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A- B C. SÁBADO i? -DE JUNIO E E 933. EDICIÓN DE LA MAÑANA. P Á a 27, PARA CONOCIMIENTO DE LOS ESPAÑOLES ÚLTIMAMENTE LIBERADOS EN EMPUJE VIGOROSO, XAS GLORIOSAS COLUMNAS NAVARRAS C O N Q U I S T A N PARA LA E S P A Ñ A N A C I O N A L 1 RUN Y FUENTERRABIA La muerte de Ortiz de Zarate Asomadas- las fuerzas nacionales a E n y dominada la cuenca del Bidasoa gór- lós fusiles de I03 milicianos, que ocupaban en las cumbres de las montañas las- posiciones que las rodean, su ataque por las columnas navarras se hizo- imperioso para lá. conquista de la capital bidasotarra. Habían transcurrido los primeros días de agostó; cuando se decidió, en- un golpe de imano, tomar la posición de Picoqueta. Sin descanso los fusiles, llegó el día de la Asunción de Nuestra Señora- el día en que Erlaitz y Pagogaña se habían de conquistar para España. La operación la dirigía Ortiz de Zarate, por expreso deseo del general Mola. Juntos en la misma línea de fuégoVse encontraban todos los jefes. Con los dos coroneles- -Ortiz de Záfate y Beorlegúi- -el teniente coronel Los Arcos, el comandante García Valiñp, qtie. mandaba ¡as compañías de América y el Tercio de Monixjurra... Reunidos en io alto de la Cuesta Je Emfoido llegáronse hasta. la última linea de fuego cusneío. éste era más mte iso durante el combate. De pronto Ori -z de Zarate se llevó la maño derecha a la mejilla, al tiempo que Y fueron. Era un sacrificio más en esta guerra; de sacrificio. Las máquinas cruzaron el río, en el termino municipal de Vera, siguiendo luego su orilla izquierda por el camino de hierro que une Irún con Elizondo. Esto permitió a los soldados asomar el gruesq de las fuerzas a las líneas de. combate. Sorprendidos los, marxistas de la presencia de los carros bélicos que rebasan En- darlaza, dominados, huyeron. San JVlarcial Transcurrió el tiempo en diversas batallas hasta el día- 26 de- agosto, en- que se consideraron las fuerzas reorganizadas. Situado eí. Estado Mayor en Erlaitz, se dispuso el ataque. Se inició la operación sobre San Marcial. Dueños los nacionales del castillo de Zubelzu, las comunicaciones de la ciudad frontera con la. capital quedaban cortadas. Las contrabaterías enemigas, de Sari Marcos y de Guadalupe actuaban sin repo so. Transcurrieron dos o tres días en pequeñas acciones e intentos de asalto, cuando al alboreare! primero de septiembre, el bombardeo dio la señal de comienzo de la segunda fase de la acción. El ruido de las máquinas enemigas resultaba, ensordecedor. i Una de, ellas acertó a hacer tma- bajá. El comandante García- Valiño había sido herido de un balazo en el pecho, muy cerca del corazón. Amilanados por tal baja, sobresaltados los atacantes, retrocedieron. Beorlegui aparecía irritado. Fracasado de mañana todavía el primer ataque, no. fue posible aquel primero de septiembre tomar la tercera posición roja. Se esperó al siguiente día para el nuevo intento. Continuaron los ataques, mientras eí Irún rojo bombardeaba las nuevas posiciones nacionales con tiro indirecto. Una tras otra fueron cayendo las trincheras enemigas en medio de un griterío enloquecedor. ¡Viva Cristo: Rey, ¡Arriba España! Puncha quedó para las tropas nacionales. Los tanques barrían a los fugitivos mientras en el aire las alas de seis pilotos españoles, tomaban parte en el asalto y conquista de San Marcial. Las bajas, que tuvo el Ejército Nacional en este asalto, que le hizo dueño definitivo del: monte, fueron muy. escasas. Beorlegui había conseguido pisar, el monte y entrar en. su ermita con mil quinientos hombres. Sü conquista, le costó unas seiscientas bajas, de las cuales, cien o ciento veinticinco de aquellos cruzados pasaron a su guardia en. los luceros. EÍ Alto de Sarr Marcial, en las proximidades de Irún, volvió a colocarse en el primer plano de la actualidad, reverdeciendo por cuarta, vez sus guerreros laureles. Fue la primera allá por los años de. 1522. En la cima del montículo que domina la ciudad fronteriza, y en el pasaje conocido con el nombre de Aldave se batieron las fuerzas guipuzcoanas, mandadas por el capitán don Lope de Irigoyen, con tres mil franceses y otros tantos alemanés, que envió contra ellas Francisco I de Francia. La acción se verificó el 30 de junio, festividad de San Marcial, y para conmemorar la victoria, dé los- españoles; -él gobernador; 3. la sa zón de las tierras guipuzcoanas, don Beltráti 1 de la Cueva, mandó erigir, en el lugar donde se ganó la batalla, una ermitq. dedicada a. aquel Santo. Con 1 este nombre ha sido de- i signado desde entonces el monte Aldavey donde, sin interrupción, -a partir de aquella; fecha, viene celebrándose el tradicional alar- de que, durante los primeros cuarenta años, capitaneó, por distinción especial, el irunés don Lope de Irig- oyen. En la guerra de la Independencia (el 3i de julio de 1 S 13) fue San Marcial, por segunda vez, teatro de reñida contienda. Núes- tras tropas, mandadas por el general Freí- re, derrotaron a 18,000 soldados de Ñapó- león. Nuevamente se verificó en el mismo; sitio otra acción bélica, durante la guerráy civil de 1874, que dio la victoria a. las fuerzas liberales mandadas por el general Laserna, contra las carlistas que acaudir Haba don Francisco Alemany. Y, por último, en la actual, Cruzada, tani- rfoién- le- tocó: al Alto de -San Marcial jugar un papel decisivo. El incendio de Irún Avanzando por la carretera, se recibió la orden de seguir a- Behobia, al siguiente día. Eran las cinco de la mañana del 4 d e septiembre. Una patrulla avanzó por la derecha cíe la carretera, siguiendo por el ríp a, cortar la retirada. de los rojos, por el puente inteVnacional. Al darse cuenta los marxistas abandonaron sus puestos y se inter, naron en Francia. Tres horas después de iniciado el movimiento, el Ejército. de Es- paña tomaba posesión de Behobia. En seguida, las fuerzas siguieron adelante. El esv. pectáculo que ofrecía Irún era imponente. Colgada de un inmenso cordón de humo, que le unía al cielo se inmolaba la víctima. Irún ardía. Todo el paseo de Colón era pasto de las llamas, y sobre su perímetro sé acumulaban densas nubes de humo, que. arrastraba el viento. Siguiendo por la calle de Uranzu, en la plaza de Urdahibiá, se és tacionó el. Estado Mayor. -De aquí partieron distintos grupos que recorrieron la poblá- ción. decía: No es nada, rió es nada. El coronel acababa de ser herido. Asido en cada brazo por su. gente ppr su propio pie lo retiraban camino de la. -ambulancia. Habría recorrido tal comitiva cien metros escasos. cuando un segundo balazo Je atravesó el pulmón, inclinándose, desplomado Ortiz cíe Zarate en brazos dé- los de su escolta. La evacuación se hizo- rápida. Tians- gprtado a una camilla sobre la carretera de Erlaitz, se le acercó el ¡coronel Beorlegui. -No es nada, hombre, no es nada... -le dijo sin perder el movimiento de sus soldados. El cuervo yacente sobre el lienzo de! a camilla, inclinada la cabeza a un lado, tíc jaba escapar, por la comisura de, los labios, un fino reguero de sangre. Con diligencia se hizo el traslado a- Ergoyen, en donde, después de. un par de semanas en lucha contra la muerte, fue vencido por ésta. ¡Caballero militar, corone. 1 Ortiz de Zarate! ¡Presente! ¡Qué importa un sacrificio más! La batalla se notaba más dura que por la mañana. El enemigo había recibido grandes refuerzos y la lucha resultaba encarnizada. Por. fin, fue el alférez Senador el primero que entró en Erlaitz. Jadeante. todavía, corrió a Pegogaña, a tiempo aún: dé llegar el primero. En la operación de Erlaitz habían intervenido unos quinientos hombres, García Valiño se acercó al teniente Jbáñez, jefe tíe Senador: ¿Q u é cómo está su compañía? -Treinta hombres me quedan. ¿Se podría tomar esa pequeña posición? -Muy cansados están... Llevamos treinta y tres; horas sin probar bocado... de to- das formas, iremos. Los Requetés, protegidos por los árboles de la orilla izquierda, repelían el tiroteo de los rojos fugitivos. Una bala rebotada alcanzó un pie del coronel Beorlegui, Los de su escolta pidieron un coche para llevarle pero él se resistió. Por ñn hubu que trasladarle al primer puesto de socorro. Entretanto, en el Ayuntamiento se izaba la Bandera Nacional y, a su derecha, la de las Cadenas, de Navarra. Mientras, caía a pedazos la lápida afrentosa que hacía cinco años se había colocado allí. Fuenterrabía El 6 de septiembre, el Estado Mayor, dueño absoluto de Irún, marchó sobre Fuenterrabía. Sobre el puente del ferrocarril del Norte, el teniente coronel Los Arcos dirigió los detalles de la ocupación.