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DIARIO ILUSTRADO. AÑO TftlGE S 1 MOSEGUNDO. N. 10; 562- M f EL GRAN REACCIONARIO de CZarÍK qüe usaba un sombrero anticuado. 1 y todo el pueblo: se reía de él; hasta que, por designio de los elegantes; de Londres, el sombrero anticuado volvió a estar de moda, y todos los del pueblo se apresuraron a usar una clase igual de sombrero. Que es lo que está sucediendo actualmente en el mundo de las ideas y los sentimientos. DIARIO ILUSTRADO. AÑO TRIGÉSIMOS EGUN DO. N. 10.562 f ÍOUE SEA IGUAL OUE AOUELLA! Los vecino -de un pueblo español han pedido a un cbculioi de fama que le í t próduzca su Doloiosa, que fue de tiuiria PQi los rbjos- i Xsa 11 gen de Salzillo Una de las más bellas imágenes del famoso c cuitof. Y para que el aitista a quien ah. 011 se encomienda la difícil copia sepa y coi O7 t, a bien- CÓmo eia la que desapaiecio, lob vecinos, cada- vez que le hablan, en giupo o individualmente, se echan mano a la catteia y sacan una estampa, una fo ogiafn- -Mire usted. Así era. Y suelen añadir -Por lo que usted mas quieia no c ckie- llevar de su piopia insp íac on H a v i u ís ai completamente i a iial Si no no la quui mos Y alguno de estos peMconano ha a 3i dido: En los comienzos de este siglo, o sea en la. pleamar del liberalismo, Vázquez de Mella andaba pbr ahí ostentando valerosamente sU Cualidad de puro y. total reaccionario; Era entonces el único tradicionalista JOSÉ MARÍA SALAVERIA. de nota que levantaba la voz en el Congreso y e n los mítines. Y tenía, ciertamente, la voz muy alta y una elocuencia desbordante. Con algunos decenios de distancia, Yaz- quez de Mella venía 1 a decir las mismas cosas, y con la misma abundancia verbal, que Emilio Gastelar, sólo que desde e! otro lado En plena guerra- -marzo del 37- el nade la ideología política. Venía de común con ciente Estado español tenía energías para Castélar el don de dejarse conducir por el pensar en la paz que habí ¡a de alcanzar y arrebato histórico y hacer que la Historia de sabía aunar, a su esfuerzo bélico, el consEspaña ss convirtiera, en una lírica evoca- tructivo de un porvenir que no podía facióivde los magnos episodios, con un fuego llarle. Y mientras sus saldados iban i ecoy hasta un desenfreno romántico, que se siendo el tapiz nacional, lleno de desgarratransformaba en verdaderas fugas poéticas. duras, sus hombres de ciencia, adelantándo Y fue entonces cuando el sol, cautivo de se a las vanguardias más audaces. tiaDajanuestra Corona, parecía el ósculo con que -ban enfrentándose j a con los problemas de Dios, agradecido, besaba la frente de Espaestas pa ibras el ña... De este género de frases estaban lle- la. victoria. Nos sugiere ha caído en nuesproyecto, que por azar nos sus discursos, de los que ha hecho una tras manos, que firma el ingeniero 5 e CaAntología, breve y bien cuidada, don Juan Benéyto, quien, además, ayalora el volumen nñnos don Antonio Aguirre, de un tjnol de carretera para salvar el Puerto de Guadacon un prólogo tan explicativo como enrrama. Precisamente, cuando este ii Remero jundioso. o redactaba, la gueira devastaba aquellas laEn aquella. pleamar del liberalismo, Váz- deras abiuptas, donde la artillería segoviaquez de- -Mella- flotaba con perfecta seguri- na se había cubierto de gloria y que un ledad, y siempre encontraba uno de esos dis- jano día de ventisca- egún cuenta Marbot tritos cebradamente carlistas qué le propor- en sus Piernonas- -habí- rn- risto- Sub r a pie, cionaban; con ¿li acta, el poder bullir y ha- y dando pat uazos fti eí hielo, nada menos blar en ei Congreso. Porque en él se daba qu 2 al emperador Napoleón, cogido del brala paradoja de ser, a! mismo tiempo que obs- zo de sus mariscales tal y como los primates tinado antiliberal, un vicioso, digamos así, socialistas- -aunque éstos, con mejor tiemdel Parlamento, donde encontraba amigos, po- -abrían en Mrdrid la manifestación de! contradictores y la atmósfera de polémica primero de ma o. que su ser combativo y elocuente necesitaba. El Cuerpo de Caminos, que ya en estos Que es lo, que sucedía; también al admira- años de prueba se ha distinguido prestando do Antonio Maura, que; siendo por doctrina servicios arriesgados y eficacísimos, podrá, y temperamento tan conservador y enemigo muy justamente, enorgullecerse de esta obra del popularismo, era en su tiempo e! más puro 1 y ¡rígido defensor cbl régimen parla- del túnel serrano que, J ejecutarse, prestamentario. En Vázquez de Mella se daba otra rá a Madrid- beneficios incalculables. Ya que paradoja, la de ser idealmente un- derechis- esta carretera, que salva la. montaña a 1.500 ta, y un católico absoluto, y personalmente metros de altura y cuyo trazado, anticuado un bohemio. Un hombre que se acostaba al en desarrollo y pendientes la hace costosa amanecer, que vivía sin- cuidarse del valor y Ikna de peligros auténtieos, no responde del dinero y qué no dejó una obra meditada a las necesidades de i- a capital de España, ni y ordenada. Su vida se reduce a un largo es más, que un vivero de dificultades y de discurso. Un discurso, eso sí, magnífico de o- bstácüíos en un tráfico normal. Con sus rampas, que alcanzan en determinado sitio retórica y de resonancias: españolistas. En. aquel tiempo era muy- difícil el oficio una inclinación del dieciocho por ciento, y de reaccionario. Puede decirse que todo ei con sus curvas de nequeño radio, es excepmundo era liberal: catedráticos, periodistas. cional el día en que no enriquece su histo. escritores, burgueses y títulos del reino. To- ria con una nueva catástrofe. davía recuerdo la impresión que me produ- Poiíqua el Puerto del Guadarrama lo atrajo el ver que me llamaban reaccionario, viesan al año, en ambas direcciones, doscienallá por los años de la Guerra Europea, tos cincuenta mil vehículos, es por lo que se cuando andaba yo embarcado en una furio- hace- inexcusable el ejecutar sin atenuaciosa campaña en favor del optimismo espa- nes este proyecto de túnel de algo más de ñol Entonces nadie ni era optimista niespa- cuatro kilómetros de longitud, que ahorra ñolista en el mundo de la intelectualidad, otro tanto de recorrido en el paso de la Siey todos se revolvieron contra mí conside- rra que suprime veinte curvas y doscientos rándome un tránsfuga y un odioso impor- cincuenta metros de altitud. ¡Qúe. la sombra del ¿Arcipreste, siga cruzantuno. El título de reaccionario significó entonces para mí la pérdida de amistades, la ex- do, penosamente, éstos parajes por sus pa pulsión del trato de ciertos medios y, gentes y ísos cime- ros, a, Ipnio de. su muía juiciosa y? el ser condenado a esos silencios y a esas crí- segurísima! pfr. S ífi íéámiones y autobuses ticas insidiosas que hacen tan amarga y difí- puedan, en pierio invierno, ir de San Rafael cil la carrera literaria de un escritor. Aunque a- Guadarrama en diez minutos, con mayor no sé, por otra parte, si las derechas se han seguridad todavía! Será una deuda de gra- portado conmigo con mayor justicia y ge- titud que contraerá- Madrid cori el Gobiernerosidad. A Vázquez de Mella no! e pre- no dé la nación y muy especialmente con el ocupaba el titulo de reaccionario. Más bien- señor ministró; -de Obras públicas- -para io lucía con orgullo y con cierto alarde pom- quién todo clima de dificultades y urgencia poso, convencido, tal vez, de que una idea es clima propicio- y que Madrid no sabrá inactual puede- convertirse mañana jen- ác- ajamas olvidar. tual. Como? aquél; personajetoiua- éfe i E L MARQUES DE QUINTANAR EL PASO DEL GUADARRAMA pueblo- -podrá olvidarse nunca de ü- n soto- ras- go de. la- imagen. La llevamos den- tro. He aquí un ejemplo típico de cómo es España. Ninguno de. -Heljín podra olvidarse. Hubo muchos que afrontaron el riesgo- á- e llevar, por los caminos y- los. aza res- rójos, la estampa en -la icartera. 1 La; quieren, -oíia. vez, igual, tal como era. Y- íisi- n, embargo, gentes; del mismo: püeb 9 la as- ss- iriaren ¿Qué. ola: ele locura se- metió por comarcas y lugares? ¿Qué maldición dé Dios c- ayó sobrí; las. tierras de España para cjue ÍVjese posibía qué; los que aprendieron- las pjimeras oraciones bajo una. imageh lo- S que- r ccibierd n junto- a ella las. aguas feautí- srailcs, los qus se ca arcn a los pies de su alUr, pudieran uf día llegarle hasta elia y, in duelo ni tcmljlórés, la apuñalaran o la llevasen A una hoguera? Se les- dijo, sin duda, qué la Virgen era fascista Y la emprendieron a golpes, entre blasfemias y espumarajos de rabia, contra una obra maestra que, si en lo artístico n- o tiene precio, en sil valer simbólico es nexo de conciencias, sutura moral de ilusiones y ufanías, denominador común de creencias y- sentimentalismos. Acude, ahora, a mi recuerdo, la impresión que me hizo ver en La Rábida un retrato de Colón, apuñalado. Sobre el lienzo se abría una tremenda brecha: la de- un nava- jazo que manos rojas dieron al cuadro en los escasos díris que Hueiva estuvo en poder de lo- s marxistas. Creyeron cju- s se trataba de la efigie ele un santo. Para los rojos no había historia, ni cultura, ni respeto. Colón no les decía nada, absolutamente nada. Las imágenes, tampoco. Ni siquiera en su- valor artístico. La ilusión de los que ahora quieren ver, de nuevo, a su Virgen, tal como era, le devuelve a uno, en cierto modo, la satisfac- ción de ser español. Porque en tanto quedo en los espíritus una pequeña dos ¡5- -por corta que ella sea- -de afición a los símbolos, de amor por lo que tiene rasgos tradicionales, estaremos salvados. Los que asesina- ron a la Dolorosa ás- Htílín eran- -ios locos, los contaminados. La minoría, en suma. Los más y los mejores son estos que: reclaman que la imagen sea igual que- la otra, los que la llevaban en su cartera, afrontando el pe- ligro de registros y la seguridad- dramática de. las represalias, los que, en fin, dicen que quisieran ser e s mismos escultores porque, entonces; nev- tendrían du, da, al empíerider la, copia, ya que la imagen, tal cómo pfeáidi ó durante el paso de sucesos, hombres y ge- neraciones, la vida del pueblo devastado, la lleyan ellos dentro v FRANCISCO CASARES