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IB C. MARTES 6 DE JUNIO DE 1939. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 9. tra lealtad, que os mueve a conñrmar la adhesión incondicional que prometisteis y habéis sabido guardar. La razón de vuestra jerarquía, que os obliga a traer delante de mí la voz del Movimiento. La razón que contiene el mandato de los caídos y del glorioso José Antonio, que impone el deber de llevar a su término la voluntad histórica que dio sentido a su vida y a su muerte ejemplar. Yo os aseguro que, así como mi voluntad, inspirada en mi conciencia del futuro de España, convirtió en norma los veintiséis puntos del Movimiento, genuina expresión actual de la tradición española, cuya interpretación constante es imperativo indeclinable y exclusivo del caudillaje, esa misma voluntad hará también que se cumplan, por cuanto constituyen el fundamento inviolable del nuevo orden constitucional y la empresa histórica a que el Estado debe servir. Hoy podemos decir que reanuda sus tareas políticas nuestro Movimiento, por cuanto en estos dos años y medio de dura y empeñada lucha dio la Falange Española Tradicionalista y de las J. O. N. S. sus mayores energías y su más rica savia. Sin embargo, nuestra raza femenina ha podido presentarnos con orgullo el fruto de un trabajo callado y constante, del que ha sido exponenté el hermoso acto de homenaje en Medina del Campo. En él lucieron las posibilidades de todo orden en nuestro pueblo, la capacidad creadora de nuestra raza y la razón de ser de nuestro Movimiento. Aquel espectáculo de la ofrenda de los frutos, del trabajo comarcal y las labores de nuestros hábiles- artesanos, parecía remitirnos a los pretéritos tiempos de nuestro- esplendor imperial. Resurrección de España que no puede hacerse con la fría burocracia del Estado y que sólo se alcanza con la vida y fortaleza de la Falange. Falange, que no puede existir sin unidad, sin fe y sin disciplina, que son los postulados que encierran vuestro juramento. Por eso, en estos momentos en que, terminada la campaña militar, emprendemos la civil de reconstruir a España dándole la unidad, vigor y nuevos horizontes, he de buscar en mis consejeros la firme y leal asistencia que acabáis de prometer y que no podría ser eficaz si desconocieseis las inquietudes y dificultades de la hora actual. Los incidentes de la guerra han embargado la atención de los españoles, para quienes pasaron desapercibidas muchas de las vicisitudes nacionales. Al problema militar de los primeros tiempos siguieron los de orden económico y administrativo; desconocidos fuimos por el mundo internacional, y, privados de crédito en el exterior, construimos los sillares de nuestra obra sobre bases de austeridad y disciplina. Frente a nosotros se levantaron el poder enorme de todas las reservas auríferas y monetarias de la nación junto a la desconfianza de la casi totalidad de las naciones. No obstante, día tras día mejoramos la situación merced a las continuas victorias de nuestras armas y a las acertadas medidas de nuestro naciente Estado. Los imperativos de orden económico nos impusieron normas de restricción y disciplina indispensables al éxito de la guerra y a la vida de la nación. Así, cuando nuestros enemigos y sus poderosos coaligados esperaban vencernos por el agotamiento de nuestros medios, estaba superada la etapa difícil y cambiada en próspera la angustiosa situación. En estos dos años y medio de duro pelear, no sólo se labró y cimentó el triunfo, sino que a su compás se creó una potente industria de guerra, se promulgaron leyes y establecieroti mejoras sociales para que no ialtasé el pan ni la lumbre en los hogares- Han sido muchos los bastardos intereses afectados por nuestra, política económico- social: la de cambios, mantenida con energía contra todos los vientos, que, limitando el enriquecimiento de nuestros exportador. e ¿5, permitió reducir considerablemente los gastos de guerra; la de divisas, que, por su escasez, nos impuso la racionalización y dirección por el Estado de muchas actividades industríales, así como la intervención de nuestras exportaciones, obedeciendo a los imperativos de la situación económica. En el orbe exterior hemos tenido que librar constantes y difíciles batallas, salvando las crisis de. fas grandes tensiones europeas. Y en esta lucha puedo deciros con orgullo que ni en los momentos más. difíciles de la guerra dejó de hablar España con el lenguaje y tono que correspondiera a sus mejores tiempos En estos episodios; át l sr Cancillerías heitios. de rendir un títud a nuestra hermana unida en pensamienttra y á- Italia y Alemania, nes que formaron el frente, de nuestro Movimiento. Para muchos no habrá sido inadver- á nuestro glorioso Ejército, en cuya virtud han renacido el noble temple castrense de Jiuestra estirpe, por obra tuya incorporado al ímpetu generoso de nuestro Movimiento. Señor: Hace pocos días fuimos testigos apasionados de una ceremonia religiosa que ha dejado en nuestras almas indeleble memoria. La más autorizada voz le la Iglesia española proclamaba solemnemente la identidad de tu propio destino y el destino de tu pueblo, cuyo régimen por especial designio de la Providencia te ha sido confiado. Con júbilo en el corazón han acogido el mensaje gozoso de la Iglesia, los hombres de buena voluntad de todas las tierras de España. A nosotros, los que de cerca te seguirnos con vocación esclarecida por la fe y acendrada por el entusiasmo, el mensaje presentido y anhelado nos dejó sobrecogidos por la presencia infalible de lo transcendente. Nos parecía oír las palabras de Jehová a su Profeta Jeremías. Mira que te he puesto en este día sobre gentes y sobre reinos, para arrancaV y destruir, y para arruinar y para derribar, y para edificar y plantar. i Señor y Caudillo nuestro: No ha sido en vano el dolor de España, pues por él sanarán sus males y recobrará el singular destino histórico que Dios ha señalado a nuestro pueblo. No ha sido estéril la sangre derramada por salvar de la dispersión la unidad de España, pues a todos para siempre nos ciñó una misma disciplina y una fe común. No ha sido infecunda la contienda, pues el milagro de la guerra ha obrado el milagro de un mando soberano carismático, fervorosamente acatado y amado por todos los españoles, en el que señaladamente concurren todos los títulos de la legitimidad. La legitimidad que otorga la razón a: quien ha instaurado, un nuevo orden, constitucional y. nuevas instituciones, polícas. La legitimidad qué otorga la tradición a quien con la espada en la mano pone a salvo, bajo su custodia las esencias de su pueblo. Y, sobre las demás cosas, la legitimidad que otorga la propia ejemplarizad y la especial asistencia con que Dios favorece a quien en combate victorioso por la verdad y por la salvación de su pueblo le son desvelados ios arcanos del futuro histórico y asume el deber indeclinable de forjarlo por su mano. Hé aquí que cumplido esté el supremo anhelo de José Antonio y cumplido también el mandato de nuestros Caídos: una sola autoridad, legitima en su origen y en la vocación de su voluntad, seguida de otras voluntades resueltas, rige con la ayuda de Dios, los destinos de Espajia hacia la realización de su enipresa histórica, acaudillando la revolución nacional. En esta voluntad residen el mando y el derecho, ella señala a cada español su deber. El nuestro, ahora, estriba en proclamar nuestra resolución inquebrantable de cumplir incondicionalmente Jos mandatos del Caudillo de. España, y en prenda. de esta promesa, consejeros de Falange, confirmando el juramento que una vez hicisteis, puestos en pie, brazo en alto, fespondedmé: ¿Juráis, vconmigo por Dicjs obedecer; siempre al Caudillo, y. a quienes de él recitan poder de mandar? Los consejeros contestan unánimes: Sí, juramos. ejemplares: A B C del día 17 de junio de 1936 y de Campeón de los días 12 y 19 de julio de 1938. Serrano, 61. Administración, de 4 a 6. Discurso del Caudillo i S: E. el Generalísimo contestó en la siguiente forma: Camaradas y consejeros míos: Es vuestro mensaje ante mis ojos, a más de un nuevo acento jubiloso por la victoria ganada, expresión exacta de su forma, justa en su esencia, de todas las razones que determinan vuestra vocación política. La razón de vues- Muñecos Infernales MAURCCN O SULLIVAN LAWTON