Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Madrid, 26 de marzo de 1938 S U S C R I P C I Ó N m. AÑO XXXIV. NUMERO 10.884. REDACCIÓN T ADMINISTRACIÓN: SERRANO, 61. TELEFONO 51710. APARTADO DE CORREOS NUM. 43 ÓRGANO DE UNION REPUBLICANA Número suelto, 15 céntimos Madrid: un mes, 3,50 pesetas. Provincias: tres meses, 12. América y Portugal: tres meses, 12,50. Extranjero: tres meses, 30 ptas. Podemos- -y debemos- -insistir hoy sobre el tema de un reciente editorial nuestro: aquel en que ¿juzgábamos sobre la influencia de las dos escalas de valores militares- -cantidad y calidad de las máquinas de guerra y talla moral de los combatientes- -que más directamente se reflejan hoy sobre el curso de nuestra lucha. Y que seguirán reflejándose, cualesquiera que sean sus oscilaciones. Digimos entonces que las superioridades mecánicas ni han sido nunca, ni son, fatalmente, decisivas en el desarrollo de la guerra. Ante un adversario desarmado y desmoralizado, sí. Ante otro- -como en nuestro caso ocurre- -apreciablemente provisto de material, no. En tanto se dé esta, circunstancia: que la talla moral de quien es inferior en armamento supere a la de aquel que sin tasa lo posee. Y podemos insistir hoy sobre el tema de aquel editorial porque acaba de dársenos el argumento más fuerte que en apoyo de su tesis sería posible emplear. Argumento de hecho, más sólido que cualquiera postura dialéctica. Está, comprendido en el telegrama cursado por el general jefe y por el comisario del Ejército del Este al ministro de iDetensa Nacional. Habíamos dicho nosotros que nunca- -y hablamos de su formación genérica- -la talla moral de un Ejército de mercenarios y de forzados (tal es el llamado Ejéreito nacionalista puede ser comparable a la de otro Ejército (el de la República) cuyos cuadros se nutren de hombres libres, combatientes seguros de su causa y de su destino, puestos al servicio de la independencia de su Patria, de su libertad y de su propia vida. Y que, en nuestro caso, es esta superioridad en la talla moral lo que equilibra diferencias materiales- -que no van a ser permanentes- -y lo que da su mejor contenido a 1 nuestra consciente certeza en el triunfo definitivo de la República. Ahora bien, ¿es posible- -aun en el curso de nuestra guerra, tan señalado por rasgos magníficos de ardor combativo- -hallar prueba más concluyente sobre la taJIa moral de nuestro Ejército que ia aportada ahora mismo por esos gloriosos defensores de posiciones que en los frentes del Este se han mantenido hasta perecer en las mismas aplastados por los tanques Otras pruebas semejantes podríamos aducir, lia defensa de Madrid, por ejemplo, ha sido pródiga en hechos dé análoga categoría. Pero importa mucho destacar ésta éii las circunstancias y en la ocasión que se produce. Cuando el enemigo- -acosado por su prisa, por su incapacidad para seguir soportando el peso de una guerra larga por su convicción de que a mayor plazo será más incierto su triunfó y más seguró él nuestro, porque más preparados nos hallará para contraatacarle- acumula to dos sus efectivos, reúne todas sus fuerzas, humanas y materiales, e intenta un golpe definitivo. Cuando exhibe todo el aparato de. su poder material, en fin. Que, frente a selnejante alarde, se manifieste tan alta la talla moral de nuestro Ejército, es lo que queremos destacar hoy. Para meditación y enseñanza de todos: de nuestro propio EJér. cito, del enemigo y de lo que impropiamente hemos fiado en llamar nuestra retaguardia. EJEMPLAR DAD LA VELOCIDAD ARMAMENTISTA ANGLOFRAN Y TALLA MORAL DE CESA Y LA VELOCIDAD ESTRATÉGICA NUESTRO EJERCITO La situación internacional, tal como se define antes y después de la declaración que anteayer formuló el Gobierno inglés, queda comprendida en este juicio suscrito por Lloyd George: Desde que intervengo- en la vida, pública de Inglaterra, jamás he visto tal desarreglo y tal desorientación én nuestra política exterior. El Imperio británico y Francia han sido colocados en la peor situación estratégica que se haya conocido. Napoleón previo genialmente la importancia, que tenía el apoderarse de España, para su guerra a muerte con Inglaterra. Por fortuna, el Gobierno británico dé entonces supo darse cuenta a tiempo de semejante peligro. T por esa se derramó sangre inglesa en la. península. Nuestro Gobierno actual, por el contrario, parece tan ciego como un topo. Pero el ejemplo napoleónico está hoy superado en extraordinaria medida. No es un Imperio, francés quien intenta adueñarse: -de España como formidable instrumento para una guerra a muerte con Inglaterra. Es la alianza entre Alemania e Italia- -países fronterizamente enlazados, en bloque extendido desde el Báltico al Mediterráneo, para dividir a Europa en dos porciones incomunicadas, desde que desapareció entre ellos el tapón de Austria- -quien io intenta. Y para una- guerra a muerte contra el Imperio británico y contra Francia. En propósito más directo- -y no lo ignoran los franceses- -contra Francia precisamente. Ha dejado de ser un secreto, en efecto, que toda la zona fronteriza española, por la raya de Francia, donde la invasión domina, está guarnecida por tropas alemanas. Tanto, pues, como la actitud inglesa ante la invasión de España, importa la de Francia. Importa más, mejor dicho, porque son riesgos de mayor apremio los que, a pesar de todo, establecen una comunidad de destino a un lado y. al otro de los Pirineos. T ¿cuál es la reacción francesa ante los términos de la declaración formulada por el Gobierno británico, qiie. reiteran la observancia de la naitica de no intervención y la insistencia en las negociaciones con Roma al margen de lo que en Francia se considera como necesitado de liquidación inmediata? Anoche mismo, según nuestros informes, ha sido transmitida de París a Londres una nota cuyo contenido tiene la mayor importancia. Hasta donde ha sido posible vislumbrarlo, se orienta en este sentido: El Gobierno francés estima en la declaración británica dos afirmaciones. La ayuda a Francia, en caso de ser atacada; la intensificación del rearme inglés, que coincide con el qu; e practica la República francesa. Y les pone el siguiente comentario: Los países del je Berlín- Roma no pueden seguir la velocidad armamentista de Francia e Inglaterra; pero le oponen su velocidad en la ocupación de lugares estratégicos: en España, en el Mediterráneo y en el Centro de Europa. Lugares estratégicos destacados. por ejemplo- el Marruecos español y MaHorca. ¿Cree el Gobierno inglés que ha llegado la hora de oponer también a esta velocidad la que en semejantes ocupaciones pueden desarrollar, ingleses y franceses, como prenda incluso para seguir negociando- -como Inglaterra lo. hace- -con quienes se han anticipado a tener materia negociable Y el mayor interés se adscribe ahora a estas dos consecuencias: a lo que opine Inglaterra o a lo que haga Francia, si en Londres entienden que no ha llegado aún la ocasión que se señala. -J. DE A. LA CARICATURA DEL DÍA LA POLÍTICA INGLESA El debate de los Comunes sobre política exterior Londres 25. (Final dé la sesión del jueves. Attlee pidió que se termine con la farsa de la no intervención. Cree qus el único pensamiento de Chamberlain consiste en lograr una cantidad dé tiempo que le permita acumular armamentos, y estima que actuando así pierde el- control de. la situación estratégica én Europa sehtral y en el Mediterráneo. Es una política, que tiende a retrasar, la guerra, en tanto que todos quieren una política positiva de paz. El liberal Sinclair llamó la atención sobre lo. situación de España, que es la próxima víctima que figura en la lista hecha por los países agresores Declaro que si el jefe del Gobierno no insiste sobre la retirada de tropas de línea italianas que combaten en España se acentuarán las sospechas de los que creen que detrás de la careta de la, no intervención desea deliberadamente un triunfo; del traidor Franco y de BUS aliados extranjeros. Se felicita de haber oído a Chamberlain hablar- de disposiciones adoptadas con Francia para la defensa común, las cuales equival es a una alianza defensiva y se presunta el orador por qué wo ftaeey esía alianaa- efestira- ínetíiaiiti üa eóriyénío miiltá- r. í- 1 JEA U S T E D M A Ñ A N A ABC Entró en un cementerio y dijo: j qué sea valiente, que sargal ¡T no salió nadie!