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A B C. MIÉRCOLES 27 DE SEPTIEMBRE DE 1939. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 9. nalí- stá y dé las J. O. N S de 10 de agosto de 1939 El secretario general del Movimiento, genera! Muñoz Gra 17. de, comienza a leer el capítulo IX de los Estatutos de F. E, T. y de las J. O. N. S. que se refiere al Consejo Nacional, y que comprende los artículos 34 al 42, anillos inclusive. Terminada la lectura, el Caudillo dice: Precédase a la lectura del decreto de o de septiembre de 1039, que nombra a los miembros del segundo Consejo Nacional de Falange Española Tradicionálista y de las El secretario general del Movimiento lee el decreto de referencia. Una vez acabada su lectura, el Caudillo pronuncia las siguientes palabras de Juramento: ¿Juráis servir con lealtad a España, a la Falange Española Tradi cionalista y de las J. O. Ñ. S. servir con fidelidad al Caudillo, Jcíe supremo del Estado, y. del Movimiento, así como a los principios fundamentales del Estado y de la Revolución española? Todos los consejeros, puestos en pie, contestan: ¡Sí, juramos! Por un maestro de ceremonias se van le 3 rendo los nombres de los consejeros. Estos, a medida que se van leyendo sus nombres, pasan a ocupar el- lugar donde se hallan depositados los. Evangelios, sobre los cuales ha sido colocada la Cruz de las Navas le Tolosa y un valioso crucifijo de marfil. El primero en jurar es el presidente de la Junta política, don Ramón Serrano Súñ- er, quien saluda, brazo en alto, al Caudillo, y después coloca la mano derecha sobre los Evangelio, ante la Cruz, y con mirada penetrante, gesto decidido y solemne, en medio de un profundo silencio y una emoción indcs- criptiple, se oye su voz, que dice: 1- En nombre de. Dios, juro servir con lealtad a España, a la Falange Española Tradicionálista y de las J. O. Ñ. S. al Caudillo, Jefe supremo del Estado y del Movimiento; Juro fidelidad a los principios fundamentales del Estado y de la Revolución española A continuación juran los demás consejeros, con idéntica ceremonia y- por el siguiente orden Secretario general del Movimiento, vicesecretario general del Movimiento, ministro de Asuntos Exteriores, ministros del Ejercito, Marina, Aire, Justicia, Hacienda, Industria y Comercio. Agricultura, Educación Nacional. Obras Públicas y sin cartera, señor Sánchez Mazas. Delegados de Servicios, por este orden: Ricardo Giménez Arriau, Pilar Primo ós Rivera, Gerardo Salvador y Merino, Mcrcedej Sauz Bachiller, Blas Pérez González. Sancho Dávila, José Final: L ompart y Girón. Presidente del Tribunal Supremo, don Felipe Clemente de Diego; presidente del Alto Tribunal de Justicia Militar, don Emilio Fernández Pérez; rector de- la Universidad de Madrid, don Pío Zaba! a. Siguen a continuación los consejaros nacionales Miguel Primo de Rivera, Luna Meléndez, Dionisio Ridruejo, José María Areilza, Pedro Laín, Joaquín Bernal, Antonio Tcvar, Rafael García Vaíiño, Alfonso da Hoyos, Tomás Domínguez Arévalo, general Saliquet, Juan José Pradera, Julio Muñoz Aguilar, José María Pemán, José López Ibor, José Lorente Sanz, Josí Miguel Guitarte, Luis Santamarina, Rafael, parce- rán, Raimundo Fernández Cueste, Jesús Suevos, general Aranda, general Moscardó, Joaquín Miranda, Ernesto Giménez Caballero, Julián Pemartín, 1 Eugenio Montes. París Eguila, José María Oriol, Juan Manuel Fanjul, Eduardo de Rojas, Taboada Lago, Carlos Mendoza, Alonso Vega, Garante Tova Del Pino, Iturmendi. Luca C Tena, Carrero Blanco, general Monasterio, DíazBénjuínea, Monero Herrera, Rivxi y Jor- TRABAJADOR: Subscribe inmediatamente la Declaración de Familia que te exige la ley de Subsidios Familiares para recibir sus beneficios. Es una obligación que tienes que cumpiir sin falta; un deber que te impone la Patria, que quiere velar por tus hijos, porque ellos representan su grandeza del mañana. dan de Urríes, Manuel Torres López, Pedro González Bueno, general Dávila, Juan Granel! Romualdo de Toledo, Francisco Sáenz de Tejada, Correa Veglison, Ladislao López Bassa, Pedro Muguruza, Raimundo García, Leopoldo Panizo, Aurelio Joaniquet, Mazón, Romero, Manuel le Goitia y Marcelino de Ulibarri, que fue el último en jurar. Una vez terminada la jura, S. E. pronuncia las siguientes palabras: Si así lo hacéis, Dios. os lo premie; si no, os lo demande. J. 9. N. S. Discurso del Caudillo Inmediatamente el Caudillo pronunció el siguiente discurso: Camaradas y Consejeros: El segundo Consejo Nacional abre sus tareas en momentos de grave responsabilidad y de transformación histórica profunda en el interior y en el exterior. Dentro de la vida española, de sobra conocéis cuáles son las exigencias mayores- -y, por tanto, mis preocupaciones más agudas- a las que seguiré, con el favor de Dios, sirviendo sin tregua, como Jefe del Estado y de la Revolución. En primer término, y una vez rescatado por las armas, heroicamente, el suelo de la Patria, no cejamos un día en acudir a las necesidades del pueblo, que para mí no admiten dilación ni rebaja posibles, por muy dura que sea la lucha, hasta dejar fundado su remedió en una imperiotea justicia que asegure a los españoles el sustento, el trabajo y la dignidad. Toda suerte de providencias y expedientes surgen, día a día, y en todas direcciones, de mi Gobierno, para reducir las múltiples angustias que, inevitablemente, siguen a las guerras de hoy con una magnitud y complejidad extraordinarias. Pero, a la vez que nos ponemos a ésto con un práctico e incansable ardor, establecemos las líneas maestras de un nuevo orden justiciero y humano, porque en estos males contingentes que nos toca, sin desmayo, afrontar, sacamos, al menos, la ocasión única y casi, diría, clamorosa, para imponer bienes que eran necesarios desde hace ya larguísimo tiempo, para la salud de la Patria. Mientras mi Consejo de Ministros atiende con diario cuidado los apremios causados por la guerra, hace falta fundar las Instituciones del Estado nue- centro Madrid, muy acreditado accesorios automóvil, radio y electricidad. Aceptaría depósito a comisión de c. sa seria e importante; Ofertas: Apartado 10.073, MABBXD. vo, que aseguren la fecundidad civil de la victoria; articular una Administración de nueva planta, que sirva con tensión y flexibilidad los propósitos revolucionarios del Movimiento; ordenar la Economía, para que un riguroso sistema elimine todo arbitrismo y conjugue las direcciones políticas con la iniciativa privada; orientar, con ánimo de Imperio y severa crítica, los hogares y trabajos de la cultura de España. Yo encomiendo al nuevo Consejo Nacional la obra de proyectar sobre toda la vida española, el sistema que deriva de mis consignas de unidad, porque sin una previa arquitectura, severamente meditada, la obra de Gobierno se perdería en una dispersa esterilidad. Funcionó el anterior Consejo Nacional con irregularidad intermitente, propia de loa días difíciles de la guerra; es mi propósito que este nuevo Consejo cumpla con toda realidad su importante cometido. No quiero un Consejo meramente formal e inoperante ningún problema del Movimiento o del Estado ha de sustraerse a su conocimiento. En la tarea de establecer las Instituciones del Estado, os ha de corresponder a vosotros, parte y responsabilidad principal. Con el fin de servir más directamente esta obra e insertar en ella las fuerzas cada vez más ordenadas y eficaces de nuestro Movimiento, formé de este segundo Consejo Nacional una nueva Junta Política, cuya organización y funciones se amplían y reforman, para, en este período de creación y- fundación, sea como delegación permanente nuestra, mi más alto Consejo político, en el orden constituyente del nuevo Estado y en el orden, diría, edificante, de la revolución española. Cumple a ella preparar, orientar y ejecutar vuestros trabajos, tanto en lo, concerniente a la actividad del Movimiento, cuanto en lo que afecta al impulso constante y a las relaciones con las actividades del Gobierno, mediante proposiciones e iniciativas que la Junta habrá de proponerme; A todos los propósitos de esta hora se une el de derramar la gracia de la paz sobre la obra militar de la Justicia, en sufcclura e ineludible defensa de España, abriendo cauces, cada día más amplios, de redención, que son inseparables, no ya de un sentido cristiano del Derecho, sino también de un sentido patriótico- -que en su raíz, quiero decir paterno- -de la historia de España. Especial desvelo nos anima por nuestra fe católica en la restauración de la iglesia devastada, sobre todo en aquellas instituciones que le son más esenciales a ella misma y, por tanto, de más indispensable trascendencia, para la formación religiosa y moral de nuestro pueblo. Una larga e ilustre tradición católica nos ha legado sabias y experimentadas fórmulas de armonía entre los dos Poderes, y bastará volver a ellas para restablecer una concordia, que dio frutos de bendición en la historía gloriosa de dos mundos,