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A B C. MIERCGLÍSS S 9 DÉ MARZO DE ¿939. SDÍCION DE LA MAÑANA. PÁG. a, 1 AL LLEGAR A M A D R D ale sias. I e 2 8 DE MARZO EN MADRID Milagroso anticipo de este calendario de maravillas que marca el tiempo, en la marcha triunfal del Caudillo de España y sus ejércitos; en las victorias. del. Generalísimo Franco. Martes de Pasión, que nos ha. traído el adelanto de una resurrección gloriosa. La bandera roja. y. gualda. deslumhra nuestros ojos de madrileños condenados a tinieblas espirituales durante treinta y dos meses. Ya ondea ese pabellón, nacional que durante siglos cobijó nuestro nacimiento, de españoles, impulsó las conquistas de suj raza de héroes y envolvió los sagrados des pojos de los muertos por la Patria. No. se sacian de contemplarla las miradas de los que la vimos ensombrecida por esa franja morada de Calvario, profanados sus coló- res por la usurpación republicana. La hemos visto asomarse como un. prodigio divino en la torre ática de la parro- qú. ia. de. la Concepción, sirviéndole de dpseí a la Virgen Inmaculada, la que por su altura no pudo ser profanada en el. templo invadido por los rojos. La hemos visto ondear en. los edificios oficiales con la emoción de verlos enseñoreados y con poder de la España, de Franco. La contemplamos en balcones y venta- ñas, en los pechos de los ciudadanos y eri las manitas 9 infantiles con una profusión, inconcebible, asombrosa, afirmación, -rotunda de que querer es poder y se sacó dé donde no lo había. Y ía hemos visto tremolar al viento como Un perdón de ideales al servicio de la Patria reconquistada en esos camiones tripulados por las Juventudes de Falange, impulsados por sus clamores, pregón de la victoria: ¡Franco, Franco, Franco! ¡Arriba España! En ese lodo fangoso que cubrió Madrid durante la tiranía marxista han germinado las rosas fragantes de una primavera sempiterna; la cosecha magnífica de realidades que sembró José Antonio con sacrificios. Loor de inmortalidad a los caídos en la lucha. Que en esos vítores ensordecedores con que Madrid acoge a los que le han libertado se ensarten también oraciones; el homenaje de nuestro agradecimiento que los glorifique en el cielo. Luz eterna para nuestros muertos: que desde allí puedan ver que en España emj pieza a amanecer. -Julia Mélida, Madrid, 28 marzo 1939. III año triunfal. En guardia sobre la carretera cié Ma drid, a la vista ya de la urbe deseada llegó la noticia. La trajo efeco que se alargaba sobre el camino tantas veces, seguido por mi: ¡Madrid es nuestro! ¡Madrid se ha tomado! Y, al eco que nos traía el aire de la mañana, se despertaban los dormidos recuerdos al borde del camino veía incorporarse fantasmas vagos que a poco iban tomando cuerpo. Los que cayeron sobre estas sendas de guerra se ponían en pie. precediéndonos en la marcha. Ellos cayeron con esta misma ilusión que ahora nos guía a nosotros y apresura el ritmo. del corazón. Cayeron con la ilusión. de ver a Madrid. liberado, en resurrección su cuerpo, en resuperación todas las facultades de su alma española. Y ya estamos aquí. Entramos por la Ciudad Universitaria; cuando cruzamos la Casa de Campo y bordeamos el montículo de Garabitas, cuando cruzarnos el puente sobre el manso Manzanares- -río que llegó a tener feroz prestigio guerrero- -cuando cruzábamos por las ruinas de la Ciudad Universitaria, aún no creíamos lo que nuestros, ojos nos revelaban; aun no creíamos que era verdad lo que el eco nos dijo por la mañana. Tanto habíamos deseado este instante que, cuando la posesión era. plena y nuestros pies pisaban fuertes sobre él asfalto rnadnleño, creíamos aún que era una ilusión, que. aún faltaba mucho para gritar con el eco que se alargaba ya por todos los caminos del mundo: ¡Madrid es de España! ¡Madrid es de Madrid! ¡Madrid es nuestro! Y es que las guerras se ganan ahora lejos de. los límites topográficos de aquello que se desea, lejos de lo que marcan las cuadriculas de un plano. Barcelona se ganó en el Ebro; en Barcelona ganamos la gran batalla contra la diplomacia: que. obstaculizaba nuestra victoría desde 19367 y ganada esa gran batalla, fruto de la militar, ya toda España estaba ganada sin lucha casi, es decir, que se vio con meridiana claridad dónde radicaba la causa de todos los males, dónde estaba la ceulta razón de que nuestra guerra fuera tan cruenta y larga, cuando pudo ser tan breve y salvadora para todos, incluso para los. que necesitaron el hecho ds que todo el Ejército nacional alzara sus banderas a lo largo del Pirineo para abrir los ojos a la realidad y provocar el derrumbamiento de la resistencia roja, que pudo mantenerse sólo en tanto tenían turbia la vista los más interesados en ver y entender lo que en España se debatía. Hago estas reflexiones cuando todo- el dolor pasado y todo el goce de Madrid en este momento, se me- revela en sus calles en las que el pueblo acierta a sonreír entre las desgarraduras de la guerra. Es UIT día magnífico el de hoy: es suave, el aire primaveral y muy clara la luz de esta tarde. Yo. sin embargo, me acuerdo de que hay. guerra. Tengo presente las horas de la mortal inquietud que transcurrieton para mí en la Casa de Campo. Recuerdo a los que cayeron por libertar Madrid. Madrid fue siempre nuestro. Cuando se erizaba de fusiles rusos y su aire español y fino se desgarraba por la metralla extranjera que nos cortaba el paso, yo creí alguna vez que Madrid había dejado de ser de España, que Madrid, aunque no fuera mas. que de momento, había perdido su perfil castizo y que necesitaba la terrible reconquista del acero y del fuego para que de nuevo fuera España. Error- grande. Pregonando la perenne españolidad de Madrid están los huesos sagrado- 1 de los que cayeron a millares asesinados en- estos des- SSBS serváaiisBS mi ¿fe era cosa e montes para formar, con la cal de sus huesos mezclados a la arenisca dónde se. cavaron sus fosas, un bloque de la. mejor argamasa. Ahí; está él bloque santo de to- dos los, sacrificios. Murieron a millares. Afiliares también han sufrido el horror del cautiverio. En: Madrid tuvimos siempre una absoluta mayoría, española; hoy lo compruebo. Aun no han entrado las tropas, aun no hay más que unas Vanguardias desplazadas sin pegar un tiro y uñas columnas de ocupación qu- e echaron a andar por las calles de. Madrid. El aparato de. fuerza ha sido mínimo, nulo casi. Madrid no se ha ganado como consecuencia inmediata de una batalla estruendosa, con preparación artillera, y vuelo de grandes masas de aviación. Madrid se 1 ha conseguido, ahora, de la manera más sencilla. Rompiendo los frentes inmediatos unas columnas de observación y llegándose en paseo triunfal, de un lado a. otro, de la población, entre delirantes aclamaciones. Y asto ha sido tan espontáneo y unánime porque ya nada exterior se imponía al espíritu de los madrileños, porque la organización terrorista había desaparecido. Porque el pueblo era, al fin, libre y podía expresar su deseo de que los soldados de Franco llegaran hasta la Puerta del Sol. Cuando mezclando al gozo de todos- mi gozo, cuando uniendo al correr de lágrimas de alegría mis propias lágrimas grito desde este gran sensorio de España que es la Puerta del Sol ¡Viva Franco! ¡Arriba España! casi olvido que hay guerra, que ha habido guerra y yo no quiero olvidar esto. No quiero que esta gran alegría que me enciende el pecho nuble mi razón, temple mi severo juicio de espectador de este asedio de Madrid, a cuyas puertas llegué desde Sevilla. Una tarde de otoño dé 1936, cuya luz y cuyo aire templado se parecía mucho al de cs- ta de primavera de 1939, y sea la gratitud de todos los españoles para estos madrileños que en él cautiverio tuvieron viva la llama de su españolismo; para estas mujeres que yo no sé dónde supieron guardar tantas banderas de grana y oro con que han engafeinado sus balcones; para estas madrileñas que en viejas camisas falangistas Bordaron las flechas rojas que ahora veo en los pechos varoniles Y sea la gratitud de los madrileños para aquellas columnas del Sur que desafiando a medio mundo clavaron la bandera de España en la Ciudad Universitaria y para ese Ejército del Centro, modelo de bravura y férrea disciplina que, sin dar un paso atrás ni ceder un milímetro de tierra, mantuvo imperturbable el asedio. Por unos y por otros, por la fe de los madrileños que aguardaban su liberación, por el ánimo imperturbablemente heroico de los que mantuvieron el asedio, ha sido posible esta maravilla del día de hoy, la que nos trajo el eco en ei aire de la mañana, cuando se alargaba por todos los caminos del mundo y gritaba: ¡Madrid ha vuelto a ser de Jisnaüa! ¡Los soldado? de Franco están en la Puerta del Sol -M. Sánchez del Arco. Ha comenzado a normalizarse la vida de Madrid. Detrás de las vanguardias que han ocupado la población han llegado- los elementos organizados para, atender a las necesidades de millares y millares, de personas El Gobierno todo- -y de manera espec ialísima el ministro de la Gobernación, señor Serrano Súñer- -ha completado la- obra de los soldados. La retaguardia de ia España nacional, modelo de disciplinas plena de recursos, puso al filo mismo de las trincheras los abastecimientos de tedo género necesarios para una población como Madrid; que de todo (carecía, 1 que de todo tendrá desde el día de hoy por la. obra previsora del Gobierno del Generalísimo.