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DIARIO ILUSTRADO. AÑO TR 1 GESIMOSEGUNDO. N. G 10.557 -Jtf talmente acabamos de sorprender, nos seduce por su intenso dramatismo y por muchas Los niños españoles, singularmente los cosas que en ella identificamos con las pro las estudiosos, los que saben Jeer y escri- pías, aunque nos separen a largo trecho la bir y son flechas o pelayos con ambi- geología y el mapa, el destino y el clima ción de otras muchas categorías, deben aíio- racial. Porque no sólo queremos ver en aquera va recuerdo, fuerte y sensi jle, lleno de llos raudos bajeles un simulacro de las fragatas españolas, capaces de influir, por su ternura, a ios niños de Finlandia. Hay que pensar en ellos desde aquí y, ver arrogante virtud, en el lienzo marinero de que hay sangre valerosa y noble recién ver- todos los siglos. No sólo nos une con el tida en la nieve de aquel anillo báltico, cuya Ejército finlandés el reconocimiento de una blancura no derrite el- sol ni siquiera cuando valentía que referimos con orgullo á las permanece en el cénit durante largos días huestes victoriosas de Franco, sino que se establece entre ambos pueblos la realidad de sin el reposo de la noche. Para nuestra imaginación meridional, es un enemigo común, la garra torpe y cobarde fácil eJ dibujo de una estampa finlandesa, de Rusia, de esa bárbara nación que ha un perfil sobre lagos fiordos y glaciares, sido anímicamente reconquistada por Asia agujas de hielo, rocas de. cristal, y la peniEn el fondo de aquel patriotismo, trágico llanura, apenas ondulante, con frecuentes y liberador, destacamos la figura tremante bosques en todos los terrenos donde no se y candorosa de unos niños que no disfrutan imponga el espino ártico como única vege- las vacaciones de Navidad, que no esperan íos regalos pascuales ni vislumbran el don tación. A tan peregrina fotografía, nada más su- prodigioso de los Reyes Magos, sino que gestivo que añadir un elemento humano, un- cierran sus puertas y sus ventanas al invaproducto que se agite y revolucione en la sor, para recluirse a pedir al cielo los benepágina fría y hermosa tan distante de nues- ficios de la nieve como una clemencia protros ojos y que tan vivamente exige hoy videncial Suplican y rezan con. ardorosa fe nuestra solicitud. Por ejemplo, un barquito para que Dios les atrinchere las fronteras de vela, siempre actual en aquella nación, con diques de blancura inexpugnable; que y siempre famoso en. el orbe náutico por tienda unos puentes mórbidos y congelados su actividad y servicios. Nos le imaginamos entre la costa maternal y las islas que aun sea navegando al través de cascadas y raudales, posible defender. Estoy segura de que los niños de España rápido y maravilloso como un ser de leyenda, tesonero y audaz, para llegarse a las fá- sienten hasta el fondo de su corazón la ínbricas de papel y luego trasmitir su intere- tima resonancia de aquellas oraciones y sisante carga, vehículo esencial de cultura, guen su rumbo con un recuerdo de fervorosa hermandad, el aguinaldo de una plegaria a otros puertos y a otros navios. La evocación de esta peregrina imagen dirigida al que todo lo puede contra los innos sugiere, de un modo ineludible, el re- fiernos seculares. CONCHA ESPINA. cjíerdo inmortal de nuestras carabelas, naves, históricas de España; aquellas gentiles embarcaciones, algunas de aparejo lusitano, empavesadas con lino de Aragón, velas que N O C H E B U E N A Debemos prepararnos a recibir y a fesdespués se han llamado latinas; aquellos vasos pequeños y atrevidos, un día gloriosa- tejar, con el significado de un símbolo glomente lanzados a los mares nuevos frente rioso, la Nochebuena católica, que vuelve a la inocencia incógnita de un mundo: que para España, toda entera liberada, después de tres años de horror, de infierno y de siempre esta memoria es para nosotros emo- martirio. Tres años en que el amor había cionante y ejemplar. huido del alma de los buenos, porque k Copia suya, lejana y bella, son los bergan- sustituyó un sentimiento de iracunda justines nórdicos fugaces y alígeros, todavía ticia y dé apercibida defensa contra el odio célebres en la navegación moderna y que congénito de los soberbios satánicos, que participan del encanto del ave y de la rosa, jamás amaron a nadie; ni a la Patria, que porque tienen alas y pétalos, la envergadu- nunca sintieron, ni a sí mismos, porque ra de un pájaro y el misterioso aroma de habían olvidado y deformado su origen celo inefable, como el- henchido capullo de un leste y su semejanza divina. Habremos de pensar que. en la estrella de esta Nocherosal. D més- de admirarlos, por gracia de la buena está, hecha luz de gloria, la sangre fantasía, nos espera allí otra bizarra tra- de nuestros héroes muertos, y la estrella es la misma anunciadora que daba con su dición, -igualmente excepcional; la de un irradiación celestial un tornasolado oriente bravo ejército de hombres esforzados, pa- de perla a la nieve de los senderos por ladines de su independencia, defensores de donde acudían, portando el oro, el incienso su patria y señorío, frente a la multitud rusa, y la. mirra, Melchor, Gaspar y Baltasar, innumerable y demoníaca. Y aumentan su Y recordaremos, con la lección de aquel relieve ante nuestra observación los fortí- gran italiano y gran escritor católico, que simos coraceros de la tropa finlandesa, es- se llama Giovanni Papini, que esos magos pejo de luchadores de la vida militar de que venían desde la lejana Caldea, o de Europa, valerosos jinetes en sus caballos de Ecbatana, o de las orillas del mar Caspio, extraordinaria potencia, que se crían en costeando el mar Muerto, por el gran desierto de los nómadas, entre las plateadas el país. Esta gran película, rara y. triste, que men- sierpes de los ríos, el Eufrates y el Tigris, DIARIO ILUSTRADO. AÑO TR 1 GES 1 MOSEGUNDO. N. 10.557 f y qu hemos dado en llamar reyes, nos cuentan las historias verdaderas que no eran tales monarcas; pero eran mucho mus, porque entre los medas y los persas eran los amos y señores de los reyes. Porque los reyes mandaban en los pueblos; pero los magos guiaban a los reyes y representaban la parte del espíritu entre una muchedumbre que vivía para la materia. Ellos eran la sabiduría, rica de ciencia, que venía a postrarse ante, la pobre cuna del Niño Jesús; pobre, porque ya antes de su nacimiento, por voluntad de su humildad divina, la había escogido, no ya en, el retablo acicalado, limpio y pintoresco que los jugueteros imaginaron después para conmemorar con una bella alegoría üa fecha gloriosa, sino en un establo verdadero, sucio y maloliente, donde El solo había de ser, claro y desnudo, la única luz y- el único perfume. Y allí estaban representadas todas las castas, y todo él mundo sensible y visible, y la muía y el buey significaban la Naturaleza, y los pastores signi- ficaban la vieja casta sacerdotal de Oriente, sometida al nuevo Señor, niño aun, que había de mandar sus nuncios de paz hacia Occidente, y eran los sabios del vano saber humano que ponían de hinojos su ciencia, material de palabras y de números ante la nueva sabiduría del amor. La fiesta. de Navidad es la fiesta de los niños felices que se salvaron de Heredes. Pero ¿felices éstos o felices aquéllos? Hay, un tremendo misterio en el sacrificio sangriento de aquellos niños que pertenecieron a Ja generación que debía traicionar y, crucificar al Redentor. Pero todos los degollados por los soldados de Herodes fueron los puros, los que no vieron morir al- Salvador; los que no supieron que había muerto porque ellos murieron antes. Y fueron los inocentes y fueron los felices. Salvaron al Redentor y se salvaron a sí mismos. Nosotros tenemos el miedo de no ser inocentes y quisiéramos. ser todos niños cuándo llega la Navidad. En la Nochebuena el miedo nos junta y la esperanza nos alegra. Es como, el día de nuestra renovación por el amor; como por el amor de Cristo, se renovó un día el mundo. Es el instante en que debiéramos olvidar todos los rencores, porque surgen del fondo de nuestro corazón todos los olvidados por nuestro amor dormido, y vuela al alma el recuerdo 1 de los muertos queridos, y el de los ausentes, y se disuelve en una sonrisa de paz el ceño de los rencorosos, y ya, demasiado fríos, porque se bizo viejo el año y viejo de malicias, el corazón, buscamos un: calor nuevo que nos aniñe y purifique. Rogaremos para que el divino Señor perdone lo que nosotros como humanos no podemos perdonar: a. los nuevos sayones que todavía existan escondidos y disfrazados entre nosotros, pensando que por la miseria de su eseon- di te y la mentira de su disfraz, no existen en verdad, y son los nuevos Judas, sin el mandato de la. profecía y sin la imposición: de su trágico destino, qué escogieron por congénka maldad, y no podrán estar nunca con nosotros, porque Judas no era Judas todavía, y. no estuvo, con el buey y üa muía, más felices que él, ante el establo- cuna del Niño Dios, h. V A F E O E SÁSSONE SANGRE EN LA NIEVE