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Ante la guerra del fascismo contra España Palabras del Presidente de la República española Vicente Sáens, presidente del partido socialista de Costa Rica, que, c o m o delegado costarricense al II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas, estuvo en España durante el pasado mes de julio, ha venido publicando en la Prensa americana sus impresiones sobre nuestra guerra. Fervoroso amigo de la causa que el pueblo español deVicente Sáenz. fiende, Vicente Sáens ha hecho culminar su campaña con la difusión y comentario de las siguientes declaraciones que le fueron hechas por el Presidente de la República española Sí; España se desangra. Miles de víctimas lian caído en los frentes, en las ciudades bombardeadas, en las poblaciones que están en poder de los facciosos. Los fusilado? ¡solamente los fusilados! -se cuentan por decenas de millar. Para darse una idea de esta tragedia Habría que recordar el caso de Navarra. Allí perdimos las elecciones; estábamos en minoría; treinta y seis mil votos escasos, le hombres y de mujeres, obtuve el Frente Popular. Pues de esos treinta y seis mil izquierdistas, quince mil han sido cruelmente ajusticiados. Prorporciones semejantes se pueden calcular en Badajoz, en Granada, en Sevilla, en Málaga, en todas las provincias bajo el dominio militar. La consigna de los rebeldes es muy clara: acabar con los republicanos, con los socialistas y comunistas, con los catedráticos, con los maestros, con los intelectuales que no estén a su servicio. Porque no conocen al pueblo español, porque no lo comprenden, se lanzaron las derechas en esta terrible aventura, provocada sin necesidad ¿Cómo concebir, de otra manera, que hayan desatado sobre España, sobre su Patria, esta giierra feroz e inhumana? ¡Sobre un país que no quería la guerra en forma alguna; que no pensaba en ella; que la rechaza y condena en su Constitución; que ni siquiera tenía tina política internacional, para nó verse envuelta en compromisos ni en Tratados que pudieran perturbar la paz de la República I La perturbaron, sin embargo. Pero habría- terminado con las jomadas del 19 y del 20 de julio en Barcelona y en Madrid, si no hubiesen tenido los militares el respaldo de fuerzas extranjeras, el auxilio, la intervención decidida y comprobada de poderes extraños. Esa injerencia prolonga el cruento sacrificio del pueblo español, que no hace más que defenderse del ataque con las armas en la mano. Ha dicho las palabras anteriores don Manuel Azaña, Presidente de la República esBafiola. O ese, al menos, es su pensamiento, que trato de reconstruir en la mejor lomia posible. Y las ha pronunciado con una gran serenidad, no obstante que nuestra conversación tiene lugar en plena guerra, al décimo mes de matanza de españoles por la caverna insaciable y por los ejércitos que invaden la península. Recia figura la de este castellano sobrio y austero, personaje central de la ñora aramátioa de España. Recia figura la üe este Ilustre vecino de Cervantes, a tres sigius medio de distancia, ya que ambos nacieron y crecieron en Alcalá de Henares. Vecino, dije, del padre genial de Don Quijote y profundo y devoto glosador de la obra cervantina, pues que hombre de letras antes que político- -político de altura- -ha sido don Manuel Azaña. Hablamos largamente de la horrible conmoción que sufre España; de su resonancia en América; de lo que significa para Europa y para el resto del mundo. Don Manuel Azaña, en cada una de sus frases, en cada uno de sus comentarios, se revela como el hombre superior que ha podido aglutinar el mayor número de votos, y las más disímbolas agrupaciones del viejo solar español. Vea usted- -nos dice- -a qué dolorosos extremos conduce la intransigencia. ¡Y no había razón para que existiera! El Frente Popular ganó las elecciones en febrero de 19 S 6; pero las organizaciones obreras no yoríá? ¿Fueron capaces de comprender que nosotros los republicanos podíamos ser, desde arriba, los encauzadores de la nueva sociedad? La respuesta, la trágica respuesta, está en la rebelión. Quiere decir que, numéricamente, de acuerdo con lo que acaba de expresar el Presidente Azaña, aquellos grupos sumarían un cuarenta por ciento de las actas parlamentarias, si tratándose de la nación y de sus graves, problemas se pudiese hablar en cifras. Mas su fuerza era mayor: por su diñe- ro, por sus propiedades, por el dominio de la Banca y de la Prensa, por su desarrollo económico, por todo lo que hace más poderoso a un grupo de capitalistas y de clases privilegiadas que a un grupo de trabajadores, cuando apenas se están organizando o se encuentran, por desgracia, divididos. ¿Y a qué se debe la espantosa convulsión? ¿Contra qué, contra quién se levantaron las fuerzas reaccionarias? ¿Qué razón había para que se echaran brutalmente sobre la República, j sobre la democracia, sobre el patriotismo de millones de espa ñoles, con el apoyo de las bélicas dlcta ¡duras fascistas, salto atrás en Europa de todo vestigio de civii lización y de cultura? Ellos mismos no sabrían explicar a ciencia cierta contra qué se han sublevado- -comenta, ej Presidente, Azaña- Cuestión de soberbia, incomprensión, desconocimiento de la realidad. No quisieron someterse al voto ele la mayoría ni a perder la costumbre de mandar. IVo se resignaron por las buenas a su derrota, a pesar de que las elecciones de febrero fueron preparadas, dirigidas y financiadas a m a n o s llenas por la propia reacción, que entonces estaba cu el Poder. Creyeron, sin duda, cuándo tomaron las armas para combatir al pueblo que se trataba de un alegre paseo militar, y que en breve x 1 a z o darían buena cuenta de nosotras. Eso es. Los enemigos de la República esperaban un triunfo cuartelario rápido y seguro. No ae imaginaron que España hubiese podido evolucionar de 1823 al 18 de julio de 193,6. Nadie, en otras palabras, les hubieran convencido de que al cabo de más de cien años el pueblo español, a los acordes del Himno de Riego apoyaría al Gobierno contra la nueva Santa Alianza, contra lo- s nuevos invasores, contra los cien mil hijos contemporáneos de San Luis. ¡Consistió el pequeño error de los privilegiados en confundir la monarquía de Fernando VII con la República del Frente Popular! ¡Y al siglo XIX con el siglo XX! Vicente SAEN 2 Don Manuel Azaña. tomaron el Poder, dejándonos a los republicanos la responsabilidad de formarlo. Tenía que ser así, porque también resultaron electos unos doscientos diputados de distintos matices políticos, a quienes se podría agrupar bajo la denominación general de conservadores. Esos diputados representaban un gran sector del sentimiento español; y para evitar serios y seguros conflictos no era posible ignorarlo en una democracia como la nuestra. Los partidos de izquierda procedieron con sensatez. ¿Hicieron lo mismo las derechas? ¿Se dieron cuenta de la situación, de las necesidades, de los justos anhelos de la ma-