez, emipezardn a. usarse, los periscopios callejeros, tan comunes en el extranjero y, sobre todo, en Berlín. Vimos dos muy rudimentarios, for- v m- adbs por un listón de madera, y un ésptyito. s u s poseedores, sin iempinars e ni- El Caudillo abandona el lugar del desfile. Aclamaciones entusiastas R- odeado de la guardia mora, el coche del Generalísimo abasndonó la Avenida que lleva su nombre, epn medio dé attlamacioxies fervorosísimas. Los miles de personas i ué su agolpaban a. un lado y, oircr del paseo, y las que llenaban los balcones, las te-