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Madrid, 8 de septiembre de 1937 m SUSCRIPCIÓN AÑO XXXIII, NUMERO 10.711. REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN; SERRANO, 61. TELEFONO 51710. APARTADO DE CORREOS NUM. 43 ABC Madrid: un mes, 3,50 pesetas. Provincias: tres meses, 12. América y Portugal: tres meses, 12,50. Extranjero: tres meses, 30 ptas. ÓRGANO DE UNION REPUBLICANA Número suelto, 75 céntimos Política popular y política militar Hay una etapa entera de la vida española- -aquella que coincide precisamente con las guerras carlistas y con sus interregnos más o menos pacíficos- -durante la cual todos los movimientos políticos que agitaron, dividieron y subdividieron a los españoles halláronse vinculadas al fajín de un general o a varios fajines a la vez. Los partidos se adentraron por el camino de las luchas dinásticas entre rama y rama borbónica, y hasta los hubo que pusieron o quisieron poner colectivamente- -esa justicia hay que hacerles- -algo más que el pleito de familia dentro de aquella lucha, en la que no faltaron modos bárbaros que Jioy resucitan, pero sin que se llegase jamás al crimen de entregar la Patria en manos extranjeras. Y de aquellas luchas unos partidos salieron hechos y otros se hicieron como consecuencia suya. España vivió años de agitación, de turbulencia y algarada, que llenaron todo el tercio medio del siglo XIX. ¿María Cristina? ¿Isabel II? (Don Carlos? Una misma cosa en el fondo. Los españoles riñeron por lo que iban poniendo ellos mismos en tales representaciones; no por lo que significasen realmente unas y otras personas. Pero se había- hecho la guerra con unos caudillos militares. Como justo y lógico era que fuesen ellos quienes le dieran su técnica y su experiencia. Con mucho brillo y con mucho esplendor e influencia. Y cuando ya no hubo guerra, los caudillos quedaron. Y hasta surgieron otros a su imagen y semejanza. ¡Militares y caudillos de la nación? ¡Cuidado! Eso debieron haber sido. Pero eran y fueron militares y caudillos de los partidos. Progresistas, liberales, moderados. Cada grupo tuvo su espadón y hasta lo hubo con 1 sus espadones. Los partidos políticos, sin pensarlo, sin sentirlo, sin quererlo de seguro, empezaron admirando a sus caudillos militares- -y en esto, en la admiración, sí que no ¡había pecado- pero los fueron haciendo demasiado suyos al mismo tiempo que, por lógica resultancia, los restaban a la unidad genérica de la nación, para acabar siendo los partidos de los caudillos. Progresistas, liberales, moderados: Espartero, Ó Donnell, Narváe z, Serrano, Concha, Priin. Cada partido político llegó a coti ¿ar su caudillo. Y el Poder venía al partido por el gesto tremendo del espadón de turno. Los partidos se diluyeron- -sombras y evocaciones de la guerra pasada; expectación de las. luchas posibles- -en la autoridad de sus generales que miayoritariamente- -excepciones siempre a salvo- -ya no volvieron a serlo de la nación. ¡Y a costa de cuánto dolor y de cuánta sangre pagamos hoy aquella herencia! ¿Culpas de la guerra? ¿De un ambiente político encenagado? ¿Culpas de los caudillos? En parte, es posible. En su parte mayor, culpas de los partidos políticos, que hicieron de los generales sus generales hasta llegar a convertirlos, por inercia si se quiere, más flué por decidido propósito, en ejecutorias de Poder. Un Ejército no puede ser nunca otra cosa- -ni ayer, ni hoy, ni mañana- sino una unidad al servicio de la nación. Y con él, los caudillos. Caudillos de la nación y para la nación- ¡ejemplo magnífico de Foah, caudillo máximo de nuestro tiempo- Los hombres, en cuanto militares- -y más fuerza tiene esta tesis ante un Ejército popular al servicio claro y concreto de la voluntad mayoritaria del pueblo- -son eminentemente agentes nacionales. Sus victorias son del pueblo, de todo el pueblo. No dan mérito político a grupo alguno. Como no podrían quitárselo tampoco sus derrotas. Las glorias del Ejército son glorias nacionales, tanto más nacionales cuanto más enraicen en el alma popular. Y es, por otra parte, el ¡pueblo mismo quien hace su política y discierne méritos políticos; pero con sus organizaciones y por sus organizaciones adecuadas para tal menester. PRUEBA APLASTANTE mujer en la retaguardia. Esta muchachito aprende a conducir automóviles en la Escuela de Mujeres Libres. (Foto Román.